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La violencia sólo dejó ruinas en Cerro Dragón

Gabriel Sued
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28 de junio de 2012  

COMODORO RIVADAVIA.– Con remera verde agua y sonrisa sin reservas, un hombre cercano a los 40 años abraza a cada lado de su cuerpo a una mujer de su misma edad y a una chica de unos 5. Las dos sonríen tanto como él. La imagen familiar, una impresión color sostenida con una chinche sobre un panel azul, es lo único que sigue exactamente en el mismo lugar que siete días atrás. El resto de los objetos están revueltos, destruidos y desparramados por el piso. Lejos de esconder un misterio, los autores de la faena estamparon con aerosol negro su firma en una pared: "Dragones presente".

El complejo de oficinas del distrito 1 de Cerro Dragón , un yacimiento de gas y petróleo operado por la empresa Pan American Energy (PAE) y ubicado a 75 kilómetros de esta ciudad, es uno de los escenarios de la toma violenta que el jueves pasado protagonizaron Los Dragones. Son obreros de la construcción, disidentes de la Uocra, empleados de firmas contratistas de PAE, que reclaman una mejora salarial que los equipare con los petroleros que trabajan en el yacimiento, con ingresos superiores a los $ 20.000. Tras casi cuatro días de toma, que mantuvieron en vilo a la Casa Rosada, los trabajadores cedieron y la compañía pudo retomar el control de las instalaciones. Pero ayer, con las negociaciones estancadas y las rutas de acceso cortadas, en el yacimiento permanecían la merma en la producción y el clima de desolación.

Las instalaciones de PAE quedaron casi irrecuperables después del paso de Los Dragones
Las instalaciones de PAE quedaron casi irrecuperables después del paso de Los Dragones Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Recorrer el lugar es como dar un paseo por un sitio que acaba de ser arrasado por un tornado. Para caminar hay que sortear vidrios rotos, sillas dadas vuelta y escritorios volcados. El piso está regado de papeles, carpetas, cajas de cartón, bolsas de plástico. También se ven varias computadoras convertidas en chatarra y monitores con la pantalla partida. De los techos, recubiertos con paneles metálicos a medio arrancar, cuelgan racimos de cables de varios colores. Si se mira con atención, hasta se encuentran un trofeo de plástico dorado, una guirnalda casi pelada, una zapatilla de lona azul sin su par y un pantalón de jean gastado. Todo está rociado por un polvillo blanco. "Vaciaron todos los matafuegos", esclarece un vocero de la empresa, que invitó a la prensa a recorrer las instalaciones. Por destrozos en los baños, el olor es nauseabundo.

Pintadas amenazantes se repiten en todo el predio
Pintadas amenazantes se repiten en todo el predio Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
Además de las huellas de los desmanes, todavía se pueden ver los mensajes que se encargaron de dejar los protagonistas de la protesta. Debajo del cartel que dice sala de reuniones Los Dragones agregaron: "Charla del día: saqueos"; en un pizarrón ubicado en el interior de ese salón dice: "Huvieran arreglado antes, manga de hijos de puta [sic]". En el comedor, otro grafiti: "Menú del día: plato amargo".

En las instalaciones de la planta de tratamiento de crudo, el foco más violento de la toma que se propagó por una zona en la que galpones blancos y tanques de distinto tamaño rompen la monotonía del terreno árido apenas ondulado, una frase apunta directo a Cristina Kirchner. "Somos parte de los 44 millones, Sra. Presidenta. Igualdad de condiciones de trabajo para todos. No nos discriminen." En el fragor de los destrozos, también hubo tiempo para la obra de un bromista. En una pared, se lee: "Pisaste el palito. Mirá arriba de tu cabeza. Está por caer una piedra". En el techo, el remate: "Ja ja. Puto, cagón".

En la entrada a ese lugar, donde el viento congela en cuestión de segundos cualquier parte del cuerpo que esté a la intemperie, aún permanece la camioneta incendiada y destruida que, durante la toma, fue colocada encima del techo de una oficina, con una retroexcavadora, según imágenes de cámaras de seguridad difundidas por TV. Ahora se la ve, con el techo apuntando al piso, encima de otras dos camionetas incendiadas, apoyadas de costado. La masa de hierros retorcidos que se levanta en dirección al cielo trae a la memoria una escultura de Marta Minujín.

Desde ese sitio llegó la primera señal que, minutos antes de las 9 del jueves 21, sorprendió a los pocos empleados que estaban a esa hora en la usina de generación eléctrica , otra de las dependencias atacadas por Los Dragones. Era una llamada que solicitaba el corte de la energía en la planta de tratamiento de crudo. Según una pizarra que permanece en el lugar, allí había diez personas, entre ellas dos gendarmes y un agente de seguridad privada. La siguiente pista para el desconcierto fue ver el tránsito, nada habitual a esa hora, de máquinas de construcción por los caminos internos del yacimiento. Después llegó la confirmación: una delegación de Los Dragones irrumpió en las oficinas de la usina, tras violentar el candado de la garita de seguridad ubicada en la entrada, y ordenó evacuar el lugar, según testimonios del personal de planta, recolectados por PAE. Antes de que se concretara la evacuación, siempre según relatos transmitidos por la empresa, otro grupo intentaba derribar el edificio con una motoniveladora.

Pocos minutos después, el yacimiento estaba totalmente bajo control de Los Dragones. Pocas horas más tarde, la voz de su protesta se oiría en todo el país.

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