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Antonio Caló: el antídoto oficial al poder de Moyano

Cultor del bajo perfil, negociador paciente y dirigente gremial de probada lealtad al proyecto K, el secretario general de la UOM es el hombre elegido por el Gobierno para destronar al líder camionero en una CGT que, esta semana, podría quedar dividida
Diego Genoud
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8 de julio de 2012  

En el Gobierno lo imaginan como el antídoto de la hora para enfrentar a Hugo Moyano. Y quizá lo sea. No es fácil encontrar, en el universo del sindicalismo ortodoxo, un dirigente que contraste más con el líder camionero que Antonio Caló.

El secretario general de la UOM, que se ofrece para iniciar una nueva etapa en la CGT a partir del 12 de julio, es un moderado que prefiere resguardarse en el perfil bajo, esquiva las definiciones tajantes y no proviene de la lucha sindical. Jamás anunciaría un paro desde los estudios de TN ni bloquearía el acceso a ninguna planta. Así, al menos, coinciden en definirlo gremialistas y empleados que trabajaron junto a él. El ex obrero de Pirelli, en Mataderos, que nació en Villa Lugano y hoy tiene 65 años ni siquiera cuestiona al propio Moyano, al que lo une una relación de varios años.

Sin embargo, el jueves pasado pareció dar un paso en otra dirección. "Me parece que esto se rompe, ya está partido", dijo en declaraciones radiales y abundó sobre Moyano: "Algo pasó en el medio, pregúntale al rebelde que hace seis meses se peleaba por sentarse primero en la Casa de Gobierno".

Pero a Caló le tocó ser el secretario general de la resurrección de la UOM. Es la expresión de esa Argentina industrial que el Poder Ejecutivo quiere poner en primer plano, por encima de la economía noventista que favoreció el auge de los camiones y la agonía del tren. Cuando asumió su primer mandato, el sindicato tenía alrededor de 40.000 afiliados; hoy ronda los 250.000. Por eso, él y los dirigentes que lo rodean no se cansan de agradecerle a Néstor y a Cristina Kirchner. "Voy a defender a muerte a este gobierno", repite este hincha de San Lorenzo, vecino de Flores y que disfruta salir a caminar con su familia sin que nadie lo reconozca.

La primera vez que Caló vio a Kirchner fue en noviembre de 2002, en un asado en La Matanza que había organizado Carlos "el Ruso" Gdansky -ahora diputado nacional del Frente para la Victoria- en lo que era el incipiente peregrinaje del santacruceño por la geografía del conurbano. Kirchner tenía entonces un 4 por ciento de intención de voto. No era su primer contacto con los "pingüinos". Carlos Tomada había sido uno de los abogados de la UOM y Carlos Kunkel el apoderado de varias regionales desde 1983. Más tarde, iniciaría un diálogo amable con el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini.

Para el kirchnerismo, la elección del hombre que debe opacar a Moyano, aunque ello signifique forzar una fractura de la CGT que no está libre de riesgos, no fue tarea fácil. El casting de gremialistas fue largo y no abundaban los virtuosos. "Nos tuvo un año paseándonos hasta que aceptó. Va a ser el [Rodolfo] Daer de la nueva etapa. Por sus características, es de todos y no es de nadie", dice con resignación un funcionario nacional.

Caló es un hombre más bien gris, en cuyo destino se cruzó Lorenzo Miguel. Lo conoció en Pirelli, a fines de los 60, donde los dos trabajaban. Fue asesor del sindicato, jefe de Gremiales y asumió en los tempranos ochenta como administrador del Policlínico Central que los metalúrgicos tienen en la calle Yrigoyen. Se formó al lado del "Loro" y sorprendió a la familia de la UOM cuando se quedó con la jefatura del gremio en 2004. Los veteranos recuerdan que el viejo caudillo lo llamaba siempre "Tanito" y lo trataba como a un hijo. Otros afirman que Miguel no siempre lo hacía participar de las reuniones selectas de los fines de semana en su quinta de Ezeiza. En algo hay coincidencia: nadie pensaba que pudiera alzarse con el sillón principal de la calle Alsina al 400: no tenía votos ni capacidad de liderazgo. "No era candidato, no provenía de la lucha, ni siquiera de la burocracia. Era apenas un empleado", asegura un hombre que lo conoce desde entonces. Su aval principal era la seccional de la que formaba parte, la de la Capital Federal, de la cual salieron tradicionalmente los secretarios generales de los metalúrgicos. Y su virtud, la de situarse en las antípodas del carismático ultramenemista Roberto "Tano" Monteverde, que se perfilaba como el candidato natural para suceder a Lorenzo.

El heredero

Durante años, Caló había sido el secretario de Acción Social del sindicato. Su trabajo consistía en atender la obra social y la relación con las gerenciadoras de las 52 seccionales del país. Monteverde cometió quizá el último de sus pecados cuando llevó a Carlos Menem a visitar a Miguel a su casa, en los meses previos a su muerte, cuando ya estaba muy afectado por sus problemas renales. Eso decidió a combatirlo a los influyentes líderes de las regionales más poderosas. Gdansky, de La Matanza; Francisco "Barba" Gutiérrez, de Quilmes; Victorio Paulón, de Villa Constitución; Naldo Brunelli, de San Nicolás; Gregorio Minguito, de Vicente López, y también Hugo Curto, ya intendente de Tres de Febrero. Los vértices de lo que se conoce puertas adentro como la oligarquía siderúrgica.

Caló podría argumentar en su favor que también Miguel era considerado un hombre gris, al que le quedaba grande la herencia de Augusto Vandor cuando, en 1970, pasó de tesorero a líder. Después, comandó a la UOM durante tres décadas, hasta que se murió en 2002. Con Lorenzo Miguel fue sepultada una época de debacle que incluyó la convocatoria de acreedores, una relación ambigua con el menemismo -que le otorgaba millones de pesos/dólares en subsidios mientras desmantelaba la industria- y la decisión de federalizar el 80 por ciento de los recursos de las seccionales para impedir la extinción. La UOM quedó dividida en regionales y cada regional estuvo a cargo de un gerenciador.

La refundación vino de la mano de la creación de 200.000 nuevos empleos y de una nueva clase trabajadora que nació sin el pánico al desempleo ni la veneración por los legendarios caciques. "Nos identificamos con los jóvenes delegados de fábrica. Antes ninguno quería presentarse, no le encontraban sentido. Ahora, sólo en La Matanza, tenemos 250", dice Gdansky, miembro del secretariado de la UOM. Sus detractores en el sindicalismo, sin embargo, sostienen que Caló no expresa a las nuevas generaciones. Su número dos es Juan Belén, quien aún figura como adjunto de Moyano en el organigrama de la CGT y patentó la definición de "zurda loca" para referirse a los reclamos de las comisiones internas que no respondían al Gobierno.

Pero Caló no nació de un repollo. En sus años como secretario de Acción Social conoció a Raúl Olmos, un contador de Mendoza que lo venía a ver, y se quejaba del maltrato en la UOM de su provincia. Oriundo de Godoy Cruz, Olmos alguna vez fantaseó con ser intendente del PJ en esa ciudad. Era el mayor de tres hermanos y ni soñaba entonces que se convertiría en dueño de Crónica, BAE, Crónica TV y el Atlántico de Mar del Plata, conglomerado mediático hoy cercano al kirchnerismo.

En vida de Miguel, Olmos creó su gerenciadora de salud y obtuvo la cobertura en Mendoza y parte del conurbano bonaerense. Tras su muerte, ya bajo la conducción de Caló, la obra social metalúrgica (Ospim) entró en concurso de acreedores y el sistema de gerenciamiento privado alumbró a Forjar Salud, que en poco tiempo se apoderó de las regionales más poderosas de la UOM. Después, gracias a los vínculos del heredero de Lorenzo con Hugo Moyano y Julio Comparada, Forjar se convirtió en auspiciante principal de la camiseta de Independiente. Algunos comparan el vínculo entre Caló y Olmos con el que Miguel tuvo con Julio Raele, el dueño del Instituto de Seguros que levantó un imperio -llegó a comprar el Palacio Duhau en nueve millones de dólares- vendiendo pólizas de seguros de vida y de sepelios a los afiliados.

Como nexo sinuoso, entre las dos eras de Caló sobrevive aún la denuncia contra la obra social de Segundo Pantaleón Córdova, el histórico abogado y hombre de íntima confianza de Miguel que dio un portazo en el sindicato y aborrece al nuevo jefe de la UOM. Consultado para esta nota, Caló eligió el silencio después de dos semanas de promesas. Burócratas de renombre repiten que hace lo mismo ante los llamados presidenciales.

Hoy cuenta con el respaldo del Gobierno, de "Gordos" inoxidables como Armando Cavalieri o el preso José Pedraza y de flamantes ex moyanistas como el taxista Omar Viviani y Omar Suárez, de portuarios. "Contempla la táctica y la estrategia. Nunca se apura, comete menos errores, es cuidadoso. Aprendió con Lorenzo que era el maestro de los tiempos", dice el intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, otro de sus aliados. Pese a su fama de moderado, durante las últimas paritarias la UOM llegó a decretar un día de paro en demanda de un aumento salarial que finalmente cerró en 23 por ciento. En la Casa Rosada aún no logran entender la jugada.

Frente a un liderazgo "atropellador", como definen a Moyano en la UOM, Caló aparece como un dirigente con tanto consenso que puede quebrar la tradición metalúrgica que impide al secretario general convertirse en jefe de la CGT. Ni Vandor ni Miguel lo fueron nunca, y Rucci llegó a jefe desde la regional de San Nicolás, lo mismo que Brunelli. "No existe nada estatutario que lo impida. Ser el jefe de tu sindicato te da mucha más cobertura política", explica Gdansky. En octubre hay elecciones en el gremio y Caló irá por su tercer mandato. Sabe que, con una nueva ruptura, la CGT puede redundar en una cáscara vacía. Y enfrentar al camionero no le hace gracia. El tiempo dirá si es el dirigente de la unidad que pretende ser o si se limitará al rol de delegado del Gobierno, como afirma el escorpión.

QUIEN ES

Nombre y apellido: Antonio Caló

Edad : 65

Su relación con Lorenzo Miguel:

Nació en Villa Lugano. A fines de los sesenta conoció a Lorenzo Miguel: ambos trabajaban en una planta de Pirelli en el barrio de Mataderos. Desde aquel entonces los unió una estrecha relación.

Del policlínico a la jefatura:

A principios de los ochenta comenzó como administrador del Policlínico Central de los metalúrgicos. Para sorpresa de muchos, se quedó con la jefatura de la UOM en 2004.

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