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Abstracta y secreta

A los 87 años, Ana Sacerdote expone por primera vez, en la galería Jorge Mara, sus obras realizadas en la década de 1950; sorprendente hallazgo de una refinada colorista-musical
Julio Sánchez
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14 de septiembre de 2012  

En la cubierta de un barco –el Giulio Cesare– un grupo de pasajeros felices posa para la foto del recuerdo. Preside la mesa un rey Poseidón acompañado de su consorte y secundado por cuatro bellas jóvenes con ampulosos collares y túnicas blancas; en cuclillas o sentados en el piso hay tres piratas, los dos más jóvenes con sendos alfanjes de utilería, y el que parece mayor, con turbante, túnica y alpargatas. La fotografía está fechada en 1956 y la más menuda de las mujeres es Ana Sacerdote, que se embarcaba hacia París becada por el gobierno francés. ¿Quién es ella? Casi una desconocida en el medio artístico que hoy, a los 87 años, puede ver colgadas por primera vez en el austero espacio de la galería Jorge Mara las obras que produjo en la década de 1950.

Nació en Roma en 1925, y llegó con su familia a la Argentina a los 14 años a bordo el buque Oceanía. Estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y también con Lino Enea Spilimbergo. Mujer inquieta con intereses centrados en el deporte –jugaba tenis y participaba en regatas–, en la música –integró el coro de la Sociedad Hebraica–, el diseño –con la venta del diseño de seis corbatas financió un viaje a Bariloche para practicar esquí y montañismo–, y las nuevas tendencias del arte, participó de los encuentros de la naciente Asociación Arte Nuevo con Carmelo Arden Quin, Aldo Pellegrini, Gregorio Vardánega, Luis Tomasello y otros más. En 1956 publicó en el primer número de la revista Arte Nuevo "Acerca de un hipotético tratado de armonía de la pintura", texto en el que propuso la aplicación de reglas de composición musical a la composición de la pintura abstracta, tema central de toda su obra.

Se casó con Paul Guthmann en 1957 y se radicó algunos años en Río de Janeiro y en San Pablo; en 1968 volvió definitivamente a Buenos Aires. Continuó pintando su serie de abstracciones, incursionó en el mundo cibernético y expuso dibujos geométricos realizados en computadora en 1979, en 1984 y en 2000.

Las obras rescatadas para esta exposición plantean sutiles planos de color ordenados en forma de cuadrados y sus derivados que se achican, se agigantan, suben y bajan, se interceptan y se imponen unos a otros; los óleos y gouaches muestran un dinamismo inusitado y gran parte de ellos se inspiran en la teorías que buscan un paralelo entre los acordes de sonido y los armonizaciones de color. Sacerdote se remonta a una tradición de diálogo entre la pintura y la música que han transitado Wassily Kandinsky y Paul Klee, entre otros.

Hombre de vasta cultura, rara avis entre los galeristas locales, dueño de un biblioteca más que importante, Jorge Mara pone tanto énfasis en las muestras que organiza como en los catálogos que la acompañan; le encargó a Manuela López Anaya –su diseñadora fetiche– un libro de características únicas e inusuales en el medio: tapa dura, sobrecubierta, 124 páginas a color, el ensayo erudito de José Emilio Burucúa y la cronología de vida de David Wesely hacen de éste el respaldo bibliográfico que la obra de Ana Sacerdote necesita.

Ana Sacerdote en Jorge Mara-La Ruche (Paraná 1133) hasta el 29 de septiembre

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