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Lecturas profanas

Religión, violencia y erotismo se combinan con irreverencia en las obras que León Ferrari exhibe en Malba; realizadas a lo largo de tres décadas, integran su primera exposición individual en el museo Viaje, 1987, collage sobre papel Vista de la muestra en Malba
Julio Sánchez
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15 de junio de 2012  

La era vikinga se inicia el 8 de junio de 793, cuando estos guerreros asaltaron a sangre y fuego el monasterio de Lindisfarne, al norte de Inglaterra. Nunca antes la cristiandad había sufrido un ataque a sus recintos sagrados y a partir de entonces una nueva plegaria se comenzó a recitar: "De la furia de los hombres del norte, líbranos Señor". Los ataques a la Iglesia cristiana -independientemente de sus razones- se fueron repitiendo a lo largo de la historia con más o menos virulencia; se objetaba haber perdido el norte señalado por el mensaje de Jesús, su alianza con el poder temporal, su enriquecimiento y su corrupción.

Las críticas provienen de todos los frentes, desde los no creyentes, los fieles, facciones internas de la Iglesia, e incluso desde el arte; aquí se inscriben las series Brailles y Relecturas de la Biblia que presenta León Ferrari en Malba, con curaduría de Florencia Battiti, y un catálogo con un texto de Daniel Link.

Viaje, 1987, collage sobre papel
Viaje, 1987, collage sobre papel

Nacido en 1920, Ferrari ha recibido innumerables distinciones nacionales e internacionales, entre ellas el León de Oro de la Bienal de Venecia de 2007, y no en vano. Es paradójico que el artista más profano, el que se ha lucido por sus ataques a la Iglesia católica, haya devenido en una intocable vaca sagrada del arte.

Su trayectoria se inicia cuando ayudaba a su padre Augusto a decorar iglesias cordobesas y porteñas, y sus puntos de inflexión fueron dos obras emblemáticas del conceptualismo: La civilización occidental y cristiana (un Cristo de santería adosado a un avión de guerra), de 1965; y Juicio Final (palomas vivas defecando sobre una reproducción del Juicio Final de Miguel Ángel), de 1985.

En las dos series de Malba, Ferrari arremete contra la Iglesia no como un vikingo sino como un erudito teólogo e historiador del arte, y lo hace con la imagen y la escritura, aunque ésta sea en braille. Los puntos en relieve de la escritura para ciegos son inaccesibles para un vidente que no conoce el código y también para un no vidente que no puede tocar la obra resguardada por el vidrio (a excepción de cuatro designadas a tal fin). Esta contradicción es la misma que subyace en las Sagradas Escrituras: cómo explicar un Dios de amor y perdón frente a las torturas de la Inquisición o los tormentos del infierno anunciados por la Iglesia.

Sin título, 1986, collage sobre papel
Sin título, 1986, collage sobre papel Crédito: GENTILEZA MALBA

La gramática visual de Ferrari se basa en una técnica utilizada por dadaístas, cubistas, futuristas y surrealistas a principios del siglo XX, el collage ; en estos trabajos conviven imágenes del arte de Occidente y Oriente, erotismo e historia sagrada, los manuscritos del Beato de Liébana, la Cicciolina y la explosión atómica de Nagasaki. Todos son alegatos contra la violencia.

Los rechazos a la obra de Ferrari y las bataholas difundidas por la prensa en muestras anteriores no son episodios aislados del contexto internacional. En los años 80 y 90 estallaron los escándalos entre arte y religión; basta recordar el Piss Christ , de 1987, de Andrés Serrano; o La Santa Virgen María , de 1996, hecha con bosta de elefante por Chris Ofili. Para entonces, la religión dogmática iba por un lado y la espiritualidad por otro.

Pronto se difundió la creencia de que si los artistas se apropiaban de símbolos religiosos era para demostrar su animadversión, aunque no siempre era así; de hecho, Ofili es católico practicante. Extrañamente, la derecha religiosa interpretó las obras como una mofa, pero también críticos y curadores, aun cuando los artistas lo negaran.

Estas presunciones llevaron a los artistas creyentes a camuflar sus temas o, por el contrario, a expresar directa y abiertamente su devoción. También están quienes desafían a la religión organizada, como es el caso de Ferrari, y aun frente a la indiferencia o resistencia del mainstream del arte hay artistas -como Anish Kapoor, Wolfgang Laib, Kiki Smith y Mariko Mori, entre otros- que siguen inspirándose en fuentes religiosas y creencias espirituales.

Ficha. León Ferrari-Brailles y relecturas de la Biblia en Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415), hasta el 2 de julio

adn Ferrari

Buenos Aires, 1920

Es uno de los artistas argentinos con mayor proyección internacional. En 2007 ganó el León de Oro en la 52ª Bienal de Venecia, donde se exhibió su obra más emblemática, La civilización occidental y cristiana, de 1965. Autodidacta, hijo del pintor, fotógrafo y arquitecto Augusto Ferrari, inició su producción artística como escultor, en Roma. De regreso en Buenos Aires, donde vive y trabaja, exploró además con collages, dibujos, heliografías,

videotexto, instrumentos musicales, arte postal, grabados y ensamblaje. Todos los recursos le sirvieron para criticar el poder político y religioso. En 2005, una retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta desató una polémica con sectores ultracatólicos.

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