10 cosas que no sabía de vivir en Malvinas

A 30 años del conflicto del Atlántico Sur, y mientras arrecian las demandas por la soberanía argentina, un viaje en primera persona por los aspectos menos conocidos de las islas
Guillermo Rubens
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10 de junio de 2012  

STANLEY.— Las ruedas del avión tocaron la pista de un aeropuerto militar, y al bajar, hombres armados me invitaron muy amablemente a guardar mi cámara. Había alambre de púa y soldados dándome la bienvenida: Malvinas. Demasiados taxistas argentinos me habían dicho que la solución al problema eran tres mil balas (una por cada habitante), y demasiados taxistas ingleses me habían dicho que "el conflicto se soluciona cuando la economía argentina colapse y no tengan ni un centavo para invadir a nadie". Siempre pensé que ambos grupos de taxistas odiarían saber que piensan exactamente lo mismo, sólo que cambiando de lugar un par de nombres.

Estar en Malvinas desafía los lugares comunes y los extremismos: durante siete días hablé con gran parte de la gente que maneja las islas, recorrí la (única) ciudad y el interior, y vi cosas que ni sospechaba. A continuación, algunas cosas que aprendí.

1. Las islas tienen su propia constitución, gobierno y elecciones

"Mi nieta es novena generación de malvinense", me cuenta la consejera Jan Cheek, una de los ocho. The eight, como se los conoce aquí, son los ocho miembros de la asamblea legislativa, órgano político supremo de las islas. Como muchos isleños, cuando se presenta automáticamente me dice qué generación de nativo es, como respondiendo a una pregunta que nunca hice, que podría ser: "¿No le gustaría confesar que usted es verdaderamente inglés/a?"

No existen los partidos políticos y las elecciones son a título personal. "Nunca votaríamos por alguien que no tuviera una postura firme con respecto a la Argentina", me dijeron varios isleñosdurante la semana, y creo adivinar a qué tipo de postura se refieren. "Sin partidos políticos, ¿cómo hacen para que lo que debería ser una compulsa de ideas no se transforme en un concurso de popularidad?", les pregunté a varios. Un granjero, con gran sentido del humor, contestó: "No sé a qué te referís, pero nunca votaría por un candidato cuyo abuelo haya tenido una pelea con mi abuelo".

Con su propia Constitución, gobierno, elecciones, moneda, código de teléfono, dominio de Internet (.fk), y gran parte de la estructura económica y política que sólo tienen los Estados, es difícil argumentar que los gobiernan desde Londres. Por supuesto, lo que pasó hace 179 años y medio es todavía motivo de ásperos debates.

Sustentables. En una región donde el viento sopla en forma intensa y permanente, la energía eólica pasa a ser un recurso privilegiado
Sustentables. En una región donde el viento sopla en forma intensa y permanente, la energía eólica pasa a ser un recurso privilegiado Crédito: Rodrigo Néspolo

2. Cualquier argentino puede visitar las islas (si soporta los prejuicios isleños)

Al planear mi viaje estaba seguro de que tendría problemas de visado. "Hubo restricciones hasta 1999, pero luego del compromiso firmado por ambas partes se liberó ese tema, y recibimos muchos turistas argentinos, tanto en relación al conflicto (veteranos y familiares) como deportistas o simplemente viajeros", me cuenta Tony Smith, mítico guía turístico de Malvinas, y con la reputación de conocer la historia detrás de cada piedra. "Yo llevo a muchos a los campos de batalla, pero también los hay que vienen a hacer avistamiento de ballenas o pájaros." Ahora bien, ¿no tener restricciones legales significa que los argentinos somos bien recibidos? Más o menos. Varios isleños me dijeron que ser amables o hacer negocios con argentinos no siempre está bien visto, y que incluso varios les han dejado de hablar por hacerlo. "Fanáticos hay en todos lados", me confirman varios locales cuando les consulto por el tema. En mi caso, al menos, todos me tratan extremadamente bien.

3. Inglaterra no paga para que los isleños vivan ahi

El nombre de la figura legal es territorio de ultramar, algo así como un estado asociado. ¿Cuán fuerte es esa asociación? "Es una buena pregunta", me dicen cada vez que la hago, lo que me hace pensar que no tiene una respuesta fácil ni obvia. Sé que hay un gobernador inglés y le pregunto a los isleños exactamente cuánto poder tiene. Todos coinciden en que su rol es principalmente consultivo, aunque también coinciden en que se sienten afortunados de que la voz del gobernador sea escuchada, "porque es un hombre muy sensato". Además hay una figura de derecho de veto que no alcanzo a comprender en su totalidad…, lo mejor será ir a su oficina en Government House (el nombre puede llegar a dar lugar a dobles interpretaciones) y preguntarle directamente a él.

Nigel Haywood, el gobernador actual, está unos días en Inglaterra, así que me recibe Ric Nye, gobernador a cargo, y tan amable como culto. "Sólo tenemos un rol consultivo y de cooperación, pero todas las decisiones se toman localmente", asegura.

Fe austral. Frente a la catedral anglicana, huesos de ballena azul
Fe austral. Frente a la catedral anglicana, huesos de ballena azul Crédito: Rodrigo Néspolo

–Entonces, ¿qué significa el famoso derecho de veto?

–Es la opción nuclear, y si bien existe en teoría, nunca la utilizamos porque respetamos la autonomía del gobierno de las islas.

–¿Inglaterra respetaría una eventual declaración de independencia de las Malvinas?

–Por supuesto, ha sido la política del Reino Unido por más de 60 años el respetar que cualquier territorio, ex colonia, o dependencia que quiera independizarse lo haga.

Valga la aclaración de los 60 años, pensaría algún malpensado, pero como no lo soy, no lo pienso.

También es verdad que, si bien la jefa de estado formal de las islas es la reina, también lo es del mismo modo de Canadá, Australia y tantos otros países (que, entre paréntesis, también tienen un gobernador). Realmente es un sistema complicado, pero volviendo al título, y como tantos isleños se encargaron de mencionar, las islas son absolutamente autosuficientes… Por supuesto, si la palabra absolutamente excluye las áreas de defensa (hay unos 500 soldados británicos en la base de Mount Pleasant) y relaciones exteriores, de las que se encarga Londres. Nuevamente los matices: no totalmente independientes ni tampoco ingleses, ni gobernados desde afuera, y no totalmente autosuficientes, pero casi.

4. Sus habitantes son de 40 nacionalidades diferentes

En el último censo de la isla se ven representadas más de 40 nacionalidades, y no es difícil encontrarlas: más allá de los ubicuos chilenos (más de 300, es decir el 10% del total) y los muy comunes santahelenos, me encuentro con gente de Kenya, Croacia, Irlanda, la Argentina (el cuidador del cementerio argentino), Pakistán y otros lugares. Todos coinciden en que las islas tienen un encanto misterioso al que cuesta resistirse. Ser nacido en las islas supone varios privilegios, y no es fácil adquirir la ciudadanía: al menos siete años de residencia, entre otros requisitos, y esto vale tanto para el recóndito nigeriano como para el confiado británico. "Hay una historia que se repite, y es así: viene un extranjero, se enamora de las islas, luego se enamora de una chica local, se casa y ya es un isleño más", escucho en uno de los seis pubs de la ciudad.

Algo parecido pasa con las religiones: hay anglicanos y católicos, pero también testigos de Jehová, budistas, musulmanes, hinduistas, y hasta hay una comunidad Baha’i, pero no me pregunten qué es. La catedral anglicana, la más austral del mundo, tiene un arco hecho con los huesos de dos inmensas ballenas azules que es digno de mención.

5. La economía es de mercado, pero hay una fuerte intervención estatal

El PBI per cápita es uno de los más altos del mundo, principalmente por la pesca y la explotación ovina (el petróleo comenzará a fluir, con suerte, en 2016). Ambas actividades son privadas, pero se puede ver la intervención del estado (contribuyendo más que dirigiendo) en casi todos lados. Algo que me impactó personalmente fue ver, en una de las granjas que visité, a un trabajador con rostro sombrío y expresión ausente. Al indagar, me enteré que es uno de los alcohólicos locales, y que el Estado le paga al granjero para que le asigne tareas, le dé un sueldo y sobre todo controle su ingesta. "Al ser una comunidad tan pequeña, cuando uno de nosotros tiene problemas, el resto se ocupa de ayudarlo, de encontrarle empleo o de que salga adelante" me comenta Graham Didlick, ex policía y sempiterno observador de personalidades.

A clase. La formación inicial se hace en las islas; para seguir estudiando, viajan al exterior
A clase. La formación inicial se hace en las islas; para seguir estudiando, viajan al exterior Crédito: Rodrigo Néspolo

6. Casi el 50% de la energIa es eólica

"Este es mi molino de viento y genera mucha más de la energía que necesito en mi granja", me muestra Andrez (con zeta) Short, un isleño que es lo más cercano que vi en la isla al profesor Locovich de los Autos Locos. "Si uno se quiere comprar uno de estos, que cuesta unos 16.000 dólares, el Estado paga la mitad. Pero los beneficios son enormes: no sólo nunca más tengo que pagar por electricidad, sino que no contamino y no me tengo que ocupar más del tema."

El viento es una de las cosas que más llama la atención cuando uno está en las islas. A veces es tan fuerte que parece que nos va a tumbar, y es constante durante todo el año. Sea en las afueras de la ciudad, en las granjas del interior o en asentamientos costeros, es casi imposible visitar un punto de la isla que no tenga su molino de viento.

Y no sólo conservan con la energía: reciclan y aplican estrictos controles ambientales a sus dos industrias del presente –cría de ovejas y pesca– y a su industria futura: el petróleo. Cumplen con estándares propios y europeos, pero además contratan auditorías externas para que controlen el cumplimiento. "No lo hacemos de hippies", me confiesa Darren Christie, un zoólogo apasionado por las islas. "Si no cuidamos los recursos y nuestro ambiente, nuestra economía y modo de vida colapsarán en un muy corto plazo." Lo cierto es que no se ve basura por la calle, ni desperdicios tóxicos afuera de la planta procesadora de lana, ni colores extraños en el agua de los ríos.

7. El Estado cubre los gastos de salud

"La mayoría de los países industrializados gasta alrededor del 11% de su PBI en proporcionar cobertura universal a la población; nosotros estamos en el 9% –dice con orgullo Michael Poole, el jefe administrativo del único hospital local–. Los cuatro médicos permanentes y dos dentistas del hospital se encargan de la medicina preventiva y no compleja. Para todo el resto, los pacientes son enviados (sin cargo para ellos) a Chile, Inglaterra o donde corresponda." También tienen un programa de especialistas de visita que trae a las islas, por poco tiempo, a representantes de las áreas más necesarias. Ahora mismo están esperando a un ginecólogo que se quedará dos semanas. Me comenta Michael que sus dos desafíos más grandes son atraer profesionales que quieran quedarse por un tiempo largo en las islas, y que –a contramano de la tendencia global– no sean expertos en un campo muy reducido, sino que sean todo lo generalistas que se pueda.

Sentimiento argentino. En el cementerio de Darwin descansan los caídos en combate
Sentimiento argentino. En el cementerio de Darwin descansan los caídos en combate Crédito: Rodrigo Néspolo

8. La educación es gratuita

"Nuestra escuela es chica, pero muy diversa." Estoy en el despacho de David Tongue, el director. "Nuestra infraestructura es pequeña y no alcanza para el nivel preuniversitario, por lo que los chicos viajan al cumplir los 16, y luego el Estado corre con los gastos de cualquier universidad en la que quieran estudiar. El plan es que conozcan el mundo, aprendan, y luego, si quieren, que vuelvan." Por alguna razón, la tierra tira. Más del 90% de los graduados universitarios regresa.

9. Hay diferentes niveles de negociación y cooperación

"En esa silla donde ahora estás sentado vos, hasta 2005 se sentaban científicos argentinos que venían a hacer investigación, pero también a colaborar con temas de pesca y de ambiente", me dice John Barnes, encargado de pesca. "El tema del cuidado de los cardúmenes no es político sino económico, y cuando colaborábamos con la Argentina ambas partes podíamos cuidar mejor nuestros recursos. ¿Es necesario estar de acuerdo con la soberanía para cooperar en temas de ciencia?", continúa John.

"Lo cierto es que ahora, con el tema del petróleo, tenemos que comprar nuestro equipamiento en lugares como Inglaterra o Chile. Eso nos cuesta mucho más caro a nosotros, y por supuesto en la Argentina, que debería ser nuestro mercado natural, se pierden la venta o los puestos de trabajo. ¿Y todo para qué?", se pregunta Roger Spink, presidente de la Cámara de Comercio de las islas.

10. Para ellos, el conflicto de 1982 fue malo y bueno

Ningún isleño tiene buenos recuerdos de la ocupación argentina. Más allá de los muertos, de tener que escuchar radio en otro idioma, de no poder comprar en los negocios (ni siquiera comida), de estar obligados a manejar por la derecha, aseguran que muchos locales (incluyendo mujeres y niños) fueron demorados en galpones durante semanas.

"¿Cómo los trataron los argentinos durante la ocupación?", les pregunté a varios. "No se puede decir que nos hayan tratado mal, pero lo que es seguro es que los oficiales no nos trataron tan mal como a sus propios subordinados", suelen responder. En efecto, no será novedad para los lectores las numerosas denuncias de maltratos o de ex combatientes argentinos que recibieron su primera comida caliente semanas después de la rendición. ¿Puede, entonces, salir algo bueno de todo esto? "Luego de la guerra, Gran Bretaña y el mundo nos empezaron a ver de otra manera", coinciden los isleños. "Si no hubiera sido por toda la atención mediática (y militar, claro está), el progreso habría tardado mucho más en llegar. Las pruebas están a la vista: la Constitución de 1985 y la ley de pesca de 1986, que hizo que la economía se multiplicara por diez en sólo pocos meses, lo que a su vez también despertó el interés de hombres de negocios, científicos y viajeros. Escucho: "Por más que nos duela admitirlo, debemos gran parte de nuestro boom económico a las postrimerías del conflicto armado y el interés mundial por Malvinas que esto generó".

El yin y el yang. De un conflicto que les costó tres vidas (muertas por balas inglesas que equivocaron el blanco), los isleños ganaron más que la expulsión del ejército argentino y nuestro país perdió mucho más que una guerra.

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