La insaciable generación que sólo come "patitas"

Los rebozados representan para los chicos lo que para sus padres fueron las milanesas o las hamburguesas
Sebastián Ríos
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29 de septiembre de 2012  

El sábado al mediodía con puré, el domingo a la noche con papas fritas porque la carne al horno no les gusta y el lunes, otra vez, con la vianda del colegio. Si fuera por los chicos, todos los días comerían lo mismo. Y por muchos padres que prefieren la practicidad de descongelar y calentar antes que tolerar berrinches, también. Es la insaciable generación "patitas", esa que se enamoró de los rebozados, como otras antes lo hicieron de las hamburguesas o las milanesas. "¡Mis hijos son fanáticos de las patitas de pollo! A veces hasta me da un poco de miedo, porque a donde vamos a comer sólo piden patitas", comenta Maite Villalba, de 36 años, haciendo referencia a sus dos hijos menores, Tobías, de 3 años, y Simona, de 7. "Siempre tengo una bolsita en el freezer, y en todas las casas a las que voy siempre hay una bolsita", agrega esta salteña, que aclara que, a pesar de las demandas infantiles, "trata de que su consumo sea siempre con moderación", lo que no siempre consigue.

Alentados por la percepción errónea, pero popular, de que los rebozados de pollo o nuggets son más saludables que las hamburguesas y las salchichas, pero también por el aumento del consumo de pollo entre los argentinos, que hoy alcanza su pico histórico de 40 kilos anuales per cápita (contra cerca de los 58 de carne vacuna), esta categoría de productos ha experimentado un significativo crecimiento en los últimos cinco años.

Según estadísticas de la industria de alimentos, en 2006 se vendieron casi 2500 toneladas de nuggets; en 2011, más de 4300 toneladas. El número de marcas también ha crecido, así como la oferta de variantes: crocantes, rellenas... Incluso sus versiones "genéricas" pueden encontrarse fácilmente en cualquier carnicería de barrio.

"El crecimiento de estos productos lo vemos asociado a diferentes tendencias -comenta Carolina Marro, gerente de Grupo de Marcas de refrigerados y congelados, de Molinos Río de la Plata, compañía que elabora Patitas, la marca que posee aproximadamente el 70% del mercado de los rebozados de pollo-. Cada vez más mujeres trabajan, y las mujeres tenemos menos tiempo para dedicarle a la cocina, aunque igualmente es algo que no queremos descuidar."

Salvadoras y gratificantes

Por otro lado, agregó Marro, "hay una tendencia fuerte en la necesidad de tener indulgencias cotidianas. En ese sentido, las patitas son productos salvadores para las mamás y gratificantes para los chicos. Las madres las prefieren por sobre otras comidas rápidas porque son de pollo y saben que, de esa manera, compensan su culpa por darles un producto no tan elaborado".

Aunque se trata de un fenómeno que todavía no se ha masificado -el costo de estos productos hace que se mantenga restringido a familias de poder adquisitivo de mediano para arriba-, la creciente demanda de niños (y padres) ha llevado a que muchos restaurantes incorporen los nuggets en sus menús infantiles. Basta mencionar, en zona norte, por ejemplo, a The Embers, Kansas o Carlitos La Nueva Generación.

Las fiestas de cumpleaños o la visita de compañeros de escuela y amigos son otros momentos en los que muchos padres recurren a estos alimentos de incuestionable practicidad. "Es un recurso de emergencia, fácil de preparar, y con el que una sabe que todos van a comer", comentó María Moreno, de 40 años, madre de dos chicos, de 8 y 5 años, y de un bebe de 8 meses.

María contó que los nuggets son también la elección obligada para sus hijos cuando van a comer a un local de comida rápida. "La pediatra me recomendó que no coman hamburguesas fuera de casa, por prevención del síndrome urémico hemolítico", agregó María, que aún así trata que sus hijos no coman patitas de pollo más de una vez por semana.

Pero, más allá de lo que opinan chicos y padres, ¿qué tanto difieren los nuggets de otras comidas rápidas, como hamburguesas o salchichas? "Desde un punto de vista nutricional, los rebozados de pollo no son ni mejores ni peores", comentó el doctor Sergio Britos, profesor asociado de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que precisó que si bien tienen un poco menos de grasas saturadas, la diferencia no es significativa.

En todo caso, agregó, "a los rebozados de pollo les caben las mismas virtudes que a la carne -tiene proteínas de buena calidad, un poquito más o menos de hierro, algo de zinc-, pero que como todo derivado, por las propias características de su elaboración, tienen más sodio y un poco más de grasas saturadas".

Para la doctora Paola Harwicz, especialista en nutrición e integrante del Grupo Obesidad de la Sociedad Argentina de Nutrición, "las patitas tienen lugar como alimento de emergencia, pueden funcionar como un salvavidas, pero jamás deben considerarse como un alimento diario. Es un producto procesado, con mayores niveles de sodio y grasas saturadas, lo cual no es bueno para una dieta habitual en un niño".

"En un patrón alimentario saludable, en el que la cantidad de carne está en unas dos porciones diarias que suman unos 180 gramos, lo ideal es que, al menos, dos tercios provengan de cortes magros. El tercio restante deja un espacio para una hamburguesa, una salchicha o un rebozado, que obviamente no son magros."

Niños monomenú

Santiago, de dos años y medio, come patitas entre tres y cuatro veces por semana, algo de arroz y papas al horno como guarniciones alternativas. Es un niño inapetente, resistente a incorporar nuevos alimentos. Un niño monomenú . Su mamá, reconoce: "No hace falta que me digan que comer nuggets todos los días no es bueno, pero hay veces que me gana por cansancio, y antes de que no coma nada prefiero hacerle patitas", confiesa.

Para Britos, "los alimentos de buena calidad nutricional, bajos en grasas y en sodio y ricos en nutrientes, deben representar del 80 al 84% de las calorías diarias. El resto se puede gastar en lo que los nutricionistas llaman el «permitido»: alimentos más ricos y gustosos, porque contienen más sodio y grasa, pero que no hay que eliminarlos sino consumirlos en forma moderada".

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