Charlie Sheen, el último salvaje de Hollywood

Tras su escandalosa salida de Two and a Half Men, el problemático actor vuelve a la tele y cuenta todo en la nota que ilustra la tapa de Rolling Stone agosto
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2 de agosto de 2012  • 11:33

Charlie Sheen puede meterse en problemas de muchas maneras distintas, tantas como nadie en la historia. Tan sólo el año pasado... Bueno, seguro ya están al tanto de todo: despotricó contra su ex jefe, el creador de Two and a Half Men, Chuck Lorre ("ese sociópata barato y sin huevos"); se jactó de vivir con "diosas" (una era una estrella porno; la otra, una ex niñera); un juzgado ordenó que sacaran a sus hijos de su casa; acuñó expresiones desquiciadas ("brujos asesinos del Vaticano", "sangre de tigre", "estoy ganando", "me bajo piedras de siete gramos"); demandó a Warner Bros. y a Lorre por 100 millones de dólares por incumplimiento del contrato de Two and a Half Men, serie que le hizo ganar 25 millones (y se espera que reciba más dinero); emprendió la gira My Violent Torpedo of Truth/Defeat Is Not an Option [mi violento torpedo de la verdad/ perder no está en los planes], pero parece que sí estuvo en los planes (fue bastante chota); etcétera, etcétera. En junio del año pasado, finalmente se cansó y se refugió en el silencio, y apareció tan sólo para pegarle de vez en cuando a Two and a Half Men, y fue visto a la salida de un recital de Guns N’ Roses con cara de borracho, o de drogado. En otras palabras, últimamente se ha portado muy bien.

Pero ahora, esta noche, en este mismo instante, está buscándose problemas una vez más. Está en una parrilla cheta de Hollywood que se llama Boa, masticando con alegría un carpaccio de atún sellado. Una chica de veintipico vino a presentarse. Dice que se llama Erica, y que acaba de ir a una audición para interpretar a la hija de 15 años de Sheen en Anger Management, su nueva serie de FX, pero que la rechazaron. Hace pucheritos. Morocha, pollerita corta, blusa muy ajustada. Se la ve deliciosa cuando hace pucheritos. Se pone de costado, para mostrar su perfil. "Me dijeron: «Captaste el personaje, pero no tenés el cuerpo de una chica de 15»."

Charlie, de 46 años, se inclina hacia delante, se limpia la boca con la servilleta y dice: "Bueno, yo no soy experto en anatomía, pero tengo que decir que estoy de acuerdo".

Y de repente, así nomás, se enciende. Pronto, están dando vueltas por el patio, fumando. Charlie le pregunta: "¿Estás casada, comprometida? ¿Cómo puede ser que no nos hayamos conocido antes? ¿Cómo hacemos para que ésta no sea la última vez que nos veamos?". Pronto, Charlie tiene sus huellas digitales en su celular. Es bastante espectacular ver cómo ocurre. A Charlie se le iluminan los ojos. Es directo sin ser agresivo. Su voz rasposa le da a lo que dice un aire de pelea de bar, pero tiene una onda relajada, cálida, amistosa, divertida. ¿Cómo podría caernos mal?



Así comienza la entrevista al actor más salvaje de la televisión por Erik Hedegaard, una mirada profunda al hombre detrás de la leyenda, que ilustra la tapa de la RS de este mes. Abajo, una selección con las mejores frases.



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Top 5: Charlie Sheen dixit

"No hice una consulta psicológica para indagar en las causas del episodio pero por unas dos semanas fui la persona más famosa del planeta. Te cuento por qué pienso que tuvo tanta resonancia y tanta tracción cósmica. No dije «gano» o «gané». Dije «estoy ganando». Todo está en el aspecto durativo del verbo «ganar»".

"Loco, ¿qué es mi vida? Ni yo tengo idea, man. Esto es lo bueno: fue tremendamente divertido estar en la cresta de la ola. Muy estimulante. Pero sí, parece que algunas ondas han llegado a la orilla".

"La idea era ser el último sobreviviente. Cuando todos los demás se habían puesto a cubierto, yo era el que quedaba ahí diciendo: «Vamos, que la fiesta no terminó»".

"Las chicas del porno están un poco más locas y son más peligrosas. No sé por qué me gusta eso. Creo que hace que las cosas parezcan más épicas".

"Dejé de salir con chicas por sus pies, por la longitud de algunos dedos y por otros detalles que no eran como tenían que ser. Los dedos martillo son feos. Cuando el segundo dedo es más largo que el dedo gordo, eso también es feo".

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