Sara Facio: sensatez y sentimientos

Con muestras sobre su obra en el Centro Cultural Recoleta y en el Museo Nacional de Bellas Artes, y un libro antológico que publicará Larivière, es un año de merecido reconocimiento para esta pionera de la fotografía
Celina Chatruc
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17 de agosto de 2012  

"A ver si te gusta? Éste es el libro", dice. Acerca un pliego con varias de sus fotos impresas y señala una de Pablo Neruda: "Ésta quedó muy bien". "Disculpame, pero tenía que verlo. Esta mañana a las ocho estaba en la imprenta", agrega antes de acompañar hasta la puerta al impresor que vino especialmente hasta este departamento de la calle Paraguay, sede de la editorial La Azotea. Al regresar, dirá con dulzura y sin rodeos: "¿Algo más, querida?"

Aunque es generosa incluso con su tiempo, Sara Facio no tiene un minuto que perder. A la retrospectiva que se exhibe el Centro Cultural Recoleta, en el marco del Festival de la Luz (ver recuadro), se sumará otra muestra en su homenaje en el Museo Nacional de Bellas Artes, en septiembre. Y mientras termina de supervisar las 200 páginas del libro antológico sobre su obra que publicará Ediciones Larivière, proyecta editar otro para celebrar el 40° aniversario de La Azotea, la primera editorial latinoamericana especializada en fotografía, creada en 1973 con María Cristina Orive. Además, trabaja para impulsar una fundación que preserve la obra de María Elena Walsh, su compañera durante más de 35 años.

Testigo privilegiada de la historia cultural del continente, Sara acaba de cumplir 80 y aún recorre Buenos Aires con una Leica en su cartera, dispuesta a registrar "todo lo que tenga vida y sentimiento". También consulta su apretada agenda en un iPad y dice cosas como ésta: "Que venga una persona más joven y que traiga otras ideas, aunque sean peores que las que yo tuve. No importa, son otras. Es otra mirada".

Con ese argumento explica por qué dejó en 2010 su puesto como curadora de la Colección Fotográfica del MNBA, fundada por ella, y por qué se fue de la Fotogalería del Teatro San Martín después de haberla creado y dirigido durante trece años.

-Creo que tiene que haber un recambio, sobre todo en lo que es del Estado. Porque cambian las costumbres, las mentalidades, la gente? Hay gente que se queda con sus ideas y no acepta otros criterios, y yo siempre tuve la idea de que había que cambiar.

Por esa misma razón disolvió su sociedad con Alicia D'Amico en 1985, después de 25 años de un trabajo en equipo que parecía ser la fórmula del éxito. Juntas estudiaron Bellas Artes, viajaron becadas a París y descubrieron en Alemania otro tipo de fotografía, que excedía la reproducción de la realidad. De vuelta en Buenos Aires, trabajaron en el estudio fotográfico del padre de Alicia y como asistentes de Annemarie Heinrich.

-No había fotogalerías, editoriales, editores fotográficos ni secciones en los medios. Las fotos se colgaban con chinches o con cinta, aun en los museos. Lo único que había eran dos o tres revistas muy especializadas, para un gueto. Que hablaban de técnica, pero no de los fotógrafos o la fotografía como una expresión personal, de autor. Leíamos las revistas que le llegaban a Annemarie, por lo general en alemán. Ella las traducía porque se daba cuenta de que nuestro camino era hacer una fotografía más expresiva.

Una vez formadas, se dedicaron a abrir puertas: primero las de su propio estudio, en 1960. A mediados de esa década inauguraron en La Nacion un espacio pionero, destinado a difundir lo que es hoy una rama indiscutida del arte. Era una página semanal de la sección Columnas de la Juventud que tuvo mucha repercusión en el país y en el exterior, y cuyo contenido se compiló en el libro Cómo tomar fotografías (1977). Tanto se entusiasmaron los lectores que les enviaban de regalo álbumes familiares enteros, que incluían retratos realizados por Félix Nadar.

Juntas hicieron también otros libros memorables como Buenos Aires, Buenos Aires (1968) y Humanario (1976), con textos de Julio Cortázar, escritor retratado en la foto más famosa de Facio. Está incluida en Retratos y autorretratos , publicado por la revista Crisis en 1973, que difundió por primera vez los rostros de los escritores del " boom latinoamericano".

-¿Qué opinás sobre la forma en que cambió la escena desde entonces? Ahora están el Salón Nacional, Buenos Aires Photo, el Festival de la Luz?

-Me parece fantástico. El Festival de la Luz, con cientos de exposiciones en todo el país, era un sueño. Nosotras empezamos con el Consejo Argentino de Fotografía, a fines de 1970, con esa idea: hacer algo más federalista, que las exposiciones de Buenos Aires fueran al interior. Cuando fundé la Fotogalería del Teatro San Martín, muchísimas de las muestras que se hacían, argentinas y extranjeras, las mandaba a Rosario, a Salta, a Mendoza. Se iba creando una corriente. Porque a todo el mundo le gusta sacar fotos.

-¿Qué opinás de que hoy se saquen fotos con los celulares y de los avances técnicos que hay, que a veces derivan en un exceso de retoque?

-Umberto Eco habla mucho de eso: de que la mayoría de la gente, de tanto tomar fotos, no ve nada. Y es la pura verdad. Pero bueno, igual que lo hagan, a mí me parece bien. Porque es un medio absolutamente democrático y la gente quiere estar involucrada. No se puede juzgar a las personas de hoy con la mentalidad de hace treinta o cuarenta años. Al contrario.

Así como menciona a Eco, Facio convocó al filósofo Tomás Abraham para que escribiera en el libro de Larivière, y para el del aniversario de La Azotea quiere invitar a un historiador. Según ella, "es una deuda pendiente muy grande que no haya una crítica fotográfica seria".

-¿Qué otras deudas pendientes hay con la fotografía?

-Una son las revistas de calidad. Pero eso se está supliendo bastante con la era digital; se están haciendo revistas por Internet que en pantalla se ven muy bien.

-El año que viene La Azotea cumple 40 años. ¿Cómo vas a celebrarlo?

-Una de las cosas que tengo pensadas es hacer un libro con mi colección de fotos de autores de América latina, porque para mí el libro es el verdadero museo de la fotografía; ahí es donde queda, donde la gente la puede ver. Por eso quise hacer esta editorial. Fijate que los dos primeros libros de La Azotea fueron sobre dos señoras que en ese momento eran octogenarias y aún no tenían un libro, Grete Stern y Annemarie Heinrich.

La imagen de sus dos maestras tiene un lugar destacado en la biblioteca de Sara. Son cientos de libros sobre fotógrafos de todo el mundo que dejó en testamento al MNBA, al que ya donó 50 fotos, para que estén a disposición del público.

-¿Qué balance hacés de tu carrera?

-Estoy muy contenta. A lo mejor he tenido pocas aspiraciones en la vida. Siempre digo: me voy a morir llevándome dos misterios insondables. Uno son los sueños; por más que he leído todo Freud y todas las interpretaciones, no entiendo por qué, con quién y cómo se sueña. El otro es para qué la gente tiene tanto dinero. Por qué mata, se envilece, es tan horriblemente egoísta para tener tantos millones. No entiendo para qué los quieren.

Capturar la emoción

Como si hablara de los hijos que no tuvo, Sara Facio asegura que no tiene preferidas. Que le gustan por igual todas las fotos que integran su retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, más de 200 seleccionadas por Elio Kapszuk y Renato Rita.

Están las más famosas, como el retrato de Julio Cortázar y Los muchachos peronistas , así como las que muestran a los grandes escritores latinoamericanos. Pero también hay dos series que se exhiben por primera vez: Por amor al arte , que registra espacios de exposición en varios países, y Escenarios , con actores en escena.

En esta última resaltan dos recursos infrecuentes en la obra de Facio: el color y el movimiento. Ella dice que prefiere el blanco y negro porque "es más difícil, es un desafío". La otra serie, iniciada en 1960 en el Guggenheim de Nueva York, incluye una foto en la que se ve a André Kertész en la Fotogalería del Teatro San Martín, cuando Sara lo invitó a exponer por primera vez en la Argentina. En estos días las fotos del fallecido fotógrafo húngaro pueden verse en la Fundación OSDE, también en el marco del Festival de la Luz.

-¿Por qué no habías expuesto antes estas dos series?

-Porque me da vergüenza, es como si estuviera desnuda. No me gusta hacer exposiciones mías, me gusta hacer exposiciones de otros.

-¿Qué sentís al hacer una muestra en el mismo espacio en que expusiste con Alicia D'Amico, hace 25 años?

-Es raro. No puedo interpretar por qué mis fotos conservan tanta vigencia. Puede ser que sea lo que yo siempre pido de la fotografía: que tenga un mensaje, un contenido afectivo, que te una a lo que ves y no olvidás. Capturar la curiosidad, la emoción, las sensaciones y los sentimientos que son difíciles de transmitir. Es como cuando leés un libro que te llega, que te emociona, te hacer sentir algo. Los demás solamente te cuentan historias.

Ficha. Sara Facio Fotografías , en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), hasta el 26 de agosto

adn Facio

San Isidro, Buenos Aires, 1932

Fotógrafa, editora y curadora, es una de las principales referentes de la fotografía en la Argentina. Fue asistente de Annemarie Heinrich y trabajó en sociedad con Alicia D’Amico de 1960 a 1985. En 1973 fundó con María Cristina Orive la editorial La Azotea, la primera de América latina destinada en forma exclusiva a la fotografía, que aún dirige. Miembro fundadora del Consejo Argentino de Fotografía, creó la Fotogalería del Teatro San Martín y la Colección Fotográfica del Museo Nacional de Bellas Artes, a la que donó 50 obras

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