La brecha digital, una carrera sin fin

Mientras los gobiernos de América Latina encaran con distinta eficacia el equipamiento informático de las aulas, la velocidad de las innovaciones tecnológicas y su uso habitual por parte de muchos alumnos dejan a las escuelas en desventaja, y las enfrenta a dos desafíos urgentes: asegurar conectividad a Internet y dar sentido pedagógico a su uso
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26 de agosto de 2012  

Parecería que no ha pasado mucho tiempo desde los días en que una pequeña pizarra con tiza y borrador eran algo común en muchos hogares de nuestra América latina, a veces como una extensión de la experiencia en el aula, en otras como el prólogo a esa primera vez en un salón de clases.

Con libreta y lápiz, cualquiera jugaba a ser profesor, cualquiera era estudiante, mientras se reproducía con alguna fidelidad la rutina escolar. Hasta hace muy poco -no más de cinco o diez años-, ese libreto era común entre el Río Bravo y Tierra del Fuego, con sistemas educativos más -o menos- preocupados por la sustancia de sus programas académicos que por la forma de trasmitir los conocimientos al estudiante.

El boom tecnológico -primero con la "democratización" de las computadoras, luego con la invasión de los llamados teléfonos inteligentes y el advenimiento de las tabletas- provocó un salto cuántico en la rutina de infinidad de hogares y puso fin al libreto tradicional de la relación entre el hogar y la escuela. Esta realidad se traduce en un desfase coyuntural que ha colocado a la inmensa mayoría de los sistemas educativos en franca desventaja, con alumnos que, fuera de las horas de clase, mantienen un vínculo estrecho -a veces patológico- con la tecnología, con las pantallas táctiles de sus smartphones y tabletas, que convierten a las aulas tradicionales, con pizarrón y tiza, en espacios propios de la edad de las cavernas.

Cada país de nuestra región vive esta situación en una carrera desigual, con sistemas que se esfuerzan lastimosamente por alcanzar la velocidad meteórica de los avances tecnológicos, mientras generaciones de estudiantes enfrentan su destino académico con un pie en el pasado y otro entre el presente y el futuro.

Esa carrera tiene, para los sistemas de enseñanza, varios obstáculos, ya que no se trata solamente de equipar las escuelas con la tecnología mínima necesaria para acortar la brecha entre el hogar y el aula, sino también de masificar la conectividad de Internet para llevarla a los planteles.

Asimismo, en la ecuación es vital el desarrollo de las habilidades tecnológicas de los profesores, quienes suelen estar a la zaga respecto de sus estudiantes cuando del manejo de artefactos digitales se trata.

Tomemos como ejemplo inicial el caso de México, donde, de un total de 198.896 planteles del sistema público de enseñanza a nivel básico -de elemental, intermedio y superior o primaria y secundaria-, 84.157 tienen computadoras, de acuerdo con estadísticas oficiales. Estas cifras señalan además que hasta junio de 2011 había 1.025.629 computadoras disponibles para unos 25 millones de alumnos, lo que resulta en una proporción de una computadora por cada 25 usuarios.

En este mismo renglón, el diario El Tiempo, de Colombia, reporta que en ese país, a través del programa gubernamental "Computadores para educar", iniciativa que se encarga de llevar equipos, conexión, software educativo y entrenamiento para maestros en lo referente al uso de la tecnología e Internet para enseñar, se ha logrado beneficiar a más de siete millones de niños de todo el país, en 28,000 sedes educativas públicas. No obstante -aclara-, todavía hay 8000 de estos planteles educativos que aún no conocen una computadora.

En la Argentina el cuadro no es más alentador: las últimas cifras disponibles del Ministerio de Educación indican que en promedio hay 40 alumnos por computadora en las escuelas del país, y sólo el 29% de las instituciones tiene acceso a Internet (ver aparte), mientras que en Brasil -que reconoce no tener números muy precisos y actualizados- se estima que existe una media de 23 computadoras por escuela y que de ellas "18 están en funcionamiento para atender a cerca de 800 alumnos por escuela, la mayoría en laboratorios de informática".

El caso particular de Brasil ilustra la variable que representa la capacidad del sector docente para manejar la tecnología. "Para un 64% de los profesores entrevistados en la investigación -observa Lauro Neto, de O Globlo- los alumnos tienen más conocimiento que ellos sobre el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) y un 28% continúa prefiriendo los métodos tradicionales de enseñanza."

En Chile -país de 16 millones de habitantes y 20 millones de teléfonos celulares-, 9680 escuelas que reciben subvención estatal poseen planes de uso educativo de estas tecnologías, 3500 tienen un apoyo estatal para acceder a planes de conexión con velocidad de navegación garantizada y 1500 tienen laboratorios móviles, que consisten en carritos con un número determinado de netbooks, una notebook para el profesor y un router para conexión Wi-Fi a la Red.

Asimismo, Chile ofrece cifras relacionadas con la capacitación docente, con 22.000 profesores adiestrados en el uso de TIC, como parte de un universo de 140.000 maestros en su sistema público de enseñanza.

En este mismo renglón, en Colombia se aspira a superar ampliamente la cifra de 9000 maestros entrenados en los dos años anteriores en el uso de la tecnología para sus labores de enseñanza, para elevar el número total a 45.000 profesores titulados en TIC, según cifras de Intel Educar y el Ministerio de Educación Nacional.

Con una población escolar que ronda los nueve millones, en Perú las cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática "no son muy alentadoras con respecto al uso que este grupo le da a Internet: solo el 19,8% de los estudiantes de educación primaria la utilizan", indica Bruno Ortiz, de El Comercio. "En el caso de los alumnos de secundaria, la proporción crece al 37,5%. Son los estudiantes de educación superior no universitaria (60%) y superior universitaria (81.6%) quienes más aprovechan la Red.

Ortiz añade que "la cifra más alarmante es la referida al lugar de acceso a Internet de personas de seis años de edad en adelante: sólo el 8,3% lo hace desde su establecimiento educativo, mientras que el 56,1%, desde una cabina pública y el 36% desde su hogar".

En algunos de los países de la región toman forma esfuerzos innovadores que intentan tender puentes hacia las zonas menos favorecidas, en el campo, lejos de las ciudades principales, y donde la brecha se convierte en abismo y una pantalla con teclado y navegación parecen cosas de ciencia ficción.

En esta categoría se inserta, por ejemplo, la iniciativa ecuatoriana denominada Internet Para Tod@s, con aulas móviles a través de vehículos equipados con alta tecnología que circulan por el país para dar capacitación digital a la población.

Quizá la experiencia más ambiciosa (y exitosa) sea la de Uruguay, gracias a los avances logrados por el Plan Ceibal, que entregó laptops a todos los alumnos de primaria y secundaria de las escuelas públicas del país, que son mayoría. El Plan Ceibal, de hecho, explica buena parte de la penetración de PC en los hogares uruguayos. Según el último dato disponible, 70% de éstos tienen un equipo si se incluyen las computadoras del plan en ese racconto .

Más aún, uno de los principales escollos -la escasa preparación de los maestros en Uruguay para incorporar las laptops a las clases- ha sido superado con el paso de los años y pese a cierta resistencia inicial de los sindicatos educativos. Además, el Plan Ceibal generó dos programas educativos que se transmiten por el canal estatal, lo que ha ido aumentando la familiaridad de los maestros con la tecnología.

Planes similares fueron puestos en marcha en otros países de la región -entre ellos, la Argentina y Venezuela, donde se han repartido ya un millón de laptops a alumnos de educación primaria- con distinta suerte. Sin duda, en América latina los sistemas de enseñanza han sido rebasados por la tecnología -literalmente- a la velocidad de la luz, mientras que más allá de los muros de las aulas -y también más allá de la burocracia gubernamental- el voraz apetito digital de los consumidores, estudiantes incluidos, es saciado por una oferta asimismo frenética que hoy vuelve obsoleto lo que apenas ayer fue novísimo. Así, de vértigo, es el ritmo de la tecnología, y ese ritmo no cederá para que los proyectos educativos de nuestros países la alcancen.

Texto de Mario Alegre-Barrios, de El Nuevo Día, de Puerto Rico, con la colaboración de Raquel San Martín, de La Nacion; Fabián Muro, de El País, de Uruguay; Emily Avendaño y Ariana Guevara Gómez, de El Nacional, de Venezuela; Bruno Ortiz B., de El Comercio, de Perú; Nurit Martínez Carballo, de El Universal, de México; Ana María Valencia, de El Comercio, de Ecuador; Pamela Elgueda Tapia, de El Mercurio, de Chile; El Tiempo, de Colombia; Pablo Fonseca Q., de La Nación, de Costa Rica, y Lauro Neto, de O Globo, de Brasil.

EXPERIENCIAS

CHILE

El 91% de los alumnos de escuelas públicas y subvencionadas por el Estado tiene acceso a Internet en ellas. El 90% de los docentes lleva un promedio de 9 años usando la PC en las clases.

COLOMBIA

El plan "Computadores para educar" llevó equipos y conexión a 7 millones de chicos. Pero aún 8000 escuelas públicas no tienen computadoras.

BRASIL

El gobierno construyó 83.620 laboratorios de informática en 67.000 escuelas, para 44 millones de alumnos. Sin embargo, unos 9,5 millones aún estudian en escuelas sin laboratorio de informática.

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