La genialidad de ser zurdo

Que el mundo está hecho para diestros, se sabe. ¿Pero alguien se puso a pensar qué aptitudes sobrenaturales desarrollan los zurdos para superar la adversidad? La autora de esta nota sí, y sus conclusiones son, al menos, inquietantes.
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14 de septiembre de 2012  • 15:47

Escribo esto con una sola mano.

Me acabo de cortar el dedo mayor de la mano derecha con una cortadora de fiambres.

Si no fuera zurda, no me habría cortado con la cortadora de fiambres, que está hecha para diestros. Pero, si fuera diestra y me hubiera cortado con la cortadora de fiambres, no podría escribir nada… Por ser zurda, mi mano izquierda continúa intacta. Y así puedo escribir esto. ¡Algo es algo! Y es algo muy importante.

Pienso en esta paradoja mientras bajo las escaleras del subte. Tecla por tecla voy a escribir algo sobre qué se siente ser zurdo. Llego al molinete y le pido al policía que me deje pasar sin pagar. Antes de que me diga sí o no, paso por el molinete de emergencia. Mi mano derecha, con el dedo mayor tronchado y vendado, es un gran ¡fuck you! a este mundo de diestros para diestros.

¡Por fin alguien se decide a hablar en serio de nuestra vida! Pero reflexionarlo de verdad. Los textos sobre zurdera suelen hablar de los problemas que solemos enfrentar con los electrodomésticos. O si no, explican científicamente por qué somos tan geniales. Todo se queda en la historia del polo cerebral y la anécdota de las tijeras. Y se entroniza a personas tan diferentes entre sí como Maradona, Messi y Da Vinci.

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Yo tengo mis propias ideas de por qué somos tan geniales, y para explicarlo voy a tomar unos ejemplos que hasta ahora nadie contó, y que ni se imaginan que existen.

1. El mundo grabadoen tu cabeza

Una chica zurda de diez años va a ponerse una hebilla con forma de mariposa, o corazón. ¿Qué ocurre? La mariposa queda cabeza abajo, y el corazón, en vez de ser un corazón, es una gota deforme. La "pobre chica zurda", si tiene un poquito de "sentido común", comprende que no puede ir por el mundo con la cabeza adornada de una manera tan ridícula.

Un mundo hostil te puede convertir en algo cercano a lo "siniestro" (¡ejem!), pero vos podés tomar una posición afirmativa e ir contra él. La chica decide sacarse la hebilla y usar la mano derecha para que la hebilla quede "normal". Sin embargo, ¿su peinado es tan prolijo como antes? No, porque no lo hizo con su mano hábil.

O sea que, a pesar de ser normal, el mundo sigue dejando su huella, casi invisible pero huella al fin, grabada en su cabeza.

2. Jeroglíficos de nuestra vida

Este ejemplo es increíble. Un zurdo estudiante pasa gran parte del tiempo resaltando frases con fibrones flúo en las fotocopias. Este fibrón se llama High texter paper-copy-fax, de la marca Trabi.

Si posiciono en la mesa el marcador de manera que la leyenda quede hacia arriba y sea legible la marca del fibrón, el capuchón del marcador quedará del lado izquierdo. Es la posición en que un diestro lo tomaría, usando la mano derecha para tomar el marcador y la mano izquierda para sacar el capuchón. Situado en esta posición, para poder maniobrar el marcador, el estudiante zurdo tiene que darlo vuelta. ¿Qué ocurre después? Inconscientemente nos ocurre, como personas alfabetizadas, que tarde o temprano volvemos a colocar el marcador "correctamente", es decir, de manera que podamos leer lo que dice la leyenda de la marca. Y así, cada vez que lo tenemos que usar por primera vez, tenemos que darlo vuelta.

Nótese el tiempo perdido en dar vuelta el marcador, el estrés que produce que algo no funcione y tener que cambiarlo. Y también otro pequeñísimo detalle: mientras resalta las fotocopias, cuando mira su resaltador, el estudiante, estresado por que en breves horas dará un examen, ¿qué ve? IBART xaf-ypoc-repap- RETXET HGIH. ¿Cómo? Sí. Para un zurdo el marcador no se llama High texter paper-copy-fax, de la marca TRABI, se llama IBART xaf-ypoc-repap- RETXET HGIH. Si no lo creen, hagan la prueba.

3. Trasero I

Y acá está esta preciosa taza con un dibujo grabado que dice: ¡Que tengas un día genial, que tu vida esté llena de éxito, salud, dinero y amor". Qué lindo, voy a desayunar con esta taza y comenzar el día con toda la energía. ¡Ay, pero qué lástima, porque mientras la use, no podré leer el mensaje, ya que solamente veré la parte de atrás!

4. Trasero II

Apoyo el dentífrico en el lavatorio. Lo que veo ahora no es la leyenda que dice "Colgate", sino la parte de atrás del producto. Hay cosas peores, me dirán... Sí, bueno, siempre hay cosas peores. Yo no fui a la guerra, no estuve en la cárcel ni perdí un hijo. Sin embargo, soy zurda y te puedo decir, mediante este simple ejemplo y el anterior, que ser zurdo es como estar entre bambalinas, es vivir mirando "el culo del mundo", o mejor aún, es como habitar el patio del Cosmos.

5. Trasero III

¡Eureka! Después de analizar lo sucedido con el fibrón y el dentífrico, por fin entiendo por qué siempre me toca agarrar el lápiz labial con la mano derecha. "¡Pero si el lápiz labial es simétrico, vos estás loca!", me decía una amiga cuando yo perjuraba que estaba hecho para diestros. Si no, ¿por qué siempre me encontraba tomando el lápiz labial con la mano derecha, si yo quiero usar la izquierda? Y era que la etiqueta del lápiz labial me obligaba, por una cuestión alfabética, a ir en contra de mi naturaleza.

6. No se me escucha

En los actos, en el momento de aplaudir, me preocupaba por aplaudir bien fuerte, por hacer escuchar mi aplauso. Hasta que un día se me ocurrió aplaudir al revés. En lugar de usar la mano derecha, usé la mano izquierda ¡Clap clap! ¡Voilà! ¡Mi aplauso era mucho más fuerte! La presión social, la costumbre me habían hecho copiar el aplauso del resto del mundo, y así fue que mi aplauso resultaba inaudible. Ya a esta altura de mi vida, cambiar la mano con la que aplaudo me resultaría un poco complicado, por eso hasta el día de hoy, soy una persona disminuida a nivel sonoro.

7. Uno que sepamos todos

Un zurdo debe pasar el molinete del subte y para hacerlo tiene dos opciones. Usar la mano derecha y enfrentar algunos contratiempos: se le cae la billetera al piso, no posiciona bien la tarjeta y la máquina no la lee. O puede usar su mano izquierda y con una contorsión espantosa entrar al molinete dando marcha atrás.

En el primer caso, tenemos una persona malhumorada y torpe; en el segundo, una persona que va en contra del mundo.

A veces viajo en el subte y veo una mujer que está sacando algo de su cartera con dificultad, porque el cierre de la cartera se abre de izquierda a derecha; veo esa persona contracturada, que escribe en forma vertical, con la mano manchada, que las espirales del cuaderno le pinchan la mano o que no le funciona la lapicera, porque los zurdos no pueden usar la lapicera, ya que por la postura de la mano ¡la tinta no baja!, y pienso: pobres zurdos retorcidos.

Cuando tenía tres años, mi madre me llevó al médico. Yo agarraba las muñecas por las piernas y los cubiertos de arriba para abajo. El médico le dijo que esperara un tiempo. Y esa conducta desapareció. Ahora entiendo qué estaba ocurriendo. Estaba entendiendo que para mí, el mundo estaba dado vuelta.

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De estos ejemplos y de mi propia experiencia, rescato varias conclusiones.

Que el zurdo sufre, que está estresado, que es torpe, raro, disminuido y retorcido.

Y, sin embargo, hay algo mágico y poderoso en nuestra existencia.

Y es ese momento en el que pasamos por el molinete o nos atamos el pelo con la hebilla usando la mano derecha. En esos momentos, fuimos zurdos y diestros al mismo tiempo. Hicimos una trampa: estábamos afuera, y fugazmente nos mezclamos con ese mundo hostil. Hicimos algo que va contra la naturaleza humana, que siempre debe optar entre dualidades: hombre-mujer, blanco y negro... Hicimos algo espectacular, porque siendo dos cosas al mismo tiempo, estando adentro y afuera, destruimos el sistema universal de dualidades. Destruimos el esquema de manera invisible.

Un zurdo es una persona mágica. Como para él casi todo está al revés, ve el mundo en espejo.

Vive naturalmente con sus fibrones IBART, molinetes, botones, cierres, tijeras, mouses, teclas enter, timbres, picaportes, cinturones de seguridad, lapiceras, pupitres, cordones de las zapatillas que comprás y te vienen puestos, roscas de los electrodomésticos, canillas de agua caliente, dibujos estampados en las tazas, etc. interminable.

Cuando toma contacto con el mundo, las cosas se le resisten, lo agreden, o se le muestran al revés. Así el zurdo contempla frente a frente el molinete, la pasta de dientes, la taza. La taza es mi enemigo, es un objeto que me enfrenta, y por lo tanto soy igual a ella. El zurdo se encuentra colocado al mismo nivel que los objetos. Es infrahumano, porque es más parecido al trasero de una taza que a un ser humano. Desde esa extraña posición, el zurdo-taza ve la vida en espejo, y en ese espejo, el zurdo-taza ve el mundo.

Él puede ver la realidad más real y más cruda; la realidad más real que nadie puede ver. Es cierto.

El zurdo siente que vive afuera. Se puede decir que forma parte de una minoría. Como señalaba Borges refiriéndose a la literatura argentina y comparándonos con la comunidad judía –en un ejemplo en que hoy se podría incluir a América latina entera–, ser outsiders es lo que nos permite tener una mirada desprejuiciada, abierta, librada al juego y al azar. Ser segundos, menores, nos permite ser salvajes. La sombra de los poderosos nos oculta del deber ser. Nos hace libres.

Un artista sufre y hace grandes obras pero si es buen artista; no intentará narrar su sufrimiento, sino que su melancolía lo hará mirar un insecto y encontrar algo digno de contar acerca de ese bicho. El sufrimiento nos aparta de los otros y nos da una distancia para poder contemplar el mundo.

El sufrimiento que padecemos como zurdos es una experiencia privada y difícil de compartir, tanto que no la compartimos ni siquiera con otro zurdos. Como diría Masotta, analizando a Arlt, somos una comunidad de silencio, una comunidad de humillados. Personas que están tan al margen que ni siquiera pueden verse entre sí, ya que al verse, contemplan su propia miseria y la desprecian. Prefieren renegar de su propia clase en pos de olvidar el dolor. Como zurdos hemos borrado esa innumerable lista de sufrimientos, que se dieron sobre todo en la niñez.

Pero esa mirada está, esa sensibilidad permanece en nuestro corazón.

Para un zurdo, nada es natural. Ya que ser zurdo es una lotería de la naturaleza, y todo está dado vuelta, para el zurdo todo es posible. La arbitrariedad está a la orden del día. Un zurdo está abierto a todas las posibilidades, a todas las jugadas imaginables.

Todas estas características se aplican tanto a deportistas como a artistas zurdos.

En el cerebro de Messi, la cancha entera y las jugadas están proyectadas como un espejo y él está preparado y abierto a todas las alternativas que puedan ocurrir.

Y un artista zurdo lo único que tiene que hacer es respirar y ver si puede trazar algo en un papel. Al hacerlo, como no es un artista sino una taza-artista, seguramente dejará trazado algo verdadero y real del mundo, algo que todos podrán decir, ¡guau!, esto es algo material.

El mundo nos entroniza. Dicen que somos inteligentes, creativos. En verdad, es un modo de pedir perdón por humillarnos día a día.

Al igual que se celebra el día de la mujer para compensarla en algo de sus grandes trabajos e impulsarla a continuar con ellos.

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No pretendo con este texto cambiar el mundo ni hacer que haya conmiseración o respeto por nosotros. Este texto no sirve para nada, sólo para aliviar mis ganas de contar la gran verdad de nuestra vida. Pero lo cierto es que por más textos que se escriban, seguiremos siendo olvidados, humillados, invisibles. Y allá está nuestro poder.

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