Lo mejor de la TV: Roberto Pettinato, el pecador original

El conductor se mira en Jon Stewart y Conan O’Brien y, desde el epicentro de "la corpo", disputa con Lanata el traje de Tato Bores; primera entrega de nuestro especial de agosto
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2 de agosto de 2012  • 18:14

Que parezca un accidente. TN, domingo a las 21

Tras una larga estadía en el canal América conduciendo el late night show Un mundo perfecto, Roberto Pettinato regresa a TN con un programa que ya había estrenado en esta pantalla: Que parezca un accidente o QP1A, impronunciable acrónimo que parodia las siglas ubicuas en la tv como CQC, RSM o TVR. El formato combina las características secciones de un late night con otro clásico de la televisión estadounidense, el noticiero humorístico, que tiene una larga tradición y cuyos puntos altos son el inmortal "Weekend Update" de Saturday Night Live o el más politizado The Daily Show, actualmente conducido por el cómico Jon Stewart. Claramente, Stewart y el ex conductor de The Tonight Show, Conan O’Brien, son los modelos en los que Petti se mira. Pero, a diferencia de Stewart, quien dedica su programa a la destrucción de los neoconservadores, Pettinato sobrevuela la política sin sumergirse en ella: usa todos los temas siempre que le permitan disparar un comentario absurdo. El humor de Pettinato está más cerca del de Conan, con resultados similares: O’Brien fue despedido del talk show más popular porque su humor no era lo suficientemente accesible; Petti ensaya un tipo de absurdo similar que no siempre funciona: cuando acierta, lo conduce a iluminaciones; pero cuando falla, a oscuridades incomprensibles, y esto hace que sea considerado un conductor de gueto.

Es significativo que este programa, emitido desde TN, el epicentro de la "corpo", no tenga muchas más críticas al Gobierno de las que tiene para la oposición y sus nuevas figuras emblemáticas, como Jorge Lanata (son continuas las ironías sobre el "queremos preguntar" de Periodismo para todos). Esto, que el programa no tenga una agenda ideológica previsible, es un mérito de Pettinato, desde luego, pero también del canal, que es permanentemente señalado desde el oficialismo como un house organ consagrado a las operaciones políticas y, sin embargo, se permite dosis de pluralidad que no se ven en la Televisión Pública. ¿Cuándo fue la última vez que alguien se permitió una crítica o una humorada sobre el kirchnerismo en Canal 7?

Que parezca un accidente comienza siempre con un monólogo en el que Pettinato canaliza con éxito el espíritu de Tato Bores, hasta imita su tono, sus inflexiones y adapta algunas muletillas (eso es algo que tiene en común con Lanata: ambos van por el lugar que está vacante desde la muerte de Tato); luego sigue un repaso de la actualidad de la semana con humor (en definitiva, otro monólogo) y luego viene la consabida sección de comentario de revistas (en definitiva, otro repaso de la actualidad con humor). Es decir, el grueso del programa da vueltas sobre lo mismo. Aunque Petti tiene la experiencia y el carisma para monologar con más solvencia que cualquier otro conductor, cuando después de veinte minutos únicamente se lo vio hablando en medio de una escenografía desolada, el programa se siente un poco vacío y Pettinato parece demasiado solo. Justamente, en el comentario de las revistas, hecho a dúo con su hija Tamara, el programa gana vitalidad. Tamara tiene el ingenio y la irreverencia para, cada tanto, dejar a su padre sin palabras. El duelo entre las dos generaciones, cargado de sobreentendidos hogareños, de inevitable familiaridad, es el momento más ameno del programa.

En la segunda mitad hacen su entrada las secciones importadas de otros ciclos (el Top Five, el gato de Verdaguer) que alivian a Pettinato del peso de ser todo el programa. En esta tarea también cumple un rol crucial Ariel Tarico, el extraordinario imitador que aquí le pone voz a un Néstor Kirchner angelical que dialoga con el conductor desde una nube. La parodia de Tarico hace de Kirchner alguien mucho más querible que las proclamas oficialistas que insisten en consagrarlo al bronce. Una entrevista a personajes eclécticos completa la hora del envío. Esta es otra diferencia con el programa de Stewart: su contundencia se apoya en que dura 22 minutos. Pensando en ese ejemplo, se puede concluir que en los cincuenta minutos de cada emisión de QP1A hay escondido un programa fantástico que dura la mitad.

Por Hernán Ferreirós

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