Incertidumbre por los vuelos para las vacaciones de invierno

El ministro Randazzo aseguró que la situación con los controladores está "normalizada"
Franco Varise
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6 de julio de 2012  

Vuelos cancelados, demoras y reprogramaciones de horarios. Los trastornos registrados ayer en el aeroparque Jorge Newbery y en Ezeiza son apenas el preámbulo de unas vacaciones de invierno que se avizoran complicadas para quienes proyectan viajar en avión.

En la última semana las reiteradas medidas de fuerza adoptadas por los controladores aéreos (unas 27 personas que trabajan en la torre de control) provocaron malestar y quejas entre los pasajeros. Algunos aviones tuvieron que ser desviados a otros aeropuertos, como los de Rosario, Córdoba y Mar del Plata, con una pérdida de tiempo muy grande para los usuarios que pagan un pasaje con un destino y horario definidos de antemano.

Tras una reunión de unas dos horas con los controladores, el Ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, aseguró anoche que el reclamo estaba solucionado. "La situación se normalizó. Encontramos una muy buena voluntad", afirmó. Los controladores le entregaron al Randazzo un petitorio con una serie de demandas técnicas que tienen que ver con condiciones laborales.

Más temprano, fuentes del sector aéreo comentaron que el Gobierno solicitó a las compañías aéreas que operan en el aeropuerto que redujeran las frecuencias de los vuelos para minimizar el impacto de las medidas de fuerza de los controladores aéreos. Las autoridades sugirieron disminuir las operaciones de todas las empresas a unos 6 vuelos por hora, cuando lo habitual no baja de los 20 vuelos por hora; o sea: unos 150 aviones por día contra unos 300. En vacaciones de invierno generalmente este número se duplica. "Esto es de una imprevisibilidad absoluta: con este esquema peligra el tráfico aéreo para las vacaciones", dijo una fuente del sector gremial. "Como consecuencia de que el Gobierno no se sienta a negociar con 27 tipos peligran todos los vuelos", agregó el representante de una aerolínea con viajes a países limítrofes.

Al tratarse de personal que depende de la Fuerza Aérea, los controladores no pueden realizar un paro ni estar encuadrados bajo una personería gremial definida. Entonces, por sus reclamos de mejores condiciones de trabajo y denuncias de colapso del Aeroparque, eligieron realizar protestas esporádicas por algunas horas en las cuales dejan de trabajar y, como consecuencia, el tráfico aéreo queda paralizado (ver aparte). De hecho, la empresa uruguaya Pluna anunció dos días atrás que suspendía sus vuelos hasta hoy por los trastornos en las operaciones. Ayer al mediodía LAN había cancelado ocho vuelos y Aerolíneas Argentinas, uno solo.

Mientras tanto, los pasajeros sufren. Lo que para las planillas es una reprogramación de un número de vuelo, para una persona que debe llegar a destino en un determinado horario resulta un drama.

Historias mínimas de ayer: Juan Carlos Pardo ya estaba en el avión rumbo a Bariloche, por Aerolíneas Argentinas, cuando los hicieron bajar y les dijeron que el vuelo iba a ser reprogramado para el sábado. Juan es colombiano y viajaba con toda su familia –su mujer y sus hijas de 8 y 12 años– por vacaciones. Es la segunda vez que viene a Buenos Aires y ahora viajaba hasta el martes a Bariloche, y volvía el domingo de la semana que viene a Colombia. Pero, después de este viaje Juan dijo que la próxima vez, antes de venir a la Argentina, lo va a pensar dos veces: "Voy a mirar otros horizontes para mi próximo viaje", dijo. Andrés López, de 35 años, viajaba desde Nueva York hasta Bariloche. En su recorrido hizo cuatro varias escalas. "La alternativa que nos ofrecieron fue viajar dentro de dos días, pero nos tenemos que pagar los gastos de hotel, restaurante y taxis nosotros", dijo indignado.

"Las condiciones son desastrosas"

"No estamos de paro. Esto no es un reclamo salarial. Estamos en una situación crítica. Se pueden poner dos aviones de punta y tenés un TBA del aire", señaló un controlador aéreo en diálogo con LA NACION, al advertir sin vueltas sobre "los riesgos y la inseguridad" con la que se está operando en Aeroparque.

Los controladores de tránsito aéreo son quienes autorizan despegues y aterrizajes. "Somos 27 en una torre de control que debería tener una dotación de 90. Esto implica triplicar las horas de trabajo", señala un comunicado que hicieron circular, sin membrete gremial.

"Las condiciones operativas son desastrosas. Las pantallas repetidoras de radares funcionan mal. No queremos ser cómplices", subrayan, tras remarcar que la "congestión de vuelos comerciales, aviones privados y helicópteros" llegó a un punto "crítico".

Como parte de un reclamo amplio (que incluye contar con un seguro de responsabilidad civil, dotación de personal adecuada y respeto de los turnos de trabajo y descanso según normas internacionales) los controladores decidieron autorizar "un despegue cada cinco minutos y un aterrizaje cada seis".

Esto generó una fuerte presión del personal militar. "Por esta medida, sólo Aerolíneas tuvo que reducir un 20% sus frecuencias. Tenemos la presión encima. De todas maneras, si tuviéramos que cumplir con los procedimientos de velocidad, viento y distancia, debería volar sólo el 50% de la aeronáutica. Pero igual quieren que metamos un avión atrás de otro", confesó.

El año pasado, el decreto presidencial 1840 le devolvió a la Fuerza Aérea el "control operativo" que desde 2007 tenía la Administración Nacional Aviación Civil (ANAC), creada por Néstor Kirchner.

Con la colaboración de Marina Herrmann

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