Triunfó Reutemann y festejó todo el PJ

Pasada la medianoche se imponía por 16 puntos sobre la Alianza; desde diciembre gobernará Santa Fe por segunda vez; el Presidente y Duhalde, en la celebración.
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9 de agosto de 1999  

SANTA FE.- Carlos Reutemann ganó ayer de manera contundente las elecciones para gobernador de esta provincia y abrió la puerta, sin pretenderlo, para que los máximos líderes del peronismo exhibieran la imagen de triunfo y de unidad que el PJ busca brindar de cara a los comicios del 24 de octubre próximo.

Probablemente el senador y ex piloto de Fórmula 1 hubiera preferido otro tipo de celebración para su victoria, que en diciembre lo llevará a gobernar Santa Fe por segunda vez. Hubiera querido algo más de entrecasa, sin tantos bombos, sin la visita del presidente Menem y, menos, del candidato del PJ, Eduardo Duhalde (el único que no habló desde el balcón de la Casa de Gobierno durante el festejo), del que se mantiene distante.

Pero el partido le cayó encima para tratar de capitalizar los votos que él sumó con un estilo atípico.

Si bien la diferencia de 16 puntos que obtiene el PJ sobre la Alianza, escrutado el 41 % de las mesas, es amplia, Reutemann no llegaría a superar el millón de votos que se había propuesto para consolidar su sueño, no manifestado, de construir un proyecto político para las elecciones presidenciales del 2003. El aviso más claro de parte de la oposición lo dio Hermes Binner, el aliancista que consiguió la reelección para la intendencia de Rosario. Con idéntico perfil que Reutemann, el frepasista podría convertirse en el sucesor de Horacio Usandizaga, el hombre que ayer perdió por tercera vez una elección para gobernador.

Obeid, Duhalde, Ramón "Palito" Ortega y el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, esperaron en el aeropuerto de Sauce Viejo la llegada de Menem. En su casa, en la otra punta de la ciudad, el ganador esperaba la llamada para sumarse a "su" festejo.

Carlos Tula, con el bombo y sus bastoneras, le ponía música desde las 20 al fervor popular peronista en la plaza 25 de Mayo, frente a la Casa Gris, sede gubernamental provincial.

El flamante gobernador electo comenzó desde ayer a tomar distancia de muchas cosas que no lo convencían. "No permitió que nadie se adueñara de su fiesta", comentó ayer uno de sus hombres de confianza al señalar que Reutemann "hizo esperar" a Menem y a Duhalde en la Casa de Gobierno.

En el balcón lo acompañaron los candidatos de la fórmula presidencial del PJ, Duhalde y Ortega; el jefe del Estado, Obeid y Busti.

Reutemann agradeció a Menem porque "en 1991 fue quien me abrió una posibilidad en la política". También destacó el respaldo de los votantes independientes. No hubo gesto de reconocimiento hacia Duhalde.

Menem, el otro orador de los festejos, recordó cuando convocó al ex corredor a la política y aprovechó la ocasión para mencionar que había hecho lo mismo con Ortega. Aunque pidió que los justicialistas acompañen al candidato presidencial, no hubo muestras de gran apoyo.

De hecho, fue Menem quien cerró el acto. El gobernador bonaerense fue mero testigo de los festejos.

"Un tipo especial"

"Lole es un tipo muy especial." La frase es repetida con la monotonía de un himno pagano por cada uno de los amigos del ex piloto, aquellos que lo conocen y lo frecuentan desde sus épocas de ídolo deportivo, e incluso desde antes.

"Siempre fue muy personal en su manera de moverse. Nunca le gustaron las notas, ni siquiera cuando terminaba una carrera. ¿Te acordás cómo festejaba en el podio?", interrogó sin esperar respuesta una de las personas más cercanas, al tiempo que abría los brazos y alzaba los hombros.

La referencia está ligada a un rasgo de la personalidad del senador que no sólo puede resultar molesta para los periodistas que pretenden arrancarle una definición, sino también para su círculo íntimo.

A esta altura de la vida de Reutemann, para sus amigos resultaría una necedad intentar cambiarle los hábitos, a los que también debieron adaptarse sus familiares. Tanto es así que uno de los vecinos de la casa donde vive Lole, pegadito a la laguna Setúbal, dijo a La Nación que "a veces al hermano lo atiende en la puerta".

A esa manera de ser debe sumarse su afecto por las cábalas. No había motivos, entonces, para que en estas elecciones no repitiera cada uno de los pasos dados en los comicios de 1991.

Para empezar, Reutemann ganó un día 8 las elecciones, aunque fue en septiembre de aquel año. Primera coincidencia. Otras fueron, por ejemplo, los comportamientos del ex piloto en la etapa previa a los comicios.

Reutemann pasó el día en uno de sus campos, en Llambí Campbell, 40 kilómetros al noroeste de esta capital, donde siembra soja. Fiel a su costumbre, se levantó temprano, realizó algunas tareas que lo tranquilizan y jugó un buen rato con Bronco, uno de sus dos perros Rotweiler.

Cerca del mediodía, se sintió un poco solo, dijo a La Nación una fuente confiable. Se dedicó a llamar por teléfono a varios amigos "de siempre", ninguno relacionado con la política. Hizo algunas bromas, se distendió y les prometió un encuentro para pasado mañana, en un bar céntrico o en un restaurante de la costanera santafecina. Apenas pasado el mediodía, se trasladó hasta esta capital y se sumó al almuerzo en la casa de su hermano Enrique.

No recibió desde París ninguna llamada de sus hijas, que viven allí desde hace varios años y con quienes mantiene una relación más bien fría, según la sensación que observan sus allegados.

Cuando se le preguntó el motivo de su reclusión, Reutemann se excusó con una frase tajante que confirma que "es un tipo especial". "No me gusta hablar, me canso", dijo, por toda respuesta. Semejante definición se choca de frente con la posibilidad que abre este nuevo triunfo en las urnas, ya que los votos brindan a Reutemann un respaldo vital para terminar de consolidarlo como uno de los candidatos más firmes y con mejor imagen del peronismo para la sucesión presidencial del 2003.

El hombre que conoció la fama a bordo de un bólido, que votó a Raúl Alfonsín en 1983 y a Alvaro Alsogaray en 1989, pero que firmó su ficha de afiliación al PJ con una lapicera que Juan Domingo Perón le regaló en sus tiempos de estrella del automovilismo, por primera vez saludó desde el balcón. Fue al filo de la medianoche.

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