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Gabriel Medina y los miedos

El director de Los paranoicos regresa con La araña vampiro, en el que Martín Piroyansky se enfrenta a la vida adulta y a un insecto aterrador
Javier Porta Fouz
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3 de octubre de 2012  

Mañana se estrena La araña vampiro –filmada en paisajes montañosos en Córdoba, en el Valle de Calamuchita, alrededores de La Cumbrecita –, la segunda película de Gabriel Medina. Por si no lo conocen, Medina es un director en la senda del cine narrativo, ese que supo llevar a la excelencia en la Argentina Fabián Bielinsky. La ópera prima de Medina fue una de las mejores películas nacionales de la década pasada: Los paranoicos (2008), que fue injustamente soslayada en el momento de su estreno. Revisar o ver por primera vez Los paranoicos nos pone frente a un director de una gran capacidad para narrar y para crear personajes (y para usar la música en sus películas, una habilidad no muy común en el cine argentino). Los paranoicos , con apariencia de comedia romántica, y La araña vampiro , con apariencia de western, son dos aventuras (una urbana, una rural) acerca de la maduración del personaje protagónico. Es hora de recuperar Los paranoicos y es hora de ver La araña vampiro, una película que, en la superficie, presenta a un joven picado por una araña aterradora y que se destaca notoriamente entre el habitual aluvión de estrenos argentinos de la última parte del año. En un bar de Palermo que Medina utiliza casi como su oficina, charlamos con este director de 37 años egresado de la FUC.

Efectos y arañas. "Utilicé la menor cantidad posible de efectos especiales porque no me gustan, pero los pocos que hay tenían que ser perfectos. Sobre las arañas, la premisa era que fueran de verdad, no hay ninguna de mentira: cuando alguien se pone una en la cabeza, también. Y sí, pican. Yo quería que Martín Piroyansky tuviera miedo de verdad porque quería filmar el miedo. Yo le decía a Piroyansky: «Tenés que enfrentarte a esto». Creo que es la mejor manera de filmar el miedo: con la verdad. Ojo, no maté ningún animal en la película. Trabajé con Fabián Gabelli, especialista en animales actores, que se fascinó y se fue a Córdoba con once cajitas con arañas; cada una tenía un rótulo, tenían números, me acuerdo que, en un impasse del rodaje, vi a alguien mirando un papelito y me llamó, y me dijo: «Mirá esto, Medina». El papelito decía: «Araña 1, tranquila; araña 2, peligrosa, pica; araña 3, ojo, pica mucho, agresiva». Los efectos especiales son de una picadura en particular y en el brazo. El efecto de la picadura no se podía hacer acá, no se podía ver el detalle como yo quería y se hizo finalmente en Los Ángeles."

Género e influencias. "Me cuesta clasificar mis películas, también me cuesta clasificar a Los paranoicos. A mí me gusta mucho el cine de personajes. Sí, me gustaría hacer género concreto, pero a mí me gusta que los personajes evolucionen, porque yo vivo así, me parece que las evoluciones ocurren al enfrentar una situación de miedo, de terror. Me parece que hoy en día hay mucha gente que no puede superar eso, que no sale de la zona de confort. Yo nunca estoy citando ni haciendo referencias. Quise filmar el final de Los paranoicos como un western porque me gusta el trabajo que hace Sergio Leone sobre las miradas, el peso que tienen las miradas, y me di cuenta que de esa manera yo podía contar algo muy importante. Pero no es premeditado, es un momento dramático de la película y «me baja» Leone. Sí pienso la puesta en escena y hablo con Lucio Bonelli [director de fotografía de Los paranoicos y La araña vampiro] de por dónde hay que ir, pero no quiero hacer guiños de género: las influencias me salen de forma natural. Si en una película necesito generar miedo, entonces lo planteo como una película de terror, como en La araña vampiro. En una proyección en el Bafici, el público me había preguntado sobre la relación de La araña vampiro con El aura, y yo me olvidé de contestarla en medio de las otras preguntas. El aura es una película que a mí me gusta mucho, pero encuentro la conexión ahora, una vez que ya la hice. Cuando estaba filmando, pensaba más en Monte Hellman, los paisajes de The Shooting y los tiempos de Two-Lane Blacktop, y en películas de terror."

Actores, equipo. "Trato de ser honesto cuando escribo y cuando filmo. El director dirige, piensa la puesta en escena, pero si podés naturalmente involucrar a todo el equipo en la película es lo mejor que te puede pasar, el equipo empieza a proponer cosas y vos podés elegir. Como si fuera una banda musical, que proponen cosas y quedan. Desde que empecé a escribir siempre siempre tuve en mente la cara de Piroyansky para Jerónimo, me parece que tiene una cara muy particular, un físico muy particular, y que era ideal para encarnar a este chico urbano, virgen de naturaleza. Esa cara me parecía muy atractiva, muy fotogénica, me parece que tiene aura de actor de cine. Me parece que hay pocos actores de cine. El cine, a diferencia del teatro, requiere una luz en las caras, hay algo en las caras, en las miradas, los rostros, que no todos los actores tienen. Hay actores que son actores de cine, más allá de su profesionalidad, actores que tienen un aura, una fotogenia. Es lo que me pasa con cualquier película con Darín, o con el noventa por ciento de ellas, que a los cinco minutos yo ya estoy con el personaje. Pasa con los grandes actores de siempre, que te olvidás de que están ahí."

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