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Salen a la luz los secretos de un barco del siglo XVIII

El público podrá conocer las piezas encontradas en la nave que fue hallada en Puerto Madero
Cynthia Palacios
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1 de septiembre de 2012  

A cuatro años de su hallazgo y después de casi tres siglos de haber quedado varado en estas costas, el barco mercante español descubierto en Puerto Madero sigue sorprendiendo.

Algunas de las 15.000 piezas del barco encontrado en diciembre de 2008 serán parte de una exposición en la Dirección General de Patrimonio porteña, en la casa del virrey Liniers, en Venezuela 469, que comenzará el jueves 27.

Uno de sus cuatro cañones, sogas y cabos, restos de vasijas, cerámicas, pipas, un cuchillo con su vaina, una increíble madera tallada por algún marinero anónimo y dos monedas de cobre serán parte de esta exposición que combina piezas antiquísimas con la más moderna tecnología.

Fotografías, videos en 3D y dibujos se combinarán en la exposición, que tendrá un inmenso mapa del barco y de dónde fue encontrado cada uno de los 15.000 restos inventariados.

Como suele suceder con los tesoros hundidos, el proyecto Pecio Zencity se convirtió en un rompecabezas que, pieza a pieza, fue mostrando sus secretos. Cada resto abrió la puerta a un trabajo interdisciplinario que permitiera ubicarlo en el tiempo y descubrir sus usos.

Al barco se lo bautizó así porque se denomina "pecio" a los restos de una embarcación naufragada y Zencity es el nombre de los edificios que se construyeron en el terreno donde yacía el barco.

Aunque en un primer momento se lo creyó un galeón, más tarde se supo que se trataba de un barco mercante español de navegación oceánica, de mediados del siglo XVIII. "Tenía un porte mediano, de no más de 30 metros de eslora", explicó el arquitecto Javier García Cano, que, junto con Mónica Valentini, son los encargados de desovillar la fascinante historia de esta nave.

El arquitecto, experto en arqueología subacuática, recordó que el barco se utilizaba para transportar mercancías, como aceitunas y pescado salado. Herramientas de labranza y piezas de uso cotidiano, como tazas de cerámica para mantener fría el agua y objetos de valor comercial.

Uno de los restos más preciados es el de ese tipo de cerámica española, de la que sólo quedan vestigios en Cuba y después de este hallazgo, en la Argentina. "Especialistas españoles nos dijeron que no conservan ninguna pieza, aunque ellos mismos la fabricaban", confió García Cano.

Para él, la "joya" de la muestra es el trozo de madera dibujado bajo relieve. "No por el valor de la madera sino porque no existe una pieza igual en toda Latinoamérica", aseguró.

"Toda esta idea de la arqueología urbana apunta a la reconstrucción de la vida cotidiana, que tiene una enorme riqueza, no a la historia de héroes que cuentan los libros. Estas piezas nos cuentan cómo se vivía, cómo se amaba y cómo se moría en un barco español que comerciaba y sostenía la relación de la península con este lugar perdido", afirmó a LA NACION el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi.

Aunque se encontraron muchos restos óseos, se descubrió que pertenecían a animales. "La especulación que tenemos es que no son huesos de a bordo porque el barco quedó varado muy cerca de la costa y no se hundió, así que es muy posible que nadie haya muerto. La existencia del barco varado en la costa promovía que la basura decantara ahí", consideró el arquitecto.

Dos empresas constructoras se toparon con este invalorable hallazgo arqueológico en las entrañas de Puerto Madero, el más grande en la historia de la ciudad, cuando construían los cimientos de unas torres. García Cano recordó que en sólo 62 días se hizo un trabajo que puede llevar hasta seis años: vaciar y desenterrar el barco para que pudiera seguir la obra.

En un operativo inédito, las 25 toneladas de madera se levantaron y fueron trasladadas a seis kilómetros de allí, a un predio en la avenida Pedro de Mendoza al 3000, donde se lo volvió a enterrar. "Es la mejor manera de conservarlo a muy largo plazo y a muy bajo costo", explicó García Cano. "Está estabilizado, con monitores que nos cuentan cómo está", agregó.

En el equipo de recuperación trabajan 30 especialistas. Cada material tiene sus bemoles de conservación. Y para hacerlos públicos, los expertos trabajarán sobre el cañón durante la muestra.

Tesoros sumergidos

  • Artesanos de la historia. Una minuciosa clasificación de cada uno de los restos fue el primer paso para este equipo de 30 especialistas en arqueología urbana. Luego comenzó el trabajo de reconstrucción y conservación de cada fragmento, que requiere distintos procesos de acuerdo con el material del que estén compuestos.
  • 300

    Años bajo el agua. El barco mercante tenía, como mínimo, dos palos para velas. En su interior se encontraron materiales orgánicos (cuero, sogas) e inorgánicos (cerámica, balas, cañones).
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