Messi, el Mesías

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
Su nombre es un salvoconducto para cualquier argentino en dificultades, como lo fue Maradona en el pasado
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12 de junio de 2012  • 01:33

Estamos viviendo un momento antipático de la Argentina. La inmensa clase media se encuentra con que no puede ahorrar un solo centavo, ya que la inflación devora los saldos en pesos, y el dólar está bloqueado. Los obreros sindicalizados (camioneros, metalúrgicos, automotores, etc) se encuentran en la misma situación.

Igual les sucede a los albañiles bolivianos y paraguayos, que juntan dólares. Laboriosamente para girar a sus familias en el pueblo de origen. ¿De qué otra manera podrían ayudar a su gente, trabajando aquí?

De ahí los cacerolazos, el malhumor social y las caras de bragueta que se ven en la calle

Todos, en realidad, sufrimos el mismo problema, ya que todos necesitamos comprar una casa o departamento: para nosotros mismos, para el hijo, para la nena o para la amante. Todos. Y todos se encuentran con que el último modo de ahorrar que les quedaba (comprar dólares) ha sido suprimido de un plumazo. De ahí los cacerolazos, el malhumor social y las caras de bragueta que se ven en la calle. El paso del Dr. Reposo por el Congreso ha sido lastimoso, y más aún las cuatro cartas escritas con prosa muy pobre, por alguien que tal vez sea el propio Reposo, y leídas con inexplicables vacilaciones por el Sr. Scoccimarro para la población, con una desprolijidad tercermundista. El campo está desarrollando un paro. La CGT amenaza con una huelga por 48-72 horas. La CTA realizó, el pasado viernes, más de cien cortes en todo el país. Algunos camarógrafos de 6,7,8 aseguran haber sido agredidos. Hay acusaciones, agresiones, accidentes ferroviarios, reproches, ascensos militares "post-mortem" que tienen el perfume de la provocación. En fin, una temporada de sabor amargo. Por supuesto, todo pasa. Esto también pasará.

La soberbia actuación de Messi contra Brasil tuvo el perfume de un bálsamo. Como si un ángel hubiera bajado del cielo para regalarnos el alivio

En estas circunstancias, la soberbia actuación de Lionel Messi el sábado contra Brasil, marcando tres goles, en Nueva York y frente a 86.000 personas, tuvo el perfume de un bálsamo. Como si un ángel hubiera bajado del cielo para regalarnos el alivio.

Lionel Messi, a los 24 años, está reconocido como el mejor jugador del mundo. En todas partes lo aplauden. Ya obtuvo tres veces el Balón de Oro europeo. Su nombre es un salvoconducto para cualquier argentino en dificultades, como lo fue Maradona en el pasado. Messi brilla a una altura en la que sólo comparte el podio con un puñado de elegidos: Fangio, Monzón, Vilas y Maradona.

Pero además, su singular habilidad con la pelota en los pies, su lucidez para definir los finales de jugada, su especialidad de cortar cancha de derecha a izquierda, con la bola pegada al pie y acelerando en momentos imprevistos, tiene el sello genético del futbolista argentino.

Su nombre es un salvoconducto para cualquier argentino en dificultades, como lo fue Maradona en el pasado

Hace ya más de 40 años que Brasil muestra, invariablemente, un "poquito" más que nosotros, sea por la capacidad individual de algún jugador, sea por la comunión de todos en un sentimiento artístico del fútbol. Esta vez, por fin, dentro de un encuentro parejo, Argentina tuvo un poquito más. Fue Lionel Messi.

Le han dicho que no canta el himno. Nunca respondió.

Le han dicho que se siente más catalán que argentino. Nunca contestó una palabra. Aunque sabemos que Messi está en la Selección porque él así lo decidió.

Le han dicho "pecho frío".

Le han dicho que no es caudillo, que no tiene carácter para ponerse el equipo al hombro, que no manda en la cancha.

No contestó una palabra. No se le conoce una salida de tono, una actitud grosera o desubicada, una palabrota.

Messi es un regalo para todos nosotros y una palmadita afectuosa a nuestro orgullo medio destartalado

Messi es siempre una sonrisa amable. La sencillez de un pibe que goza del deporte. Permanentemente acompañado por su papá, su mamá, sus hermanos, su noviecita del barrio, la señorita Rocuzzo, que además es monísima y está embarazada.

Messi nunca sintió la necesidad de agraviar o replicar. Educado, amable, silencioso, es el más grande del mundo y sin embargo no le adivinamos ni una gota de vanidad.

¡Qué diferente a otros ídolos deportivos!

En esta temporada nos obsequió el hat-trick (la tripleta) contra Suiza, la actuación brillante el sábado 2 contra Ecuador y, el sábado pasado, un día de gloria contra el pentacampeón (Brasil) admirado por millones de espectadores en todo el mundo. Otro hat-trick. Esta tardecita de Messi es un regalo para todos nosotros, un golpe de promoción importante para los negocios argentinos en cualquier parte del mundo, y una palmadita afectuosa a nuestro orgullo medio destartalado. ¡Gracias Lío!

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