El príncipe feliz

Mónica Berman
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17 de agosto de 2012  

Autor: Marise Monteiro / Dirección: Gonzalo Beron Muñoz / Intérpretes: Josefina Barone, José Luis Bartolilla, Lucila Bignoli, Melisa Cabrera, Augusto Tinu, Juana Di Pietro, Florencia Diacono, Wendy Dubiansky, Melody Dubiansky, Federico Fedele, Lucía Fernández Méndez, Juan Mende, Sol Molina, Daniela Sabino, Michelle Schussel, Demián Silveira / Música Original: Fernando Villanueva / Coreografía: Federico Fernandez Wagner Y Agustina Ipiña / Dirección musical: Eugenia Gil Rodríguez / Producción ejecutiva: Federico Fedele Sala: Auditorio Losada, Corrientes 1551 / Funciones: domingo, a Las 16

Nuestra opinión: buena

El príncipe feliz comienza en la vereda. Para decirlo con mayor precisión, los integrantes de esta propuesta musical para chicos no sólo reparten volantes en la puerta sino que montan un pequeño espectáculo callejero para atraer futuros espectadores. Cantan, bailan, juegan, invitan, con amabilidad y sin invadir, a los niños que pasan, incluso, proponen sacarse fotos aún con aquellos que no quieren entrar al teatro.

Estos chicos, muy jóvenes, y estudiantes de teatro musical de Proscenio eligieron una versión preexistente de El príncipe feliz , una mirada suavizada del cuento de Oscar Wilde. Sin duda, más de un adulto preferirá eludir la propuesta original del autor nacido en Dublín, con la golondrina muerta, la estatua destruida y la unión de ambos del otro lado de este mundo. Qué preferirían los chicos, no podemos saberlo.

El príncipe en cuestión, es decir, lo que queda de él: su alma, encerrada en la imponente estatua, se entera finalmente de la miseria en la que vive una enorme porción de lo que fue su pueblo. Y como nunca es demasiado tarde, se conmueve hasta tal punto que los zafiros de sus ojos vierten lágrimas amargas. Tan copiosas, además, que confunden a una golondrina retrasada en su migración hacia el verano. Como la estatua, por obvias razones, no puede moverse de su pedestal, recurre a la ayuda del ave migratoria.

Ambas, golondrina y estatua, ponen la solidaridad en primer plano, sin demasiados cuestionamientos y cada uno de sus actos en conjunto llega a buen puerto, con beneficiosas consecuencias para los abandonados de la fortuna. La propuesta de estos jóvenes artistas es una verdadera comedia musical tanto para los pequeños como para toda la familia. El relato está bien hilvanado y se comprende sin dificultad la secuencia de las acciones.

Aunque hay mejores actuaciones que otras, el conjunto se destaca ampliamente en el trabajo coreográfico; cada vez que llega el momento del "baile", la puesta se convierte en una verdadera fiesta escénica. Podría decirse que es el lugar donde el elenco se destaca sin fisuras y cada uno aporta lo suyo desde el lugar de sus particularidades.

Por otra parte, hacen un recorrido por distintos ritmos musicales, entonces, el resultado es un paseo por diversos juegos coreográficos, bellas voces y un atractivo trabajo corporal en la mayor parte de los casos. Una propuesta lúdica, dinámica, que lleva adelante un grupo de jóvenes que ha empezado a transitar de manera sumamente entusiasta su camino por el universo del musical.

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