La Casa del Teatro, una “boutique” estelar

La notable institución necesita más fondos para sobrevivir
Pablo Sirvén
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29 de julio de 2012  

Un vestido sirena de Natalia Oreiro, a $ 500; un conjunto en gamuza de Mirtha Legrand, a $ 1800; un espectacular tapado de zorro de Beatriz Bonnet, a $ 3000. Desde luego, no se trata de una boutique cualquiera porque también hay zapatos de Florencia de la V, trajes de Oscar González Oro y vestidos de Linda Peretz.

Es la Feria de los Artistas 2012, ya una tradición que desde hace 17 años instala a mitad de año la Casa del Teatro para reunir fondos que ayuden a sostenerla. El año pasado recaudó algo más de cien mil pesos y habrá que ver cuánto sumará la edición actual, que comenzó el lunes 16 y que se extenderá hasta el sábado 18 de agosto, de lunes a sábados, de 16 a 20, en la planta baja de la sede de la institución (Santa Fe 1243).

La gente llega, curiosea, revuelve y termina llevándose algo: hay libros centenarios a $ 10, blusas de Las Oreiro a $500 y bijouterie a precios de regalo. El stock de ropa a estrenar, o apenas usada por figuras como Nacha Guevara, Thelma Biral y Graciela Dufau; más donaciones de particulares y boutiques se renuevan todos los lunes.

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Cuenta la historia que la soprano lírica Regina Pacini se había impresionado tanto al descubrir a un barítono ya retirado durmiendo en una plaza de su natal Lisboa, que desde entonces la idea de armar un hogar para artistas ancianos comenzó a dar vueltas en su cabeza. Y no paró hasta hacerla realidad.

Con el impulso de ser la esposa del presidente de la República Marcelo T. de Alvear (quien le había pedido que se retirara de los escenarios y que cantara sólo para él, cosa que hizo), en 1927 Regina mandó a construir un edificio estilo art decó de diez pisos, que hoy mantiene su prestancia en la avenida Santa Fe casi Libertad. El trámite no fue sencillo y se demoró más de la cuenta.

Total que cuando el 4 de enero de 1938 la Casa del Teatro abrió sus puertas ya Alvear no estaba en el poder, pero igual fueron invitados de honor su mujer y él por el presidente Agustín Justo. Desde entonces cobijó a personas relacionadas con cualquier disciplina del espectáculo, como el director de cine Hugo Fregonese, la actriz Nélida Romero, la vedette Carmen Lamas, la animadora Colomba y muchísimos más. Temporariamente pasaron por allí Haydeé Padilla y Joe Rígoli. Hoy son casi cuarenta sus huéspedes, entre los que se destacan el productor televisivo Jacinto Pérez Heredia, la cantante de tango Nelly Vázquez y el actor Ricardo Bauleo.

Todos cuentan con confortables habitaciones individuales, tres comidas, enfermería las 24 horas y libre circulación para entrar y salir en cualquier momento del día y de la noche. Esto último es muy importante porque además de mantener en alto las vanidades tan características de los oficios artísticos, algo que no mengua con facilidad a pesar de la edad, no pocos de ellos persisten en sus costumbres sociales y noctámbulas. En verdad es más un hotel para gente mayor que un geriátrico y, mucho menos, un hospital. La Casa del Teatro no brinda atenciones especiales a aquellos que no pueden movilizarse por sus medios o que padezcan patologías de gravedad. En cambio, cuenta con una biblioteca que tiene cinco mil libros y tres pequeños museos dedicados a Carlos Gardel; a su fundadora, Regina Pacini, y a Iris Marga, la actriz que más años presidió la entidad.

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Obviamente que con la cuota mensual de 300 pesos que pagan los huéspedes que están en condiciones de hacerlo no se puede abonar siquiera los sueldos de sus 17 empleados, los servicios y el mantenimiento de un edificio de ese porte. Por suerte tiene otros ingresos (pero que tampoco alcanzan) como la concesión del teatro Regina, que funciona en el segundo piso, y dos locales comerciales a la calle. También le alquila al Instituto Nacional del Teatro tres pisos y la recaudación por boletería del ciclo Teatrísimo, con obras semimontadas en el que actúan ad honórem las más importante figuras, también va a parar a sus ávidas arcas.

En 2009 la presidenta Cristina Kirchner visitó la Casa del Teatro y se involucró personalmente para que se hicieran trabajos de restauración, un nuevo comedor y se renovara la cocina. También cuenta con un subsidio del gobierno porteño. En 2010 sufrió un incendio en el quinto piso, felizmente controlado antes de producir mayores daños.

Los artistas alegran, emocionan o hacen reflexionar a los demás. Se trata de un trabajo inestable en el que no existe la relación de dependencia y muy sujeto a la moda del momento y a los humores del público y de quienes contratan.

Son muy pocos los que ganan fortunas y hasta algunos de esos pocos privilegiados se asoman a la tercera edad sin un peso.

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