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El primer negocio de Boudou: la quiebra de la firma y un juicio millonario

La casa que perteneció a Luis Venturino, primer jefe de Boudou
La casa que perteneció a Luis Venturino, primer jefe de Boudou Fuente: Archivo
Durante su juventud, en una recolectora de Mar del Plata, el actual vicepresidente escaló pero conoció la ruina en poco tiempo; una historia de deudas y denuncias por irregularidades
Maia Jastreblansky
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25 de julio de 2012  • 13:51

Luis Rubén "Chiquito" Venturino fue uno de los empresarios más florecientes de Mar del Plata. Monopolizó durante más de tres décadas la recolección de residuos de la ciudad, con un contrato municipal de más un millón de pesos mensuales. Tenía un hijo y cuatro hijas. En los noventa, las jóvenes estaban en pareja con muchachos sin experiencia en los negocios: Claudia se casó con Juan Ignacio Letamendía, Rosana con Rodolfo Usuna, Verónica -la menor- con Juan Bautista Boudou. Cecilia Venturino tuvo un noviazgo con Amado Boudou.

En sus primeros pasos en la actividad empresarial, el actual vicepresidente escaló rápidamente en aquella firma recolectora, Venturino SA, y llegó a ser su gerente comercial. Pero en poco tiempo la sociedad (y sus dueños) terminarían en la ruina, con enormes deudas y protagonizarían uno de los juicios más importantes que afrontó Mar del Plata, por cien millones de pesos.

La esquina de Matheu y Mendoza aún es recordada por los marplatenses como "la casa de los Venturino", un enorme y distinguido chalet moderno de ladrillo y madera, en el barrio "Los Troncos". Tal fue el crecimiento económico del empresario, que decidió montar en los ‘80, encima de un relleno sanitario sobre la ruta 88, un complejo recreativo "Waterland", recordado por sus juegos acuáticos, bungalows y piletas. El lugar se convirtió en un éxito entre los locales y los veraneantes, y allí se abrió la discoteca "Frisco Bay", que supo ser la más convocante de la noche de la ciudad feliz.

Allí, un jovencísimo Amado Boudou se destacó como DJ y organizador de eventos. "Emé [así se lo conocía el actual vicepresidente en Mar del Plata], era el preferido del matrimonio Venturino, incluso aunque no se casó con su hija", recordó a LA NACION un allegado a la familia.

En 1985, el hijo varón de Luis Venturino falleció en un accidente y el empresario se abandonó y desinteresó de la recolectora. Fue entonces cuando sus yernos comenzaron a tener más protagonismo en la firma y, a partir de los 90, tomar la gerencia del negocio.

Cinco años después, Venturino Eshiur SA terminó en la quiebra: tras una auditoría en 1995, la municipalidad de Mar del Plata le revocó el contrato y se inició un extenso litigio con el municipio. Recién en junio de 2011, la Corte Provincial dio por culminado el juicio y falló a favor de la administración local.

Durante el proceso, salió a la luz que la gerencia de los yernos y de Boudou había realizado presuntos movimientos fraudulentos y vaciamiento de bienes. Funcionarios de aquella época, ex integrantes de la empresa y ex trabajadores aseguraron a LA NACION que desde que los jóvenes se hicieron cargo, el negocio se vino a pique, sumido en enormes deudas.

Luis Venturino falleció en junio pasado. Tras la quiebra de su empresa y luego de perder el juicio, debió vivir sus últimos días en un departamento prestado, "un quincho" según la descripción de sus allegados, muy lejos de los tiempos de Waterland y Frisco Bay.

Primeros negocios y encuentros con funcionarios

Cuando Amado Boudou entró a la casa de los Venturino era un estudiante de Economía de la Universidad Nacional de Mar del Plata, militante conocido de la UPAU (brazo universitario de la Ucedé) y un popular animador de la movida nocturna. Su hermano tenía una relación con la menor de los Venturino y él había salido un tiempo con su hermana mayor.

Pero con el paso de los años, la presencia de Luis Venturino en la empresa mermó y, principalmente junto a Rodolfo Usuna, "Emé" consiguió ocupar la gerencia de Venturino SA. "Boudou firmaba los recibos y manejaba toda la operativa de pagos", recordó a LA NACION un ex funcionario de la municipalidad. Usuna, que llegó a ser vicepresidente de la empresa, es uno de los allegados al vicepresidente que en 2010 mantuvo encuentros con funcionarios de la AFIP para conseguir una moratoria excepcional para Ciccone.

"Los gerentes de carrera perdieron protagonismo frente al desembarco de los yernos y dieron un paso al costado", describió un ex integrante de la empresa. " Emé trabajaba muchísimas horas por día, se había metido de lleno en la empresa", agregó.

Con la llegada de los jóvenes a la conducción, la contabilidad de la empresa comenzó a hacer agua: los camiones fueron prendados, crecieron las deudas y la facturación pasó a manos de los acreedores. "La empresa se terminó de derrumbar por la impericia de los yernos. En meses hicieron caer una empresa de 35 años de trayectoria", manifestó a LA NACION otro empleado de carrera de la firma.

Deudas e irregularidades

Cuando estalló el conflicto entre Venturino SA y la municipalidad, Mar del Plata era gobernada por Mario Russak. En 1992, el intendente había decidido dividir el mapa de la recolección de la ciudad en dos y adjudicó sendas licitaciones a Venturino (la zona norte) y a la empresa 9 de Julio (la zona sur). A pesar de haber dejado de controlar la mitad del territorio, Venturino SA conservó un contrato millonario.

"Teníamos una mala cobranza por parte de la municipalidad y eso comenzó a complicar la contabilidad de la empresa", resaltó un ex integrante de la firma. La empresa se convirtió en una bomba del tiempo que estalló cuando el intendente ordenó una serie de auditorías para conocer el estado del servicio de la recolección.

"Advertimos que las pólizas de seguro eran truchas, de una aseguradora que no existía. Convocamos a Venturino a dar explicaciones y en la municipalidad se presentó Amado Boudou, pero no pudo justificar nada", relató a LA NACION un funcionario de la época. "Después, durante las auditorías, él pidió tomar vista del expediente en reiteradas oportunidades, pero la empresa estaba vaciada y era insostenible", agregó.

En junio de 1995, Russak decretó la baja del contrato con Venturino SA. En documentos administrativos de la época, consta que la Municipalidad señaló que la empresa estaba "incapacitada económica y jurídicamente para seguir siendo adjudicataria del servicio público de recolección de residuos".

Para entonces, según consta en una nota del colegio de escribanos bonaerense de la época, la esposa de Luis Venturino, Nilde Angélica Masnaghetti, había otorgado un poder a Amado Boudou para manejar las deudas y la quiebra de la empresa frente a la municipalidad.

La municipalidad auditó las operaciones de Venturino Erishur SA y descubrió que la sociedad había comenzado a ceder las facturas que cobraba a la municipalidad a distintos allegados y prestamistas. "Tenían muchas deudas y cedían la facturación para evitar que recayeran embargos sobre la empresa", explicó un ex funcionario. Entre las cesiones de crédito, figuraban 53.000 pesos a favor del Banco de Olavarría, más de 285.000 pesos a favor de MARFIN S.A. y otros 425.000 a favor de particulares. MARFIN SA, según testimonios de la época, tuvo como tesorero a Eduardo "Cachi" Romano, hoy secretario de Amado Bodou e investigado por presunta evasión tributaria.

A la revocación de la concesión siguió la quiebra de la empresa y un aluvión de juicios laborales por falta de pagos de indemnizaciones, sueldos y aportes patronales, algunos de los cuales siguen abiertos.

"Si Emé terminó manejando la convocatoria es porque tenía el poder de convencer a todo el mundo. Venturino había depositado mucha confianza en él y en Usuna, y nadie entendió la desprolijidad con la que se manejaron", manifestó un ex integrante de la compañía.

Además, durante el proceso se advirtió que "de parte de la empresa Venturino Erishur SA hubo un falseamiento al presentar su oferta". Sucede que, para el momento en que ganó la licitación de 1992, la recolectora ya tenía una inhibición de bienes que invalidaba el contrato. Ese dato fue pasado por alto por alto durante el concurso, pero luego el municipio decretó la nulidad de la licitación de Venturino SA por fraude.

A principios de junio del año pasado, la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires puso fin al juicio y rechazó la demanda de Venturino SA, por la que reclamaba 100 millones de pesos en compensación por daños, deudas con ex operarios, costos de quiebra y desprestigio empresario.

Un funcionario de Mar del Plata aseguró a LA NACION que cuando Venturino perdió el juicio, "su esposa llamó a la municipalidad y manifestó que su marido estaba delicado de salud y deprimido, que la situación lo afectaba y aseguró que vivían en un pequeño departamento prestado". Al recordar el devenir del empresario, un ex integrante de la compañía reflexionó: "Tenían un imperio y lo perdieron todo".

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