Miguel San Martín explicó los secretos del descenso de Curiosity a Marte

Las ruedas de Curiosity plantadas en el suelo de Marte, a pocas semanas de su arribo
Las ruedas de Curiosity plantadas en el suelo de Marte, a pocas semanas de su arribo Fuente: Archivo - Crédito: NASA
El ingeniero argentino de la NASA que desarrolló el plan para llegar al planeta rojo, indicó detalles de la misión y porqué se buscan allí rastros de vida
Víctor Ingrassia
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28 de septiembre de 2012  • 18:04

La aventura más reciente de la NASA en Marte con el robot Curiosity como estrella protagonista sigue maravillando a los científicos de todo el mundo y muy especialmente al ingeniero argentino Miguel San Martín, jefe responsable del desarrollo del software que posibilitó el descenso del vehículo explorador en el planeta rojo.

San Martín, que estuvo hace unos días en Buenos Aires dictando conferencias y asistiendo a varios eventos de difusión a raíz de su trabajo en la NASA, explicó a La NACION los detalles del arriesgado y exitoso arribo de Curiosity a Marte; una maniobra de descenso jamás realizada, ni siquiera en la Tierra.

El ingeniero Miguel San Martín, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California
El ingeniero Miguel San Martín, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California Fuente: Archivo - Crédito: NASA

El descenso en suelo marciano supuso una compleja operación espacial, pues hubo que reducir la velocidad adquirida de 21.243 kilómetros por hora, a apenas 2,74 kilómetros por hora, mediante el despliegue de un enorme paracaídas y la activación de una grúa espacial para depositar lentamente el robot con un sofisticado sistema de cableado.

"Para lograr que Curiosity aterrice en Marte, se utilizó una técnica de guiado atmosférico. Es la misma técnica que utilizó el Apollo XI en su visita a la Luna. En la NASA tuve el placer de trabajar con algunos ingenieros de aquella misión. Fue una gran satisfacción personal", indicó el ingeniero durante una exposición en el evento Flip Thinking de Globant.

El experto detalló que las naves espaciales entran por guiado balístico al planeta. Luego, con retrocohetes, se cambia el ángulo de trayectoria y así se modifica la entrada atmosférica. Se produce una fuerza de sustentación para el guiado final del vehículo que permite controlar la dirección de la nave y así achicar la zona de descenso. Luego se pasa a la etapa del paracaídas.

"En el programa de Marte, tenemos una relación de amor y odio con los paracaídas. De amor, porque con muy poco volumen y peso, unos 50 kilos, nos permite reducir la velocidad de entrada de 1500 a sólo 300 kilómetros por hora, un factor de cinco. Y de odio, es porque a veces no se abren y no tenemos uno de repuesto. Utilizamos el modelo usado por las naves Viking en los años 70", precisó.

La última etapa de descenso comienza a los 1800 metros, a una velocidad de 300 kilómetros por hora. El sistema de navegación inteligente debe darse cuenta cuando el robot debe separarse del paracaídas y encender los retrocohetes de la estructura que lo sostiene. Es uno de los momentos más dramáticos de la misión.

"Aterrizar un robot de casi una tonelada con bolsas de aire era muy difícil. Podríamos haberlo hecho, como lo hicimos en 2004 con Spirit y Opportunity, pero hubiera rebotado unos dos kilómetros, muy lejos del lugar ideal que planificamos. Pensamos en aterrizar con patas, como hicieron los astronautas en la Luna, pero quedás a un metro de altura. Y es realmente difícil bajar de allí. Después de los millones de kilómetros recorridos, no poder bajar un metro es un fracaso. Y las rampas metálicas o de aire no tienen lugar dentro de la nave espacial. Además las patas pueden apoyarse sobre rocas o depresiones profundas y puede ser realmente difícil salir de allí", agregó el ingeniero.

"Buscamos así, una serie de alternativas hasta llegar al descenso con paracaídas y una grúa con retrocohetes llamada 'Skycrane'. Fuimos realmente innovadores. A los 23 metros de altura la grúa descendió el vehículo con cables, como si fuera un helicóptero grúa. Eso te permite descender en terrenos muy accidentados, con las ruedas ya en el terreno listo para salir. Muchos en el laboratorio creyeron que estábamos locos. Y no se probó hasta que llegó a Marte, cuando nos jugamos 2500 millones de dólares en esos siete minutos de terror", puntualizó San Martín.

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Un lugar especial de descenso

"Científicos de todo el mundo propusieron diversos lugares de "amartizaje" del Curiosity. Pero finalmente se eligió el cráter Gale, formado por el impacto de un meteorito y en donde se eleva una enorme montaña llamada Sharp, de 5000 metros de altura, hecha de capas geológicas sedimentarias que cuentan la historia de Marte como si fuera un libro, donde las primeras páginas están en la base y los más nuevos a medida que se va subiendo", explicó San Martín.

Después de 227 metros recorridos en la superficie del planeta rojo, cerca del lugar donde aterrizó, el Bradbury Landing, Curiosity siguen asombrando a los científicos. Ayer, con sólo siete semanas en la superficie marciana, el robot encontró pruebas de una vasta anterior presencia de agua en el planeta.

Los científicos de la misión indicaron que el tamaño y la forma redonda de las rocas indican que fueron transportadas y erosionadas por el agua. "Se han escrito muchos artículos acerca de ríos en Marte, pero esta es la primera vez que vemos muestras evidentes del transporte de rocas por la superficie del planeta. Ya no estamos especulando sobre el tamaño de los sedimentos, sino que lo estamos observando directamente", explicó el científico William Dietrich, de la Universidad de California, Berkeley.

En pocas semanas, Curiosity llegará a su primera parada, a 400 metros hacia el este-sureste, un lugar denominado Glenelg, en donde confluyen tres formaciones geológicas.

A través de la Cámara Química, que utiliza láser y espectrómetros, la NASA ha podido examinar la composición de las rocas donde se encuentra el explorador. De acuerdo con los primeros reportes, las rocas sugieren una composición de basalto. El Curiosity, que aterrizó en la superficie de Marte en la madrugada del 6 de agosto, ya envió cientos de fotografías en blanco y negro y en color que han proporcionado la vista más nítida de Marte conocida hasta ahora.

El rover, del tamaño de un carrito de golf y con una tonelada de peso, llegó para una misión de dos años en la que recorrerá parte del planeta y analizará su composición y determinará si se dan, o alguna vez se dieron, las condiciones para albergar vida. Curiosity se suma así a la lista de misiones exitosas de la NASA a Marte, como Viking 1 y 2 (en 1976), Pathfinder (1997), Marz Exploration Rovers (2004) y Phoenix (2008).

Fuente: Archivo

La pregunta clave

"La nueva misión de Curiosity busca saber si Marte tuvo alguna vez vida o si hoy en día la tiene. Si encontramos evidencia de vida microbiológica en Marte, en su pasado o presente, sería un paso muy importante para poder responder la pregunta de si estamos solos en el Universo", explicó San Martín.

"El agua es un elemento importante para el desarrollo de la vida. Los robots Spirit y Opportunity probaron esa evidencia de agua en Marte. Las condiciones para que se de la vida en un planeta son una especie de coincidencia cósmica a ocurrir. Es increíble. La distancia al Sol, la temperatura, los océanos, etc", indicó.

Y agregó: "Pero por otro lado uno sabe que hay miles de galaxias con millones de estrellas y planetas en su interior. Por ese lado, la naturaleza está tirando los dados permanentemente por lo que es muy probable que haya vida en otro lado. Esta misión busca probar que la vida no es solamente un fenómeno terrestre".

Email: vingrassia@lanacion.com.ar | En Twitter: @vingrassia

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