El destino de una caja de ahorro

Desdelsur comenzó comprando campo con monte de bajo valor hasta convertirse en una empresa agroalimentaria líder
Félix Sammartino
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4 de agosto de 2012  

TARTAGAL.- Como muestra del potencial agroindustrial argentino y de lo que ocurre cuando a un rincón olvidado del norte argentino, a sólo 40 kilómetros de la frontera con Bolivia, se lo explota arriesgada e inteligentemente, bien vale lo que esta haciendo la empresa Desdelsur.

Generó un polo de desarrollo en el que se produce principalmente poroto, 65% del total, maní, soja, carne, maíz y cártamo donde antes había sólo monte. Pero no sólo producen sino que seleccionan y procesan las distintas variedades de poroto y maní en dos modernas plantas de General Mosconi para exportarlas a los principales mercados de legumbres del mundo. El año pasado llegó a facturar 62 millones de dólares después de trabajar sus 28.000 hectáreas propias y comercializar su producción y la de terceros que ya participan con el 30% del total. En esta región, que fue el epicentro de la desocupación en 2001 y escenario de una pueblada armada con represión estatal con el lamentable saldo de muertos y heridos, Desdelsur, ganadora del premio a la Excelencia Agropecuaria del diario La Nacion y Banco Galicia, se convirtió en la primera empleadora privada y referencia obligada de la comunidad aborigen wichi. "Coincidió que a pocos días del estallido social, inaugurábamos una de las plantas de acopio. Era tan grave la crisis que para tomar gente utilizamos como condición un parámetro que hoy suena como insólito pero que en ese momento estaba plenamente justificado: padres de familia con por lo menos tres hijos", hace memoria José Macera, presidente y factótum de la empresa.

Cualquiera que recorra los lotes que se están cosechando de poroto o las siembras de garbanzo, observe las plantas con capacidad de procesar 200 toneladas diarias o el feedlot para 5000 animales que complementa el esquema ganadero de ciclo completo de 11.000 cabezas de alta carga basado en la pastura subtropical Mulato que durante los meses de primavera verano soporta cargas de tres vacas por hectárea, concluirá que está frente a una organización muy profesionalizada. El mantenimiento de sus instalaciones, cascos, puestos, porterías, la prolijidad de su parque de maquinaria, donde sobresalen las 8 topadoras con sus respectivos equipos de apoyo, además de picadoras de forraje, mixers y sembradoras corroboran esta idea de empresa consolidada.

Pero lo que pocos pueden imaginar es que todo el emprendimiento arrancó simplemente como una caja de ahorros. Una alcancía que tenía más promesa de sueño que de garantía de devolución de los depósitos. En 1990, José Macera enterró sus ahorros con la compra de las primeras 5000 hectáreas, de las cuáles sólo 740 estaban libres de monte y aptas para la producción. Invierte el equivalente de un departamento grande, 200.000 dólares. A partir de ese momento se vuelve un comprador compulsivo de campos con monte a menos de 50 dólares la hectárea. Todo lo que logra ahorrar de las operaciones de compra de semilla de girasol que efectuaba por ser el agente local de grandes aceiteras mexicanas va a parar sumar más hectáreas de monte salteño. En esta apuesta y especie de aventura se incorpora su hermano Guillermo Macera, hoy vicepresidente de la empresa.

Pero de un día para el otro el esquema vuela por los aires. Corría el año 1997 y las aceiteras mexicanas reemplazan el girasol por la canola para la elaboración de sus aceites. José Macera ensaya entonces el movimiento natural ante la caída repentina de la fuente de ingresos: gira la cabeza para ver cuánto tiene en su chanchito de ahorros. Mucho y nada al mismo tiempo. ¿Qué es sino 27.000 hectáreas de monte y una operación de 3000 hectáreas de agricultura entre campo propio y alquilado pero sin capital de trabajo?

"Por mi formación como economista analizaba las tendencias. En un viaje a Estados Unidos comprobé la globalización que se venía y que contra la manufactura del made in China y los salarios de un dólar no se podía competir. Pero al mismo tiempo la irrupción de esta potencia nos iba a permitir abastecerlos de alimentos. Tarde o temprano se venía un cambio de escenario mundial con la suba de los precios agrícolas. Así que en ese momento me concentré en poner en valor las tierras con monte que había comprado hasta el momento. La hectárea valía 200 dólares y la desmontada 700 dólares, si el valor subía a 1100 dólares la hectárea era un gran negocio del activo tierra. Esa era nuestra apuesta" agrega Macera.

Así es como primero probó con abrir el 33% de la sociedad para incorporar un fondo de inversión que años después se retiró recomprando su parte. Años más tarde obtuvo distintas financiaciones, entre las que se destaca un crédito de 8 millones de dólares a nueve años que les permitió equiparse con 8 topadoras para los trabajos de desmonte.

A diferencia de lo que se puede esperar de una historia de éxitos, el relato de José Macera evoca constantemente a la suerte y a la imagen de la película de Woody Allen, Match Point , en que una pelota de tenis golpea en la faja de la red y durante un instante puede caer en cualquiera de los dos lados, sea para ganar o para perder. "Por lo menos cuatro o cinco veces sufrimos situaciones extremas en las que por suerte la pelota siempre cayó del otro lado. Quizá tuvimos la fortaleza para no darnos por vencidos, para no vender, para no cansarse antes. Gracias a esta actitud logramos sobrepasar la rompiente."

¿Sólo una cuestión de actitud? Aquí van algunos factores y reflexiones que jugaron en forma decisiva, según José Macera:

  • "Por distintas situaciones hemos tenido la suerte de llevar un proceso que llevó muchos años y en los que mucha gente queda en el camino porque se la acaba la plata, se le acaba la paciencia, se asusta con las pérdidas o la organización termina siendo ineficaz.
  • Nosotros la pudimos llevar por cuestiones un poco casuales. Primero porque funcionó como caja de ahorro, después tuvimos un excelente equipo de gente que trabajó para que no se vaya todo fuera de control y después tuvimos una financiación que apostó a largo plazo y tuvimos otro aire para seguir funcionando.
  • Desarrollar algo en el Norte sin equipo es imposible. Nuestros logros se lo debemos al equipo gerencial que maneja toda la operación en Tartagal. Graciela Lena en la administración, Ignacio Rachi a cargo de las plantas y Santiago Bourdieu y Fernando Varela, responsables de la ganadería y la agricultura, respectivamente.
  • "En los noventa fue muy difícil la relación de los bancos con la producción agropecuaria. No entendían el negocio porque entre otras cosas hablaban dos idiomas diferentes. Yo me manejaba bien teniendo presente dos cuestiones que para los bancos son fundamentales: decir siempre la verdad y tratar de anticiparse a los acontecimientos para que el banco esté al corriente. Nosotros jamás tuvimos un descubierto porque si teníamos una necesidad de crédito el banco lo sabía 60 días antes del bache financiero.
  • "Una característica mía es que vivo muy a futuro. Es decir formulo escenarios constantemente, lo que me permite saber cuál es el orden de mis prioridades.
  • " Si uno quiere venir a producir al Norte, tiene que tener en cuenta que la agricultura subtropical es muy exigente. Por las temperaturas, todo ocurre en forma muy vertiginosa y tiene ventanas muy chicas para la mayoría de las prácticas agrícolas.
  • 56.000

    hectáreas propias

    con 28.000 hectáreas desmontadas y en producción agrícola, en las que se realizaron trabajos de sistematización e inversiones de infraestructura de caminos, agua y edilicias

    300

    hectáreas agrícolas

    Es la superficie que arrienda José Macera para su primera siembra de poroto negro en 1990 cuando inicia su actividad productiva en Salta con muy poca experiencia previa

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