Secretos compartidos

Eric Clapton se enamoró de una moza, Vittorio Gassman no entraba en la cama y a Sean Connery le gustaron tanto las medialunas del desayuno que pidió que se las enviaran a Marbella. Anécdotas del Alvear, un hotel que cumple 80 años
Silvina Pini
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23 de septiembre de 2012  

Desde siempre los grandes hoteles fueron testigos de la historia y la vida social de una ciudad. Concebido originalmente para hospedar a la creciente cantidad de visitantes europeos que llegaba a Buenos Aires en los años 30, el Alvear Palace Hotel celebra este mes su 80° aniversario, con la certeza de formar parte de esa apasionante tradición.

En sus salones se casaron varias generaciones de una misma familia y se celebraron fiestas de todo tipo. El personal del hotel –600 personas, casi tres por habitación– comparte un acuerdo tácito: jamás revela nada de sus huéspedes. Sin embargo, algunas historias fueron imposibles de ocultar, como el elefante que una familia hizo entrar en el Salón Versailles durante un festejo, o la piscina de champagne que un hombre de negocios pidió como final de fiesta. Los mayordomos intercambian miradas cómplices y recuerdan a aquel padre que para el cumpleaños de 15 de su hija se había comprado un estupendo smoking, pero a una hora de comenzar la fiesta advirtió que no sabía cómo hacerse el moño. Pidió ayuda a los butlers que no pudieron asistirlo, sin antes hacer un viajecito en taxi hasta London Tie para tomar una clase exprés.

A lo largo de su historia el hotel recibió cracks del deporte, más de ciento treinta jefes de estado, ganadores de premios Nobel, gurúes de la moda, zares de los negocios, divas del cine, estrellas de rock y miembros de la realeza.

Con estilo. Carolina Herrera, de paso en 2009
Con estilo. Carolina Herrera, de paso en 2009

Emperadores, reyes y princesas se hospedan en la Suite Royale, de 200 metros cuadrados, con sauna. Allí pasó sus noches el emir de Kuwait, que pidió contar con un canal de televisión en árabe. La conexión se hizo en tiempo récord.

Quienes no pudieron alojarse en esta suite fueron los miembros de la corona de Holanda, en abril de 2006, cuando Máxima Zorreguieta, el príncipe Guillermo y la reina Beatriz vinieron en visita oficial. La habitación estaba ocupada y la reina en persona solicitó hospedarse en una habitación de inferior categoría. Al dejar el hotel, se despidió personalmente de los directores y empleados y les agradeció que tuvieran el detalle de organizar una muestra de pintura holandesa.

Luis Lisanti, director de Relaciones Institucionales y con casi treinta años en distintos cargos en el Alvear, pasa revista a un listado interminable de celebridades con las que ha tenido contacto personal, pero evoca a quien lo impactó especialmente: "Nelson Mandela me paralizó, sentí que estaba frente a alguien que era mucho más que un jefe de estado; estaba frente a una personalidad histórica mundial".

De todo el mundo, todas las artes

Más que un rey, en las paredes de Londres se ha escrito que Eric Clapton es Dios. Y se hospedó en el hotel desde donde caminaba para ver a la moza del restaurante Lola de quien se había enamorado. Sin corona, pero rey indiscutido del blues, B.B. King repartió entre el personal y otros huéspedes un centenar de púas con sus iniciales, que llevaba siempre en el bolsillo. A Daniel Barenboim le gusta ocupar una habitación en el noveno piso. Hasta allí suben un piano cuarto de cola cada vez que el maestro está en Buenos Aires. Y nunca falta el vecino que llama a recepción para preguntar quién toca tan maravillosamente del otro lado de su cama.

Máxima alegría. Los príncipes de Holanda, en marzo de 2006
Máxima alegría. Los príncipes de Holanda, en marzo de 2006

El rock nacional también conoce los placeres del Alvear. Muy lejos de su hit Demoliendo hoteles, Charly García tuvo su época de habitué y hasta le pagó los gastos a un psicoanalista inglés con quien se entrevistaba. Joan Manuel Serrat, apasionado del fútbol, ha organizado minipartidos dentro de su suite con otros músicos. Sin dar nombres, en este rubro Lisanti revela un pedido excéntrico: hubo quien solicitó que no entrara un solo rayo de luz natural durante su estadía y hubo que mandar a sellar las ventanas con black out. "Los escritores, en cambio –revela– son sumamente tranquilos; irradian un aura de buena onda." Sentados en el bar con un libro o una computadora portátil, se los ha visto a Rafael Alberti, Arthur Miller, Alvin Toffler, Mario Vargas Llosa, Rosa Montero, Carlos Fuentes e Isabel Allende que viene todos los años y adora tomar el té en el jardín de invierno.

Pocos saben que Walt Disney visitó la Argentina en calidad de embajador sin cartera en plena Guerra Mundial, con la misión de "persuadir a los latinoamericanos de que los dibujos animados eran mucho más divertidos que los nazis", según comentó The New York Times. Se hospedó en el hotel en 1941, junto con su mujer Lillian y a otros dieciséis artistas de su estudio. Se quedaron diez semanas, con todos los gastos pagos por el gobierno de Franklin Roosevelt. Durante su estadía, Disney quiso conocer a dibujantes locales y se encontró con Florencio Molina Campos, con quien compartió asados y bailes folclóricos.

Otro visitante ilustre fue Vittorio Gassman: el actor medía casi dos metros y las camas le quedaban cortas, lo que provocó una corrida para comprar unas nuevas, de dos metros veinte que, desde entonces, integran el mobiliario del hotel. También estuvieron allí Sofía Loren, Marcello Mastroianni (varias semanas en 1992, durante el rodaje de De eso no se habla), Catherine Deneuve y su hija Chiara Mastroianni, Sharon Stone, Salma Hayek y Sean Connery que durante seis años pidió que le enviaran por avión las medialunas a su casa en Marbella.

Mudo testigo de escenas de amor, celos y venganza. En 1991 Antonio Banderas había participado en el documental En la cama con Madonna cuando la diva del pop pasó por Madrid y Banderas estaba casado con Ana Leza. Fiel a su estilo, Madonna hizo explícitas sus intenciones de seducir al galán de Almodóvar. Cinco años más tarde, divorciado de Leza y casado con Melanie Griffith, Banderas vino a Buenos Aires a filmar Evita, con Madonna. Se hospedó en el Alvear con su mujer y, en una sabia decisión, la producción alojó a Madonna en otro hotel. Estuvieron 45 días y Melanie tuvo la enorme satisfacción de anunciar públicamente, y en especial a la compañera de trabajo de su marido, que estaba embarazada de Stella del Carmen.

Los directores de cine Alan Parker, Wim Wenders y Francis Ford Coppola pasaron aquí sus noches. Coppola, que es dueño de un hotel con pocas habitaciones en Palermo Soho, no tuvo prurito en aprovechar su estadía para preguntar por proveedores y empresas de mantenimiento.

Entre los popes de la moda, Karl Lagerfeld, Carolina Herrera, Oscar de la Renta, Carla Fendi, Kenzo y Donatella Versace estuvieron en el Alvear por placer y trabajo. En 2009, Kenzo, que aparenta mucha menos edad de la que tiene, se paseaba emocionado, vestido con sus faldas. Había venido a la inauguración de la primera exposición de su obra plástica en América latina, en la galería Lordi Arte Contemporáneo de San Telmo. Lagerfeld vino con Claudia Schiffer a filmar un comercial para Chanel y nadie comentaba nada cuando veían a ella comer casi a escondidas, las mismas medialunas que cautivaron a Sean Connery.

Además de la arquitectura, la gastronomía y el servicio, un gran hotel es la suma de experiencias de sus huéspedes, sean famosos o no.

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