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Opciones y límites para un plan de salud

Qué mirar para elegir y para pagar un contrato de servicios médicos
Silvia Stang
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23 de septiembre de 2012  

Ya sea usando dinero del bolsillo, del aporte obligatorio del salario o la jubilación –o una combinación de ambas cosas– o de la contribución mensual del monotributo, la posibilidad de elegir qué plan de salud pagar, enfrenta al desafío de saber qué cuestiones pueden tenerse en cuenta. Más aún en un escenario en el que hay aumentos periódicos de cuotas de los planes privados, impulsados en parte por el alza general de precios, pero en parte también porque la actividad sanitaria tiene su propia inflación. Y esto afecta de manera particular a un sistema como el argentino, en el que los contratos que pueden ofrecer las prepagas o cualquier entidad, son poco flexibles.

Este último punto marca un primer aspecto, que tiene que ver con los planes disponibles: la ley establece que todos deben contener, como mínimo, el Programa Médico Obligatorio (PMO) completo. No hay, entonces, posibilidad de optar por un plan parcial, que contemple algunas especialidades médicas. La regla tiene tres excepciones: se pueden comprar planes sólo odontológicos o sólo de servicios de emergencias. Y se puede acceder a planes con sólo una parte del PMO, si la empresa vendedora trabaja en una única localidad y no tiene más de 5000 usuarios.

Todas las entidades que ofrecen planes de salud están controladas por el Estado. Las obras sociales, que forman parte del sistema de la seguridad social, reciben los aportes y las contribuciones salariales de empleados y empleadores. A cada asalariado se le descuenta el 3% de su sueldo y el empleador aporta otro 6 por ciento. A la obra social, finalmente, llega por lo general el 7,6%, porque una porción de los recursos va automáticamente a un fondo común que garantiza un ingreso mínimo per cápita a cada obra social y que cubre tratamientos costosos.

El destino de esos recursos puede ser decidido por el asalariado dentro de dos subsistemas: el de obras sociales sindicales y el de personal de dirección. Los listados de entidades habilitadas en cada segmento, y también los de las que aceptan a monotributistas, personal doméstico y jubilados, pueden consultarse en la página de la Superintendencia de Servicios de Salud.

Una práctica habitual en los últimos años es la de llevar esos aportes a planes de medicina prepaga, vendidos por empresas que tienen convenios con las obras sociales. Hay contratos corporativos, firmados por las empresas y hay opciones personales, ejercidas por el propio trabajador para derivar aportes (puede cambiar una vez por año).

En este caso suele haber una diferencia entre el precio del contrato y el aporte, que se paga del bolsillo.

La modalidad también existe para los jubilados, que pueden trasladar los aportes del PAMI –esta obra social, en rigor, transferirá un valor único y no un porcentaje del haber– a una obra social que previamente acordó con alguna institución de salud, que está habilitada a cobrar a los mayores una cuota de un valor de hasta tres veces el pagado por afiliados más jóvenes.

El valor promedio de los planes privados es de $ 690 por persona, según un estudio elaborado por Hugo Magonza, directivo de la Asociación Civil de Actividades Médico Integradas (Acami). Cuando se triangulan aportes, la diferencia promedio a pagar del bolsillo, es de $ 250.

Según las prepagas, los planes con copagos –pagos adicionales al requerir atención médica– tienen un valor mensual inferior en un 30% al resto. "La gente por lo general no los elige", advierte Jorge Piva, director general de Medifé.

Piva enumera algunos factores a tener en cuenta para pensar qué plan elegir: el listado de prestadores, el nivel de reintegros y la cobertura geográfica, son algunos.

Hace unos años, cuando se pretendió impulsar el uso de copagos, se dispuso que esos planes tendrían menos aumento de cuota que los demás contratos. Sin embargo, hoy las subas son de igual magnitud. Este mes, por ejemplo, todos los planes se incrementan un 7%, y las empresas siguen gestionando que las dejen aplicar más alzas.

Los copagos por consulta rondan los $ 30 y el valor se eleva para las prácticas o la internación. Algo que desalienta la adhesión a esos planes es el cobro adicional por prácticas no ambulatorias, porque eso hace imprevisible el futuro gasto posible. En líneas generales, un plan con copagos conviene a personas jóvenes y sin problemas graves.

Elegido el plan, parte del costo puede ser deducido del ingreso sujeto al impuesto a las ganancias. Tanto para autónomos como para asalariados, de las cuotas mensuales a una prepaga se deduce un monto de hasta el 5% del ingreso personal neto de aportes. De otros gastos médicos , la deducción tope es de 40% de la factura, siempre que no se supere el 5% del ingreso.

Gastos en el sector sanitario

La masa total de recursos subió 782% desde 2002, según un estudio de Acami

SECTORES

  • Cuánto se administra

    La medicina prepaga destina $ 5054 per cápita anuales; el PAMI, $ 4105 y las obras sociales, $ 2537. El Estado gasta $ 3062 y el ciudadano, $ 995 de bolsillo
  • Cuota

    En la medicina privada, el precio promedio por persona es de $ 690 mensual.
  • PERCEPCIONES
  • Elección

    Según una encuesta de la consultora Claves, 20,6% de los usuarios elige un plan por "la cobertura general"
  • Cambio

    El 37,5% de las personas que se mudaron de plan de salud lo hicieron a partir de un cambio de su trabajo. Un 22,5%, por imposibilidad de pagar la cuota
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