Thays, el apellido detrás de los grandes parques y estancias

Desde los jardines más refinados hasta los árboles de cada calle, sus diseños transformaron la ciudad de Buenos Aires y más allá también. Otras tres generaciones de paisajistas continuaron con su legado
Teresa Bausili
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21 de octubre de 2012  

Quién no escuchó la frase al menos una vez, si tuvo la suerte de visitar alguna de las espléndidas estancias del país: Este parque lo diseñó Thays.

No necesita carta de presentación. Es el hombre que creó los espacios verdes más importantes de la Argentina -públicos y privados-, aquel sin el cual Buenos Aires no sería Buenos Aires.

Lo que presta a confusión, claro, es que hay cuatro generaciones de Carlos Thays, para colmo todos paisajistas. Carlos Thays III (hoy de ochenta y tantos), por ejemplo, se dedicó al diseño de estancias, llegando a parquizar unas 400.

Pero el que sentó las bases de la dinastía verde fue Jules Charles Thays (1849-1934), más conocido como Cárlos (él mismo se puso el acento en la a). Francés de nacimiento y formación, adoptó la Argentina como patria: se nacionalizó, vivió y murió en estas tierras, que recorrió a lo largo y ancho en busca de especies para decorar paseos, parques y plazas. Así, del norte trajo y aclimató tipas, jacarandás, lapachos, ceibos o palos borrachos, fiel a su promesa de no dejar calle sin árboles ni árbol sin flores (incluso llevó las tipas a Río de Janeiro).

Había llegado de París en 1889, con una Torre Eiffel recién estrenada, el prestigio de haber trabajado con Edouard André (el gran paisajista francés del siglo XIX) y el desafío de construir un parque en la ciudad de Córdoba. Allí, en el entonces parque Crisol y hoy Sarmiento, dejó su primera huella.

En los años siguientes y casi sin respiro llegarían los demás pulmones: los parques Centenario, Lezama (hizo una remodelación), Patricios y 3 de Febrero; los bosques de Palermo (que amplió y remodeló) y las Barrancas de Belgrano; las plazas Constitución, Congreso y de Mayo (que remodeló en su totalidad); los parques 20 de Febrero (Salta), 9 de Julio (Tucumán), San Martín (Mendoza) y Urquiza (Paraná), entre las 69 plazas y paseos públicos que se le atribuyen en Buenos Aires, y 16 en el interior.

La Paz, en Ascochinga, Córdoba, una de las tres estancias del general Roca
La Paz, en Ascochinga, Córdoba, una de las tres estancias del general Roca

Además, Carlos I construyó los parques y jardines de 38 estancias, algunas famosas ya por entonces, como las tres propiedades de Julio Argentino Roca: La Larga (en Daireaux, Buenos Aires), La Paz (en Ascochinga, Córdoba, y hoy la mejor conservada) y La Argentina (en San Andrés de Giles, Buenos Aires); la unión de los tres nombres resulta en Larga Paz Argentina.

"Él mismo diseñaba y dirigía las obras; no tenía equipo. Era una máquina, trabajaba 20 horas por día", cuenta Sonia Berjman, curadora de la exposición Carlos Thays. Un jardinero francés en Buenos Aires.

Los parques de estas estancias centenarias, muchas de las cuales están hoy abiertas al turismo, presentan un mismo patrón de diseño. "Thays siempre incorporaba el agua, ya sea en forma de lago, riacho, estanque o fuente. Después agregaba esculturas, pérgolas, abras para ver campos cercanos...", explica Berjman, y agrega: "Alrededor de la casa principal, el jardín era de estilo francés, rígido y geométrico, mientras que en el resto del parque la naturaleza se adentraba con el entorno, era un diseño más libre y salvaje".

En estancias como La Candelaria, en Lobos (de castillo estilo francés), Thays parquizó ¡100 hectáreas! e introdujo 240 especies como araucarias, palmeras, ombúes, casuarinas o pinos. O en La Porteña, la estancia de San Antonio de Areco que solía pertenecer a Manuel Güiraldes (y donde su hijo Ricardo escribió Don Segundo Sombra), el padre de los parques sembró eucaliptos, cedros del Líbano, robles y una avenida de acceso con un árbol originario del Mediterráneo, el almez (al día de hoy no se secó ningún ejemplar). Otro caso curioso es el de La Benquerencia, en San Miguel del Monte, en cuyo parque trabajaron las cuatro generaciones Thays.

Porque la estada del francés en la Argentina, prevista en uno o dos años, se transformó en definitiva cuando lo nombraron director de Parques y Paseos de la Ciudad de Buenos Aires, en 1891 (tras ganar un concurso público que se realizó a su pedido e insistencia, y en el que participaron paisajistas de renombre mundial).

También, desde luego, porque conoció a Cora Venturino en una kermés, cuando él tenía 41 años y ella, tan sólo 16. Con ella formó una de esas familias que se saben felices, y de la que ya conocemos algo sobre su célebre descendencia (aunque los hijos de la pareja fueron sólo dos, Carlos y Ernestina).

El mate y el Botánico

La obra de Thays excedió la arquitectura paisajística e incluso el urbanismo (trazó los planos de Palermo Chico, de Carrasco, en Montevideo, y de Chovet, en Santa Fe). Fue, por ejemplo, el primero en presentar un proyecto para fundar un parque nacional, el de Iguazú, incluso antes que el Perito Moreno (1903). También creó un centro científico de relevancia internacional, nada menos que el Jardín Botánico, dedicado al estudio de la flora de las provincias argentinas y de otras regiones del mundo (y también el lugar donde fijó la residencia familiar, dado que habitaba la casita donde hoy funcionan las oficinas administrativas).

Como si fuera poco, descubrió el proceso de germinación de la yerba mate, obsesión que lo desveló durante años. Gracias a su genial revelación -plasmada en unos folletos que a su vez distribuyó en toda la Mesopotamia- transformó lo que antes era una tarea de recolección de cultivos silvestres en una industria económicamente rentable.

En La Benquerencia, en San Miguel del Monte, trabajaron las cuatro generaciones Thays
En La Benquerencia, en San Miguel del Monte, trabajaron las cuatro generaciones Thays

Pero el hombre que hizo todo esto y más, que trabajó para la élite argentina, que diseñó los jardines más refinados y cautivó a la aristocracia de la época, no se limitó a engendrar lujo.

"Desde el estanciero más poderoso hasta el último vecino de Villa Luro, él trabajaba para todos -dice Berjman-. Si los vecinos de un barrio le pedían una plaza, él les hacía la plaza. Si le pedían flores para una fiesta, él les mandaba las flores en el carro municipal."

La foto de su entierro en la Chacarita lo dice todo: lo despidieron obreros, estudiantes, funcionarios, gente paqueta y todo el espectro social que se pueda imaginar.

"Monsieur Thays -dijo alguna vez el primer ministro francés Georges Clemenceau- es un hombre modesto y sonriente que se esfuerza por demostrar que no ha hecho nada."

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