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Usos y abusos de la historia

Marcelo Stiletano
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13 de octubre de 2012  

AMORES DE HISTORIA (UNITARIO) / Idea original: Eduardo Valdés / Coordinación autoral: Marcelo Camaño / Producción: Nadia Jacky y Javier Nir / Dirección general: Pablo Fischerman / Horario de emisión: los domingos, a las 21, por Canal 9.

Nuestra opinión: regular

Hay un indiscutible mérito en Amores de historia que aparece por encima de los modestos logros narrativos y dramáticos vistos hasta aquí. La flamante propuesta de Canal 9 termina en los hechos con una serie de equívocos sobre géneros y temáticas de ficción que confundió a las más encumbradas figuras de la TV. Estamos aquí ante un ciclo de unitarios hecho y derecho, que parte de una idea unificadora desarrollada con variantes a través de relatos breves, separados y ajenos entre sí (más allá de su denominador común) que comienzan y concluyen en una misma emisión semanal. A Amores de historia le corresponde con todas las letras el calificativo de unitario; a Condicionados y a Tiempos compulsivos , no. Estos últimos son series dramáticas con clara continuidad entre un episodio y el siguiente.

Pero si Amores de historia consigue iluminarnos en un punto imprescindible ligado al mapa de los actuales géneros televisivos, no alcanza logros equivalentes al poner en movimiento una idea potencial de indiscutible atractivo: asomarse a hechos significativos de nuestra historia desde la perspectiva de quienes lo viven en términos de acercamiento afectivo desde distintas perspectivas: protagonistas, partícipes secundarios, testigos involuntarios.

Altibajos

Los resultados hasta aquí son tan desparejos como la variedad de enfoques elegidos en los dos episodios inaugurales. El primero se asoma al romance en tierras bonaerenses entre una madura maestra de vida sencilla, comprometida con la lucha y el ayuno docente en tiempos de la Carpa Blanca, y un antiguo alumno, devenido exitoso consultor y ligado en todo sentido a todo lo que el Gobierno, desde la actualidad, cuestiona de la gestión que su propio partido político llevó adelante durante los años 90 (frivolidad, apego al dinero, falta de sensibilidad social, Miami).

Lo que más incomoda es la sujeción de la trama a las consignas ideológicas del actual oficialismo y a su lectura de una realidad tajantemente separada entre buenos y malos. Sujetas a esa idea preconcebida, las situaciones caen todo el tiempo en el estereotipo y en las frases hechas, mientras los actores hacen el máximo esfuerzo por hacer creíbles sus aparentes vacilaciones en un contexto donde todo aparece digerido de antemano. Sorprende inclusive la afectada indecisión de Soledad Silveyra, que supo lucirse últimamente en la piel de personajes muy parecidos: mujeres campechanas, comprensivas, curtidas por la vida, sensibles a lo que ocurre con sus seres queridos y conscientes de lo que deben hacer para mitigar esos dolores.

El segundo episodio se despoja de las necesidades simbólicas de la política oficial de estos días y muestra el casual encuentro entre una osteópata que se entera en pleno 18 de julio de 1994 del atentado a la AMIA, cuando un hombre aturdido y obnubilado por la explosión aparece en su casa. Aquí, a través de una narración que transcurre casi en tiempo real y pone el acento en la comprensión y el reconocimiento de las diferencias, se insiste en un modelo marcado por las simplificaciones y más de un agravante: la acción se estira más de la cuenta e incluye en el medio el aprovechamiento instrumental de algún sinsentido, como el inexplicable comportamiento del encargado del inmueble.

Queda claro que la apelación a hechos conmovedores y causas nobles, representadas con el impecable apoyo de todos los rubros técnicos y artísticos, no es suficiente.

  • 1,6

    Puntos de rating

    Logró el ciclo en su segunda emisión, el domingo 7. Este magro resultado lo dejó (al igual que en el debut, con 1,7) último en su franja horaria
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