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Sierra y selva

Daniel Gigena
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22 de junio de 2012  

En las sierras cordobesas, Bruno Grisanti (Buenos Aires, 1978) explora la influencia de la luz, del color cambiante de los días y del espesor del entorno en su pintura. Entre los paisajes urbanos de mediados de la década pasada, aguafuertes porteñas de la zona sur de Capital, y las vistas de la sierra y el monte en lienzos llenos de detalles y capas de pintura y sentido, piruetas plásticas, recursos característicos (como los marcos resaltados en anaranjado o verde), hubo un cambio de residencia, un trabajo secreto y una resignificación de la tradición pictórica serrana. Como Fernando Fader en Ischilín, Grisanti en Traslasierra registra la apropiación del medio ambiente por parte de las cuatro estaciones: en sus acuarelas aparecen los grados pálidos de luminosidad del invierno, grisáceos y amarillentos, y la intensidad violeta y rosa del verano. En los óleos, de ejecución magistral, se reproducen -Grisanti es un pintor al natural, cuyo taller es la intemperie- escenas con piedras, follaje y troncos en primerísimo plano, una serie con arroyos y riachos que relumbran como víboras al sol, el cielo a la manera de un segundo plano y senderos que invitan a recorrer con la mirada aquello que se da a ver, asimilado y elaborado por la práctica artística. Yarará arcoíris es una muestra impar y modesta, cuya singularidad reside en la maceración de un código visual (el paisaje) en el que la empatía con la naturaleza cobra relieve.

Acuarelas, un óleo e instalaciones cerámicas sobre la masa vegetal se exponen en Arborescencias , muestra de Ignacio de Lucca (Apóstoles, 1960) en Palatina. El artista misionero, que también cultiva un nomadismo sutil entre las ciudades y el monte, presenta obras de grandes dimensiones que deconstruyen junglas densas, espiraladas y espinosas, donde el color opera como elemento de experimentación. Frondas habitadas por animales exóticos o fabulosos, surcadas por lianas y árboles en perspectivas contrapuestas, invaden el soporte blanco de la tela, que funciona como marco de escenas, campo de prueba de empastes y matices, y la base de una morfología botánica lisérgica. En la serie de acuarelas Narraciones pictóricas , De Lucca aísla los elementos de su iconografía: imágenes de especies animales, frutas, vegetales, arbustos, nidos. Estas constelaciones, que en las obras más grandes adquieren una consistencia plástica integrada al conjunto, actúan como unidades de un diccionario visual al que el artista recurre para construir relatos. Desglose analítico con raíces en la historia del arte y de las imágenes, estas narraciones de la pintura sobre la pintura parecen subordinar el efecto de belleza -las obras, efectivamente, son bellas- a un diagrama conceptual que los espectadores deben descifrar.

Ficha. Bruno Grisanti en Rivarola (Pasaje Rivarola 162 5º 13), hasta el 2 de julio con cita previa (espaciorivarola@gmail.com). Ignacio de Lucca en Palatina (Arroyo 821), hasta el 3 de julio

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