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Los 50 años de James Bond

El agente 007 les gana a todos sus adversarios y, sobre todo, vence al tiempo; el 1° de noviembre regresa con Operación Skyfall, su película número 23
Marcelo Stiletano
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7 de octubre de 2012  

Más allá de los autos, de las chicas, de los tragos, de los viajes exóticos, de los villanos y de muchas otras marcas de un estilo inconfundible, único, hay una señal que sólo los fans más consecuentes del agente secreto más famoso del cine (y seguramente del mundo entero) conocen en su sentido más preciso y que nos ayuda para entender un fenómeno que acaba de llegar, para algunos milagrosamente, al medio siglo de existencia.

James Bond Will Return (James Bond regresará) es la leyenda impresa que cierra en pantalla con el último aliento orquestal de una banda de sonido también única en su tipo los títulos de crédito de cada película de 007 desde que hace 50 años comenzó esta extraordinaria travesía cinematográfica.

Esa frase sintetiza la asombrosa capacidad que tiene Bond para reinventarse y ganarle la batalla al tiempo. Justo él, un nombre propio e identificatorio de su época de origen (la Guerra Fría) que enfrentó el final de ese tiempo y su propia decadencia con fuerzas suficientes como para encontrar siempre otro destino, otras búsquedas. Adaptándose a los nuevos tiempos sin perder la esencia. Hoy, 007 sigue teniendo licencia para matar, pero ya parece haber dejado atrás esos tiempos deliberadamente paródicos en los que después de esquivar acantilados y precipicios en una frenética persecución contra decenas de adversarios finalmente abatidos por su certera puntería, Bond se quita el mameluco y muestra debajo de él un impecable y planchado esmoquin. Imperturbable y sin despeinarse, se acerca a la barra para pedir un Martini agitado (shaken), pero no mezclado (not stirred), explorando alguna nueva conquista femenina.

El nuevo Bond nació en 2006, con Casino Royale (uno de los mejores films de toda la serie) con una vuelta al origen, con una revisión de hábitos y costumbres, con un personaje más monógamo que mujeriego y, sobre todo, con un nuevo villano, el más amenazante de todos: el propio 007 y sus fantasmas. Más oscuro, más complejo, más introspectivo, el Bond más reciente es el más cercano a las novelas de Ian Fleming y está más atento a sus propios quiebres emocionales que a la lucha sin cuartel contra algún villano en apariencia invulnerable.

Ese camino renovado que siguió en 2008 con la floja Quantum of Solace encuentra ahora el momento de coincidencia con el jubileo de las bodas de oro. Operación Skyfall es la película número 23 de la serie, pero no una más. Es el film del cincuentenario, que empezó con un triunfo (haber superado las enormes penurias financieras del estudio MGM, que estuvieron a punto de abortar el proyecto) y ahora, en plena cuenta regresiva para su estreno, previsto en la Argentina para el 1° de noviembre, ya logró convertirse en la película que todos quieren ver.

Qué es Operación Skyfall. En palabras del realizador del film, Sam Mendes (que después de Belleza americana, Camino a la perdición y Sólo un sueño entra por primera y para muchos inesperada vez en el universo Bond), es la aventura más épica jamás concebida en torno del personaje. "Tuvimos la posibilidad de poner aquí todo lo que siempre quisimos hacer en una película de 007". Será la película más extensa de toda la historia de Bond (145 minutos) y la primera en rodarse y exhibirse en formato Imax, algo que también ocurrirá en nuestro país. Aquí, el adversario más serio de nuestro héroe será el cuestionamiento de la lealtad hacia sus superiores, en especial su jefa M (Judi Dench).

Daniel Craig. Es la tercera vez que el actor inglés encarna a 007. No hace mucho, su antecesor Roger Moore dijo que Craig es el mejor Bond de la historia. Detrás de la afirmación está el hecho incuestionable de que Craig es el mejor para este momento del personaje. Un actor capaz de expresar con su rostro y su cuerpo muchos cuestionamientos y, al mismo tiempo, sentirse capaz de pasar a la acción. Ya nadie discute la excelencia de Craig (cada día mejor actor de cine) al servicio de un personaje que le exige a la vez compromiso físico y profunda introspección.

Todo pasa y todo queda. Las eternas huellas de identidad de la historia fílmica de Bond perduran y al mismo tiempo se renuevan aquí. M es Judi Dench una vez más, mientras Q (el proveedor de gadgets y armas inverosímiles desde los cuarteles del servicio secreto británico que Bond utiliza contra sus adversarios) rejuvenece, ahora interpretado por el veinteañero Ben Whishaw. El trago predilecto de Bond (necesidades comerciales mediante) será sustituido por la menos sofisticada cerveza Heineken, aunque Mendes garantizó que no faltará el vodka Martini en alguna escena clave. Con los autos hay más misterio: Craig sólo garantizó un nuevo viaje a bordo del Aston Martin DB-5, la prolongación sobre ruedas de la marca Bond.

La vuelta (al mundo). El otro vehículo que estará en la trama –así lo vemos en el último y más amplio trailer difundido hace poco– es una moto piloteada por 007 durante una frenética persecución por las calles de Estambul. La capital turca es el primer punto de la travesía de Operación Skyfall, que pasa por Shanghai, Macao, las Tierras Altas escocesas, Londres y, por supuesto, los estudios Pinewood y especialmente allí el Albert R. Broccoli Stage. Desde ese lugar, Mendes y Craig tuvieron vía satélite un encuentro con la prensa internacional del que participó LA NACION (ver página 5).

Las chicas Bond. Tal vez queden en segundo plano en esta etapa, pero no hay film de 007 sin la presencia central de figuras femeninas de alto perfil dentro de una historia iniciada con Ursula Andress, Honor Blackman y Shirley Eaton y que culminó con la última gran chica Bond, Eva Green en Casino Royale. Aquí aparecen al frente la inglesa Naomie Harris y la francesa Berenice Marlohe, que no tardarán en adquirir más reconocimiento del que hoy tienen una vez que se estrene la película.

Imagen... y sonido. Anteayer, día del festejo por el cincuentenario, se conoció el tema musical de Operación Skyfall, escrito e interpretado por Adele en la plenitud del sonido que también hizo famoso a Bond, impuesto en los años 60 por el extraordinario compositor John Barry. Curiosamente, la banda de sonido de Operación Skyfall (que será editada aquí el 30 de octubre), compuesta por el gran Thomas Newman, no incluye el tema de Adele. Una canción que está a la altura de las mejores de la serie, con el toque musical de 007 (elegante, poderoso, sofisticado, seductor) presente en cada nota y una clara reminiscencia de las grandes composiciones de los años 60. Otra razón para creer que este Bond de los 50 años está muy lejos de ser el último. Cuando se estrene Operación Skyfall, los fans se quedarán hasta el cierre de los títulos finales y seguramente sonreirán al ver impresa de nuevo en la pantalla esa frase que también define a un mito: James Bond Will Return.

El malo, cuanto más malo, mejor

Javier Bardem se suma a una galería impresionante de villanos

Suele decirse –y la expresión sobre todo se atribuye a Alfred Hitchcock– que una película funciona mejor en la medida en que el público se sienta atraído e interesado por el personaje del villano de turno. En el caso de James Bond, buena parte del interés generado a lo largo del último medio siglo tuvo que ver con la imaginativa galería de quienes lo enfrentaron a muerte. En los primeros tramos de la serie, los más conectados con la esencia original de los relatos de Ian Fleming, nadie duda en elegir a Ernst Stavro Blofeld como el rival más temible que jamás haya enfrentado a Bond. El ideólogo de Spectre, la temible organización criminal y terrorista que busca apoderarse del mundo (con los simbolismos imaginables en plena Guerra Fría) produjo hasta la mejor parodia de su tipo en el Dr. Evil de la serie de Austin Powers. Hubo después otros grandes malos en la historia de Bond (Jaws y Scaramanga tal vez fueron los mejores), pero en este jubileo del cincuentenario, los productores del film pensaron en devolverle el esplendor a un papel de antagonista últimamente bastante devaluado. Por eso adquiere alto perfil un Javier Bardem teñido de rubio personificando a Raoul Silva, un misterioso personaje con conexiones pasadas tanto con Bond como con el servicio secreto británico. "Me costó convencerlo, pero será uno de los mejores de la historia", dijo el director Sam Mendes.

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