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El Mirasol, una aldea de Mártires

Es la única aldea del departamento de Mártires (Chubut), el lugar donde más rápido cae la población en el país; allí casi todos son hombres mayores que viven del Estado y en soledad
Juan Pablo De Santis
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18 de octubre de 2012  • 15:09

El Mirasol es unas de las aldeas de la Argentina que se apaga como una vela. Quedan 49 personas: sólo cinco son niños, no hay adolescentes y el resto son adultos mayores. Toda la gente vive del Estado, principalmente de jubilaciones y planes sociales, y en la soledad distante de la meseta central de Chubut.

Junto a la comuna de Las Plumas son los dos únicos asentamientos humanos en el departamento de Mártires (Chubut) , el que más rápido pierde población en la Argentina. Una sequía de más de cuatro años y las cenizas del volcán Puyehue diezmaron al ganado ovino, la única fuente de trabajo rural, y la población comenzó un éxodo hacia las grandes ciudades de la provincia.

La aldea se encuentra a 80 kilómetros de Las Plumas, tras manejar más de una hora y media en el ripio de la ruta provincial 59. El camino es un preámbulo del lugar: rara vez se cruza un vehículo en el camino y al bajar del auto el zumbido del silencio apenas se ve interrumpido por el viento patagónico. La única estación que se sintoniza es AM 780, Radio 3 de Trelew, que cuatro veces por día transmite boletines comunitarios y mensajes para el hombre de campo.

Los pobladores de todos los parajes rurales sintonizan la radio para escuchar oportunidades, avisos fúnebres y hasta recados de familiares y amigos que no tienen otra forma de comunicarse: "Para Justo Ávila. Su sobrina Janeth le hace saber que se encuentran todos bien. Envían saludos", dice el locutor.

PARTE I . Las Plumas, única localidad del departamento de chubutense de Mártires, perdió el 20,4% de la población en diez años, según el último Censo. La falta de lluvias y las cenizas arruinaron su economía y las familias huyeron por la falta de trabajo. Leer aquí >

LOS 49

En el centro de la aldea hay un colegio primario rural al que asisten cuatro niños a estudiar, de 8 de la mañana a 3:30 de la tarde, y uno a comer al mediodía. Yamila (5) va a preescolar; Lucas (8) a tercer grado; y Sofía (9) y Walter (10) a cuarto. Otro chico de 12 años que terminó sexto grado sólo va a almorzar. Allí hay una directora, un docente y tres mujeres que trabajan en maestranza.

La escuela es el punto de partida. Allí los niños comen en silencio. Para romper el hielo les preguntamos qué quieren ser cuando sean grandes: tres afirman que maestro y uno "nada, quiero vivir aquí". Una de las empleadas escucha las respuestas y apunta: "maestro es el único trabajo que ven, el resto vive de ayudas y subsidios del Estado".

En 1983 El Mirasol tenía una escuela con 40 alumnos y 150 habitantes en total. Hoy quedan 4 alumnos en las aulas y 49 personas.
Aunque en el padrón electoral del lugar haya 80 personas, quedan muchas menos. Amalia Blanco , la portera del colegio, toma papel y lápiz y empieza a sacar cuentas y anotar los nombres. Los recuerda a todos, son 49.

Amalia, de 53 años, mantiene este trabajo desde el 1983, cuando había 40 alumnos y unos 150 pobladores. Para el 2000 quedaban 20 chicos en las aulas y unos cien habitantes. Incluso sus cinco hijos, que van de 20 a 36 años, son parte de aquellos que se vieron obligados a emigrar a Trelew para estudiar y trabajar.

El colegio local tiene sólo hasta sexto grado. Para continuar estudiando los niños deben ser enviados a internados en las localidades de El Escorial (a 68 km) o Camarones (a 300 km) con un régimen de 20 días de clase y 10 en el hogar.

"En los últimos 10 años se fueron dos familias y gente mayor por problemas de salud. También están los que murieron. Pero ante la falta de trabajo en el campo, todos los jóvenes se terminan yendo a Trelew", dice.

(De izquierda a derecha) Sofía, Yamila, Lucas y Walter son todos los alumnos de la escuela rural de El Mirasol
(De izquierda a derecha) Sofía, Yamila, Lucas y Walter son todos los alumnos de la escuela rural de El Mirasol Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Rodeiro

"Tristeando"

Detrás de la escuela, hay dos grandes caminos de tierra que llevan a un grupo de casas numeradas que en la puerta o el patio tienen su horno de barro. Al caminar hacia adentro la gente entra a sus casas, evita el contacto visual y se muestra huraña. Sólo algunos hombres mayores salen y quieren hablar de cualquier tema.

La mayor parte de la población son hombres mayores que viven solos en sus casas o ranchitos. Todos cobran algún tipo de ayuda de estatal por la falta del trabajo (en el pasado todos fueron trabajadores rurales). Literalmente no hay ninguna ocupación posible.

Los días pasan sin matices. La aldea tiene electricidad de 8 a 15 y de 17 a 24 horas y hay un sólo teléfono
Los días transcurren todos iguales: sin distinguir feriados, domingos o días hábiles. La gente permanece mucho tiempo en sus casas, se levanta tarde y se duerme temprano. El generador de la aldea marca el pulso de todo: hay electricidad de 8 a 15 horas y, luego de la siesta, de 17 a 24 horas. La televisión es sólo para quien puede pagar un abono del servicio satelital de DirecTV .

Isabel Ayala , una de las monjas que visita una vez por mes El Mirasol y con base en Las Plumas, afirma con pesadumbre que la soledad los enferma. "Nosotras los vamos a visitar a sus casas, charlamos y les pedimos que no tomen ni fumen", afirma la religiosa y agrega que la muletilla más común entre los mayores es "acá andamos tristeando , pasando de la vida" .

Uno de los dramas es cuando alguien va al médico. Generalmente tarda entre siete u ocho días en volver porque pasa un solo colectivo semanal. Allí es cuando el que se queda esperando merodea el único teléfono de la aldea, un semipúblico en la puerta del colegio, o se queda prendido a la radio a la espera de escuchar un recado en los mensajes para el hombre de campo de la AM de Trelew.

En los últimos diez meses hubo misa tan sólo una vez en la pequeña capilla de la aldea, que tiene cuatro bancos, una cruz y dos estandartes con pasajes bíblicos. Isabel recuerda con pesar que esa última vez dos hombres llegaron ebrios. "Hay que entender su manera de sentir y de pensar. A la gente le cuesta mucho abrirse y contar qué le pasa", apunta.

La bebida y el policía

Marina Barrera , la presidenta comunal de Las Plumas, de quien depende la aldea, reconoce que el alcoholismo es el drama del lugar, sobre todo entre los hombres de mayor edad. Al igual que la religiosa, afirma que la soledad y la tristeza empujan a hacia caminos dolorosos.

El almacén de ramos generales de El Mirasol da cuenta de esto: en una góndola exhibe gran cantidad de bebidas alcohólicas, en especial licores, aperitivos y vino que desentonan con otros productos.

Hasta este año no se habían registrado problemas con la bebida más que los físicos para quien toma. El destacamento de policía de El Mirasol estuvo vacante hasta fines de septiembre, porque el único efectivo del lugar abusó de una mujer menor de edad luego de una fiesta en la que hubo exceso de alcohol. Fue así cuando al acusado se lo llevaron detenido y en la aldea desembarcaron asistentes sociales. Esta información fue confirmada por las autoridades de la comuna de Las Plumas.

Don Alejo, uno de los adultos mayores que vive solo en El Mirasol y fiel representante de su población
Don Alejo, uno de los adultos mayores que vive solo en El Mirasol y fiel representante de su población Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Rodeiro

Un pobre en un sillón de oro

Néstor Hourcade , subsecretario de Asuntos Municipales de Chubut a cargo de las veinte comunas que tiene la provincia, reconoce el despoblamiento en la meseta central. "La caída de los habitantes es inminente (sic) a menos que logremos llevar a cabo planes mineros", explica.

El funcionario explica que para evitar el desarraigo de los jóvenes el Gobierno está llevando a cabo adoquinados de pueblos, pero la tarea es ardua: "la sequía y las cenizas fueron una desgracia", dice y adelanta que para el próximo año la provincia buscará sancionar un marco regulatorio para la actividad minera.

Desde el Gobierno de Chubut estiman que la instalación de una minera podría revertir el despoblamiento de la zona
En el departamento de Mártires hay estimaciones geológicas de minerales aptos para ser extraídos, los cuales el gobierno provincial ve como la única solución para la despoblación.

"No apoyamos a la mega-minería, pero sí a la convencional. La idea es que cada pueblo pueda decidir libremente si la quiere aceptar y de qué quiere vivir. Nosotros vemos el sufrimiento de la gente que vive en estos lugares; sería mucho mejor dejaran de vivir de subsidios y puedan tener un trabajo que les pague un buen sueldo", afirma Hourcade.

Inmediatamente retoma la iniciativa para hablar de Las Plumas y El Mirasol, los lugares que más rápido pierden población en la Argentina, y remata: "la minería es una de las últimas oportunidades, sino son como pobres sentados en un sillón de oro".

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