La política fiscal perdió poder de fuego

Nadín Argañaraz
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2 de septiembre de 2012  

Frente a una desaceleración en la actividad económica real, aparecen diversas respuestas gubernamentales posibles. Una de ellas está sustentada en la política fiscal. De manera sintética, la esencia de las políticas contracíclicas que identifican a la desaceleración como un problema de demanda es, precisamente, lograr una reactivación a través de dos vías independientes o combinadas: reducir la presión tributaria para mejorar el ingreso disponible de los agentes económicos y/o aumentar el gasto público. Siempre, en estos casos, el objetivo es inyectar combustible a la economía, que idealmente debe ser el más potente posible.

En la actualidad, la estrategia fiscal a nivel nacional consistiría, nuevamente como en 2009, en mantener relativamente alto el ritmo de aumento del gasto, frente a una desaceleración de la recaudación. De todos modos, si se analiza la evolución de los últimos años, se puede afirmar que el gasto público creció por encima de los recursos fiscales durante la mayoría de los meses. Lo anterior llevaría a afirmar que, excepto 2009, hemos tenido una política fiscal procíclica, pues disminuir el superávit o aumentar el déficit en épocas de expansión económica es intentar hacer crecer la demanda agregada más que lo que lo haría sin esa política.

Dado este contexto, se pueden analizar la magnitud y las principales características de la política fiscal contracíclica que se habría llevado a cabo en 2009 y la que se estaría implementando en lo que va de 2012. Como el comportamiento fiscal expansivo preexistía al inicio del proceso de desaceleración de ambos años, lo que se analiza es el grado de profundización de la caída del superávit o del aumento del déficit.

En efecto, se puede tomar como indicador comparable a la ampliación de la brecha existente entre la velocidad de crecimiento de los gastos y la de los ingresos. Este mayor diferencial de velocidades generó un resultado primario inferior en 2009 y podría afectar el resultado fiscal en 2012, siempre en comparación con una alternativa en donde no se hubiese emprendido tal política.

A comienzos de 2009 se evidenció una profundización de las diferencias de crecimiento del gasto por encima del de los recursos, que proseguiría hasta cerrar el año con una diferencia de velocidades de 11 puntos porcentuales. La consecuente reducción del superávit fue equivalente a un aumento de 8,4% del gasto, que no se hubiese dado de mantenerse inalterada la brecha respecto de 2008.

Actualmente, se lleva acumulado un crecimiento del gasto de 8 puntos porcentuales superior al alza de los ingresos. Para lo que resta de 2012, si esa conducta diferencial de las variables fiscales se mantuviera, el comportamiento contracíclico implícito equivaldría a un crecimiento del gasto de 3,1%, siendo de menor magnitud que en 2009.

Otro aspecto clave para entender el comportamiento fiscal diferencial entre ambos períodos tiene que ver con el "financiamiento" de la política contracíclica. En 2009, aun cuando la mayoría de los ingresos tributarios se encontraba en fuerte desaceleración, el sector público contó con el sostén que le proveyeron los aportes a la seguridad social recuperados (aportaron 5 puntos de los apenas 13 que creció la recaudación ese año). Asimismo, en 2008 se había acumulado un superávit primario de 3,1% del PBI y el superávit fiscal había sido de 1,4% del PBI, lo que le daba un cierto "colchón", que fue utilizado: el superávit primario en 2009 fue de 1,5% del PBI, y se volvió al déficit fiscal (0,6%) tras seis años ininterrumpidos de superávit.

Mientras tanto, todo indica que en 2012, frente a la virtual desaparición de superávits fiscales de períodos previos (el resultado primario de 2011 fue de 0,3% del PBI y luego de pagar intereses se tuvo un déficit de 1,7% del PBI), la política de enfrentar la desaceleración general de los ingresos y la aceleración contracíclica del gasto público sin recursos tributarios extraordinarios va a ser financiada de manera importante por emisión monetaria. Al respecto, una comparación muestra que en 2009 el sector público fue prácticamente neutral desde el punto de vista de la generación de emisión de dinero; y los datos de los primeros siete meses de 2012 revelan que el sector público ya es responsable de más de la mitad (53%) del crecimiento de la base monetaria.

Evidentemente, el escenario ha cambiado y los grados de libertad de la política fiscal son menores que en 2009. Como las cuestiones políticas tienen su importancia en las decisiones de la hacienda pública, no puede dejar de recordarse que en aquel año se celebraron elecciones legislativas, que alguna influencia deben haber tenido en el comportamiento fiscal en general y del gasto en particular.

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