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Juanito Belmonte, adiós a un pionero

Fue representante de grandes figuras
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25 de junio de 2012  

El, conocido por todos por su diminutivo, fue un grande y un pionero. Juanito Belmonte falleció anteayer, luego de padecer una larga enfermedad.

En sus meses de agonía, jamás estuvo solo. Sus amigos lo acompañaron hasta el último segundo. Hasta Joan Manuel Serrat fue a visitarlo.

Cuando Belmonte era un adolescente, recibió una carta en su casa, en su Rosario natal, firmada por la mismísima Eva Duarte de Perón. Gracias a ella, consiguió su primer trabajo como mensajero del correo a los 13 años. Cuando lograba ahorrar, compraba la revista Radiolandia. Su segundo trabajo fue el de cadete en el Teatro de la Comedia, donde recibía a cambio un ingreso mínimo, pero él se sentía millonario: una cena caliente todas las noches, la cercanía con las estrellas, y las horas que compartía con su amigo, Alberto Olmedo.

Belmonte conocía mejor que nadie el mundo del espectáculo. Generoso, él, que había querido ser artista, se corrió de las luces del ego, y se convirtió en el primer representante de nuestro país. "Amé eso de estar ahí para favorecer al artista, conseguirle notas para convertirlo en figura, porque ése es el sentido de la profesión", contaba en una entrevista.

Fue jefe de prensa de El Club del Clan, de Sandro, de Palito Ortega, de Enrique Pinti, de Verónica Castro, de Antonio Gasalla, entre otros tantos, y dirigió el teatro Florida Park que Serrat tenía en Madrid.

"Estoy orgulloso de haber sido su amigo. Era un ser de una gran vitalidad, con una personalidad impresionante, con toda la cultura de la calle. Siempre repetía cuando alguien lo quería macanear: «A ellos; a mí, no». Y era verdad. A él nadie podía mentirle", recuerda Ricky Pashkus.

"Hasta el último Día del Padre, Juanito, internado, me hizo la lista de regalos –y me precisaba la marca– que debía comprarles a sus otros amigos. Les conseguía entradas a las enfermeras y me mandó a pedir un autógrafo a Cacho Castaña para una de ellas. Era un ser sumamente generoso", recuerda su entrañable amigo Enrique Pinti.

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