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En Chaco, una noche bochornosa sin luz para la Argentina y Brasil

El Superclásico de las Américas se suspendió por un apagón en tres torres de iluminación; muchos hinchas repudiaron lo sucedido; no hay fecha para disputarlo.
Alberto Cantore
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4 de octubre de 2012  • 00:54

RESISTENCIA.- Fue inesperadamente una noche a oscuras. La ilusión de ver jugar a la selección argentina en esta ciudad se frustró. Como la motivación por tener cerca a una figura internacional del nivel de Neymar o la posibilidad de analizar los dilemas tácticos de Alejandro Sabella. Todas las cuestiones futbolísticas quedaron de lado cuando unos instantes antes del comienzo del Superclásico de las Américas se apagaron la mitad de las luces del estadio Centenario, de Chaco, la cancha que pertenece al club Sarmiento y del que el gobernador Jorge Capitanich es presidente. Al fin, el desquite entre la Argentina y Brasil fue suspendido debido a un desperfecto que redujo considerablemente la capacidad lumínica de la cancha.

Hasta el momento del apagón de tres torres de iluminación del estadio, los comentarios en el estadio estaban referidos al juego, a los goles que tenía que hacer la Argentina para quedarse con la Copa, la técnica y el carisma de Neymar, etcétera? Pero la falta de energía se ganó el centro de una jornada para el olvido en Chaco. Entonces, los organizadores y los asesores comenzaron un movimiento incesante por tratar de solucionar un problema mayúsculo en estos tiempos que hacen del fútbol un gran negocio que convoca pasiones, figuras políticas, y que se consume en forma asombrosa a través de una pantalla.

Hubo un sinfín de especulaciones sobre los motivos del desperfecto técnico. Los primeros comentarios dieron cuenta de la desconexión de un grupo electrógeno como consecuencia de un choque del ómnibus de Brasil y que se habría dado dos horas antes del comienzo del partido (estipulado para las 22). La versión fue confirmada por unos y desestimada por otros, pero lo concreto es que en el mismo momento que se cantaron los himnos una humareda se apoderó de todas las miradas. La central de asistencia eléctrica se prendió fuego y fue apagada por una dotación de bomberos. En ese momento, las maldiciones de la gente transformadas en cánticos agigantaron la tensión.

Una hora después del horario previsto, a las 23.05, los organizadores del Superclásico de las Américas asumieron la postergación de un encuentro que había convocado a 19.000 espectadores, que expresaron su malestar cuando los equipos regresaron a los vestuarios por recomendación del árbitro chileno Enrique Osses. "No se veía del todo bien, yo quise consultarles a los arqueros, fundamentalmente, y me dijeron en forma independiente que no veían bien, que preferían esperar. Esperamos lo necesario y nadie nos garantizaba que la luz volviese. La luz no era adecuada para mí. Se esperó un tiempo razonable", sentenció el árbitro.

La negativa visitante

La empresa Full Play Group, organizadora del encuentro, intentó convencer a la delegación brasileña para que el partido se disputase hoy, pero los dirigentes visitantes se negaron por las fechas correspondientes al torneo de ese país, del próximo fin de semana.

El presidente de Colón, Germán Lerche, que está al frente del Departamento de selecciones nacionales de la AFA, confirmó: "Hablé con el capitán del equipo brasileño y con el entrenador, me dijeron que no estaban dadas las condiciones. Después nos reunimos con el delegado de Brasil, nos reunimos con el árbitro y se decidió suspender el partido". Y agregó: "Me duele mucho que no se juegue, había mucha gente con ilusión de ver a la selección".

El color, adentro y afuera de la cancha, estuvo teñido por la política. La presencia de los hinchas, la publicidad del gobernador Capitanich y la protesta, todo se entremezcló y confluyó en un papelón.ß

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