Jeanine Meerapfel. "Lo que más me importa es buscar la autenticidad"

La cineasta encuentra puntos de contacto con su propia vida en El amigo alemán
Pablo De Vita
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2 de octubre de 2012  

En diálogo con LA NACION durante el reciente festival de cine alemán, Meerapfel habló sobre las características de una película que parece cruzar constantemente los límites entre la autobiografía y la ficción.

-¿Cuánto de su propia vida se cuenta en El amigo alemán ?

-Existe la construcción de un relato basado en cosas que conozco. Nací en la Argentina, en un barrio muy similar al que se muestra en la película, pero no tuve una relación de amor con el hijo de un nazi. Aunque sí hay muchísimas situaciones vividas, como el ataque del grupo de ultraderecha Tacuara o el movimiento estudiantil de los 60 en Alemania. Creo que todo lo que realizamos siempre es, de alguna manera, autobiográfico .

-Existen elementos comunes en su filmografía, como la memoria, la identidad y la inmigración.

-El guión es la base de todo lo que hacemos, y en el rodaje lo respeto a la perfección. Al escribir la historia se conjugan todos estos materiales tan importantes para mí. Luego aparecen los colaboradores que van a materializar visualmente ese relato, y todos aportan nuevas instancias creativas a tus deseos. Una película es un diálogo entre mucha gente. La historia es mía, el discurso es mío y la selección, también. Pero con gente maravillosa que aporta todo su universo de fantasía.

-¿Por qué eligió a Celeste Cid para el protagónico?

-Tiene una ternura tan grande que no podés dejar de quererla, y eso transmite en la pantalla. Hicimos un gran trabajo juntas y me gustó mucho su desempeño como actriz. Nos conocimos a través de Skype y nos reíamos todo el tiempo cuando conversábamos sobre la película. Cuando nos vimos por primera vez en Buenos Aires ya estaba todo decidido. Y no me equivoqué. Todo el elenco fue maravilloso, como una familia.

-A excepción del documental Mosconi, o a quién pertenece el mundo , sus películas que involucran a la Argentina siempre hacen foco en la dictadura militar y en la apertura democrática. ¿Por qué?

-En sentido amplio porque es la época más dramática y lo que no tiene drama no es interesante contarlo. Ahí hay drama ¡y cómo! También los derechos humanos y la inmigración, por la herencia familiar que tengo, son fundamentales en mi obra porque te marcan como persona y como artista. No necesariamente el presente te da las pautas para comprender a una sociedad.

-¿Su amor por el cine surge en su viaje a Alemania?

-Mi entrenamiento como cineasta lo comencé en la Argentina, porque estudié periodismo, pero también guión, con Simón Feldman. Él fue mi primer maestro y una influencia, al igual que el Cinema Novo o el cine de Fernando Birri. Luego siguen apareciendo directores que te movilizan, como Fabián Bielinsky, de quien lamenté tanto su muerte. Hay muchos realizadores que son fantásticos en la búsqueda de la identidad argentina.

-En El amigo alemán existe una mirada muy poco frecuente al compromiso político.

-Una de las cosas que más me impactaron al llegar a Alemania fue ver cómo los jóvenes alemanes se castigaban por ser hijos de quienes eran. Yo les decía: "Mientras ustedes no sepan amarse a ustedes mismos, no van a poder amar a otros". Todo el movimiento del 68 era una pregunta a los padres: "¿Qué hicieron durante la Segunda Guerra Mundial?". El dolor y el trauma en estos chicos de mi generación cambiaron la imagen de Alemania. El personaje de Max Riemelt se mete en la política alemana y después en la guerrilla latinoamericana, pero no puede abrir sus sentimientos. Quise describirlo desde el conflicto interno y no desde una ideología.

-¿Como recuerda esos años juveniles con relación al cine en Alemania?

-Mis maestros fueron Edgar Reitz y Alexander Kluge, de quien colgaba los afiches de su primera película, Una muchacha sin historia: Anita G , en el Festival de Mannheim. También conocí muy bien a Rainer Werner Fassbinder, y no es casual que cuando hago mi primer largo de ficción, Malou , elijo a Ingrid Caven como protagonista, a Michael Ballhaus como camarógrafo y a Peer Raben para la música. Tres de sus grandes colaboradores. Ésos eran mis materiales éticos y estéticos al momento de hacer cine.

-¿Existe alguna referencia concreta en El amigo alemán ?

-Hay una escena donde se ve un documental del 67 en Berlín, y es un fragmento que filmamos nosotros, que éramos estudiantes de cine, en las calles, cuando un oficial de la Stasi mató al estudiante Benno Ohnesorg. Yo era la sonidista del film.

-¿Que enseñanzas le dejó el Nuevo Cine Alemán?

-Lo que más me importa en el cine es buscar la autenticidad. Cuando elegís a un actor es la misma tarea: por eso pensé en Liv Ullmann cuando rodamos La amiga , y ahora en Celeste Cid para El amigo alemán . En dos palabras: fantasía, para tener el coraje de contar sin reglas, y verdad, para hacerlo desde adentro.

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