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Salamanca Rock 2012: sin folk ni son

En la tercera edición del festival en Santiago del Estero se presentaron Babasónicos, Las Pastillas del Abuelo, Estelares, Los Pericos y más
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20 de septiembre de 2012  • 13:53

El escenario se emplaza a metros de las vías por donde pasa el tren que formó la identidad de los habitantes de La Banda, la segunda ciudad en importancia de la provincia de Santiago del Estero. Allí se erige como un núcleo que atrapa a los símbolos de la ciudad: el tren, cuya llegada le dio impulso económico a la ciudad, y la música: lo que le da reconocimiento a nivel nacional. No en vano este escenario que hoy alberga rock está a metros de la casa de la familia Carabajal, que semanas antes albergó a miles de turistas que vinieron, como todos los años, a formar parte espontáneamente de la fiesta popular celebrada por la familia fetiche del folclore argentino.

La Salamanca Rock va por su tercera edición y es el hermano menor del exitoso La Salamanca folclore que verano a verano convoca miles de personas entre comprovincianos y foráneos. En la primera edición, casi tímidamente, esta herencia folclórica se hizo evidente con la suma de artistas de música de raíz a los de rock (como el caso del bailarín Juan Saavedra a la performance de Divididos) y el año pasado la simultaneidad de música de raíz folclórica y rock se instaló audazmente con la aparición en la grilla de Peteco Carabajal y Raly Barrionuevo, entre otros. Esta suma de folk and rock no vino a enlazar las manos de los géneros si no que puso en evidencia sus diferencias. Disparó críticas del público más ortodoxo e inauguró preguntas acerca de los límites de las nomenclaturas genéricas musicales. Y eso fue rock. El movimiento, el conflicto, el intento de destrucción del status quo, la instalación de la incomodidad. Ese era un criterio rock. Correr el riesgo. Definir una identidad propia y diferenciadora de un festival que proponía más de lo que acataba, que arriesgaba más de lo que se aferraba. Fuera de la convención, de la seguridad de la aceptación. El rock es un género que en la provincia busca su identidad y tiene un festival que es su reflejo: parece pasar por los mismos conflictos adolescentes. El problema radica no en las respuestas si no en la no formulación de las preguntas.

Incluso esto habría sido arriesgado si el cruce no hubiera sido con el folclore, si no con cualquier otro género. Lo que pasa es que el folclore en Santiago del Estero son los padres, en el sentido psicoanalítico: se está en contra o a favor, nunca se es indiferente a esta influencia. Este año se dejó de lado casi absolutamente esta tendencia que se insinuaba como una posible dirección en la curaduría de un festival al que le urge diferenciarse, teniendo en cuenta que se realiza en una zona geográfica del país alejada de los grandes shows nacionales e internacionales. Y, al querer intentar obviar esta presencia casi física de la música de raíz, la grilla se transformó en un cúmulo de buenas intenciones que dejaron muy difuso el objetivo final de la realización de este festival.

Teniendo en cuenta que fue organizado (y pagado por la municipalidad de la ciudad) fue un gran acierto el hecho de realizarlo al aire libre y con entrada gratis, lo que congregó miles de personas (se calcula unas tres mil la primera noche y cinco mil la segunda). Otro de los aciertos fue un concurso previo realizado semanas antes en el que participaron bandas emergentes de todo el país para estar presentes en esta edición. Los ganadores fueron los tucumanos de Skaces Reggae, muy aplaudidos en la primera noche, y una prolija propuesta de Tres Orillas, desde la lejana Río Grande.

Emergentes urgentes

Sin dudas la revelación del festival fue Eruca Sativa, los cordobeses afincados en la ciudad de Buenos Aires que se presentaron la noche del jueves. Emocionados porque ese mismo día a la mañana, Mario Pergolini presentaba en Vorterix el primer corte de su tercer disco, el power trío le voló la cabeza a los santiagueños que asistieron a un despliegue de virtuosismo, carisma y energía. La batería furiosa y exacta de Gabi Pedernera, el único varón del trío, se sumaba al bajo lúdico de Brenda Martín y las destrezas de la guitarra de Lula Bertoldi que demostraron que todavía hay cosas nuevas bajo el sol.

Otros que prometen y cumplen son los jujeños de La Gallega, que con una impronta muy Dividos, sorprendieron con la versión rocker de "Tonada para remedios", sin caer en los clichés de la "fusión" de géneros, si no más bien como propone Liliana Herrero, desde la "contrafusión": "desarmar el legado y recomponerlo de otro modo. Lo antiguo y lo moderno no en mezcla, si no en choque".

Al promediar la medianoche, con el público entonado tras varios fernets de quince pesos el vaso que se vendían casi de contrabando por la prohibición municipal de vender alcohol en las cercanías del escenario, se subió Manuel Moretti encendiendo la locura teen. Instalados masivamente por la preponderancia de la canción, la capacidad de ser reproducidas caseramente, el punch radial/televisivo de algunos de sus estribillos y el universal tema del amor como pulsión creadora. Influenciados por el tango, aunque ese reflejo ya esté opaco, Estelares se define como una banda netamente argentina. Después de una hora de show, Manuel se despidió paternal y tiró un consejo: "Lean mucho, vean muchas películas, no se dejen engañar. Engáñense ustedes mismos".

Más tarde, uno de los grupos más esperados aterrizó en el escenario salamanquero. Las Pastillas del Abuelo paseó al público por sus temas más conocidos y algunos de "Desafío", el último disco de la banda. Piti, generoso y de oído atento, destacó sobre el escenario la actuación de Eruca Sativa. Completaron la grilla de la primera noche: los santiagueños de Caterva, Memoria de Atari, Kooper, los consagrados La Montonera, A.D.N., Fortaleza y Reinarás. De Buenos Aires: Zombies Suicidas y las reggae girls Hijas de Zion.

Figurita repetida no completa álbum

Babasónicos es la tercera vez que es convocado para la Salamanca Rock. El carisma insólito de Dárgelos, su look excéntrico y el imán de los hits radiales hacen que cada presentación de esta banda sea un éxito asegurado. Lo que hace ruido (además de los acoples que se sumaron a lo largo del show) es que un evento auspiciado por un ente público con una cartelera mainstream acotada y que tiene por objetivo acercar al público local los shows que le son negados por la geografía y la economía, convoque tantas veces consecutivas a la misma banda. Y paradójicamente deja de lado a referentes under de la provincia que se abren paso en Buenos Aires como Alimaña y Juan Terrenal. Lo cierto es que Babasónicos no defrauda jamás, se permite el paso por el rock más glam en medio del festejo masivo. Ya lo cantan ellos y lo corean todos: "Chicos ricos, no se asusten tanto, esto es sólo una fiesta popular".

Antes, La Banda había recibido a Los Pericos que luego de veinte años regresaron a Santiago del Estero. Brindaron un show lúdico que incluyó el obvio repaso por todos sus hits, juegos percutivos con el público y el afianzamiento de Juanchi Baleirón como un energético showman capaz de soportar la comparación con el Bahiano. La calurosa noche del viernes congregó además a Perro Ciego desde Salta, Salto Seis (cuyo líder, descalzo, se sumó al pogo), Raza Trunca, Azero Rock y los marplatenses Che Joven desde Buenos Aires.

Por Lucrecia Carrillo

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