Una historia de hermanos: Angel y Carmen Corella

Los españoles forman una de las parejas de lujo que bailará en la Segunda Gala de Ballet de Buenos Aires
Constanza Bertolini
(0)
22 de agosto de 2012  

Angel y Carmen Corella son hermanos, los hermanos del medio de un total de cuatro. Pero no son cualquier par de hermanos. Muy unidos, ellos crecieron juntos más allá del hecho doméstico. Con menos de un año de diferencia de edad, tomaron varias de las decisiones más importantes de su vida en complicidad. Y hoy no se imaginan que eso pudiera haber sido de otra manera.

Angel y Carmen Corella son bailarines. Pero su historia va al revés del cuento tradicional. Fue él quien empezó primero con las clases de ballet por sus innatas condiciones y ella la que se sintió atraída por la facilidad con la que su hermano giraba y saltaba, y se sumó, poniendo mucha dedicación y estudio para seguirle el tren.

Como muchos españoles que sueñan su futuro en la danza clásica, Angel y Carmen se fueron de su país cuando todavía no habían cumplido los 20, se animaron a Estados Unidos sin saber una palabra de inglés, probaron suerte, midieron su talento e ingresaron al prestigioso American Ballet Theater de Nueva York. El fue la primera figura masculina de esa compañía más elogiada de los últimos años; ella, una de las solistas más bellas y altas del dream team neoyorquino.

Hoy, con sus 36, ambos están de vuelta en España. Carmen regresó primero, después de que definieran en tándem su nuevo proyecto: abrir una puerta dentro de su país para que los bailarines clásicos puedan desarrollarse profesionalmente sin necesidad de salir al exterior. Y fue recién hace dos meses, tras la emotiva noche de la despedida del American Ballet con El lago de los cisnes, que Angel se hizo cargo de cuerpo presente de la conducción del Barcelona Ballet (evolución del Corella Ballet que en 2008 sembró el germen de esta iniciativa en Segovia), donde ambos gestionan, dirigen, enseñan y, también, bailan.

Toda la historia en una soleá

Extraordinaria ocasión será verlos bailar juntos, a dúo, en un mismo escenario, a los hermanos Corella. Ocurrirá en el marco de la segunda Gala de Ballet de Buenos Aires, a partir de mañana, en el teatro Coliseo. Con buen criterio, no fingirán ser la pareja enamorada de un pas de deux antológico. No. A su medida, la sevillana María Pagés creó una soleá que por única vez los pone a ellos dos solos sobre las tablas y echa leña al fuego del flamenco que les corre en la sangre.

"Cuando por primera vez fuimos con el Corella Ballet a los Estados Unidos nos pidieron una pieza que tuviera un aire español. Hablamos con María Pagés, una de las coreógrafas más famosas que tiene el flamenco hoy [ganó el Premio Nacional de Danza el mismo año que él, 2002] y nos hizo una coreografía. Es la vida que tuvimos Carmen y yo. Empiezo poniendo la cabeza en su hombro y ella en el mío, como diciendo: «No hay problema, estoy aquí para ti y tú para mí», y luego nos levantamos y empezamos a bailar por bulerías, donde hay saltos, giros, manages. Tomó mucho tiempo coreografiar los brazos de una danza flamenca pura que finalmente termina por ser una danza clásica", anticipa Angel con emoción desde Barcelona, antes de viajar a Buenos Aires, que en dos ocasiones visitó como partenaire de Paloma Herrera, definitivamente su mejor compañera en el ABT hasta el último día. Recuerda con gran afecto y ojos benévolos a esta ciudad. "El cariño y el respeto que ustedes les tienen a los bailarines, esa forma de llenar los teatros, sería impensable para España. En la Argentina le preguntas a un taxista quién es Julio Bocca o quién es Paloma Herrera y seguramente lo sabe. Acá están enfocados en el fútbol, es una obsesión, no hay capacidad para otra cosa. Si Tamara Rojo [la española es primera figura del Royal Ballet londinense y desde el próximo mes directora del English National Ballet] o yo bailáramos aquí sería muy difícil llenar un teatro como el Luna Park."

–¿Ya podés tomar distancia y ver más claro el capital que dejó Nueva York en tu carrera?

–Lo estuve analizando y fue casi como un sueño. Como esas noches en las que uno se acuesta y tiene un sueño larguísimo, que parece una vida entera. Fueron tantas experiencias tan rápidas y tan llenas de todo que lo veo así. Y de pronto me desperté… Todas las elecciones que hice fueron las correctas, nunca quise hacerle daño a nadie y viví de la manera más feliz posible. Con esa filosofía en la vida uno no tiene por qué sentirse mal por nada.

–Con tu hermana buscan cambiar la relación de los españoles con el ballet: crearon una compañía para frenar el éxodo de jóvenes bailarines de tu país.

–Fue precisamente eso. Permanentemente me llegaban llamadas o me contaba mi familia que tal o cual había terminando su formación y quería que le aconsejara adónde audicionar. Después de tantos años como primera figura en el American Ballet pensé que de algo podía llegar a servir que yo hubiese llegado adonde llegué. Me parecería muy egoísta guardarme lo que conseguí sólo para mí, cuando entiendo que puedo ayudar de alguna forma a que no suceda esto.

–Y justo en medio de la crisis esta osadía…

–Una locura. En medio de una crisis en la que, además, a los políticos les da exactamente igual quién seas o qué hagas. Mantener una compañía tan grande de forma privada es muy complicado [el Barcelona Ballet recibe apoyo económico de Cataluña, pero se sostiene principalmente por inversiones privadas y los ingresos de su propio movimiento genera], sobre todo en esta crisis tan fuerte, pero bueno me metí en lo que soñé.

La fórmula de a dos

Si de chicos Angel aparecía como una despreocupada promesa, dotada naturalmente, y Carmen se ciñó a la rigurosidad de una disciplina, con el tiempo los lugares se definieron claramente: él siempre como el soñador y ella con los pies en la tierra.

Carmen Corella habla hoy de su hermano, un señor artista que logró hasta el preciado Benois de la Danse (suerte de Oscar de la danza), con mucho conocimiento e igual dosis de admiración. Observa, por ejemplo: "Angel fue de la última generación de bailarines que rozó esos éxitos que te otorgan un trato especial". Pero también lo hace valorando el lugar que ella tiene en la historia de él, y viceversa. "Nuestra carrera ha sido muy paralela. Obviamente el éxito de él fue grandioso, porque el talento con el que nació es fuera de lo normal. También se dieron momentos puntuales que le dieron oportunidad de mostrar ese talento: Dios lo puso en el sitio adecuado. Pero más allá de eso, el hecho de estar juntos hizo que yo pudiera apoyar ese lado riguroso de levantarse todos los días e ir a la clase. Y él me enseñó lo fácil que puede ser, lo que tiene que ser el final de todo ese trabajo duro, llegar al escenario y disfrutarlo", reconoce ella, para quien esta venida a Buenos Aires también le es familiar: estuvo casada varios años con el bailarín argentino Herman Cornejo, primera figura también en el ABT.

Angel y Carmen son como seres complementarios. Eso es. También en este ambicioso proyecto del Barcelona Ballet que en un punto a él le gastan más las suelas de los zapatos que las de las zapatillas de baile: él es el alma y la cara visible. Ella, la que está más en el estudio, en los ensayos. La que repite: "Más allá de los sueños y estar en el aire, hay que tener los pies en la tierra".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.