Suscriptor digital

Entre encaje y crochet

Helena Tritek estrena "Las corpiñeras", en el teatro Regina.
(0)
28 de abril de 2000  

Hay un punto en toda trayectoria artística en que los caminos se cruzan en un simple encuentro. A Helena Tritek y a Virginia Lago no las une un proyecto, sino La Nación para hablar de una temática común, las relaciones entre hermanas, que ambas abordan en "Las corpiñeras", de Miriam Russo, y en "Crímenes del corazón", de Beth Henley, proyectos que dirigen respectivamente.

Son dos mujeres de teatro, con mucha fibra y energía en el momento de generar proyectos. Helena, más fogueada en la rutina de la dirección (aunque no elude una que otra interpretación), asume un nuevo desafío, "Las corpiñeras", de Miriam Russo (que se estrenará hoy, en el Regina), cuando aún no termina de cosechar triunfos por la puesta en escena de "Venecia", de Jorge Accame.

En cambio, Virginia Lago encaró algo distinto en su carrera que la llevó a asumir la dirección de "Crímenes del corazón", pieza que marca su debut como directora.

En las dos piezas, de contenido intimista y con fuerte protagonismo femenino, se plantean relaciones entre hermanas, elección genérica no premeditada, según se preocupan en aclarar las directoras.

Para Virginia, ésta es su primera experiencia en la dirección; para Helena, que sigue apostando por su instinto, es una instancia que la acerca nuevamente a una autora novel, identificándose cada vez con las atmósferas locales. Quizá se pueda afirmar que sus logros son producto de la tenacidad, esa misma que la hizo buscar durante meses a la autora de "Las corpiñeras" para pedirle los derechos de la obra.

"Ernesto Medela, productor de Carlos Rottenberg, me dijo que había una obra, de la cual no sabía ni el nombre ni la autora, que a mí me iba a gustar. Me contó el argumento e inmediatamente me atrajo. Traté de ponerme en contacto, pero no fue fácil. Desconocía el nombre de la autora y de la pieza, sólo sabía que había ganado premios. Con ese dato y con la ayuda de una amiga, la encontré después de ocho meses de búsqueda. Es Miriam Russo, joven autora que salió del taller de Mauricio Kartún."

"Las corpiñeras" plantea la relación entre dos hermanas (Claudia Lapacó y Lucrecia Capello), mayores y solteronas, en su afán por sobrevivir. Nuevamente, Helena se empeña en desentrañar el alma de mujeres para exponer sus necesidades afectivas y sus limitaciones a la hora de concretar sus sueños.

"En realidad -agrega la directora-, lo que más me atrapó fue esa atmósfera que se crea con esas dos mujeres limitadas a su mundo familiar."

Opinión que comparte Virginia al referirse a "Crímenes del corazón", pieza que plantea el reencuentro de tres hermanas en el hogar paterno.

"No hay intención de buscar lo femenino. Me apasionó la pieza, pero debo reconocer que el poder contar historias de mujeres está más cercano a nosotras. Me gustó enormemente porque es un mundo femenino que me encantó contar."

"A mí en cambio más que el argumento, me interesó la atmósfera -insiste Helena-. Desde chica, siempre me resultó importante ese mundo femenino de las tareas manuales, como se las llamaba: tejer, ovillar, coser, bordar. Ese mundo me atraía y ahora lo veo nuevamente con el tema de los corpiños tejidos.

"Remite a una época lejana -agrega Virginia-, donde la lencería era una labor manual y ciertas prendas delataban la inminente madurez de las jovencitas."

"Es cierto -continúa Helena-. Todo eso me atraía mucho y también los personajes: dos hermanas mayores, trabajadoras, laboriosas. Me interesa mucho eso de laboriosas. Se cuidan, son protectoras una de la otra. Ya no existen las corpiñeras, pero sí las que hacen labores. Me interesa que en la historia que yo cuente haya una transformación. Aunque parezcan lejanos, los personajes son cercanos en tanto buscan la felicidad como todos. Las corpiñeras no la encuentran, pero la buscan incansablemente, como yo. El día que dejás de buscar, entonces..."

Camino de dificultades

Más allá de lo artístico, las directoras no pueden evitar hacer referencias a las condiciones en que debieron gestar los proyectos.

"Ensayamos en casa -explica Virginia-, donde tengo un lugar grande, con quincho para hacer asado. Fueron casi 7 meses de ensayo, pero fue un placer absoluto. Es un hermoso trabajo lleno de puntillitas, encajes y crochet; carpetitas, carpetas, cositas pequeñitas que fuimos aportando cada actriz para completar la escenografía. Por ahí son cosas que el público no puede ver, pero nosotras sí."

"Yo traje a la obra un mantón que compré en Amsterdam -agrega Helena-, que lo usé cuando estaba embarazada. También sé que Cristina Villamor, la escenógrafa, le sacó cosas a la mamá. En cambio, los corpiños los hizo una señora especialista."

Entre anécdotas del pasado y del presente, en este encuentro mano a mano, el tema deriva hacia la forma en que se trabaja un proyecto.

"Yo creo en el alma de los actores y empiezo a trabajar mucho con eso -señala Helena-. Como dice Peter Brook, "que lo invisible se vuelva visible". Todo parte de lo mismo, del actor y crear con él. Si tengo una idea la traigo al elenco, si no va no la impongo". "Hace mucho tiempo que yo tenía ganas de dirigir -dice Virginia-. Descubrí, especialmente en las últimas obras que hice, que trabajar con los actores realmente me gustaba mucho, así como mirar la totalidad de la obra. Ver cómo se iba desarrollando la tarea hasta llegar al final, bueno o malo. Me encanta esa posibilidad de ir encaminando el trabajo con los actores."

Quizás el entusiasmo empieza a pincharse cuando llega el momento de interesar a algún productor que pueda financiar el proyecto.

"Nosotras tuvimos mucha suerte -afirma Helena-. Para un proyecto como éste, tener un productor como Lino Patalano, fue como ganarse la lotería. Le entusiasmó la idea. Se la mostré la leyó y me dijo que la iba a producir."

"En nuestro caso -dice Virginia más apenada-, con el trabajo terminado no conseguimos productor en ningún lado. Pusimos un poquito cada uno del elenco."

"No me extraña -agrega Helena- a mí me ocurre siempre lo mismo."

"Pero tuviste tu compensación con "Venecia", le recuerda Virginia.

"Esa es una sorpresa única en la vida", aclara Helena.

La hora interrumpe la charla. Para estas mujeres no todo termina con el estreno de una obra.

Virginia, cuando no está en gira con su unipersonal "Vivir en vos", de María Elena Walsh, trata de estar en todas las funciones de "Crímenes del corazón", que se representa en Andamio 90.

Helena, más allá del estreno de la obra y de sus clases, está comprometida con la dirección de "El pobre hombre", de José González Castillo, que se estrenará en julio en el Teatro San Martín, otro proyecto que la mantiene de un lado para otro.

Mientras tanto, sólo queda esperar la respuesta del público.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?