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Política vanguardista

Ensayos literarios recupera la tarea del peruano José Carlos Mariátegui como difusor en América Latina de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX
Cecilia Macón
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26 de octubre de 2012  

Las revoluciones suelen estar asociadas a motores de la historia, a momentos de cambio radical, de negación del pasado previa para someterse a la autolegitimación. Se trata de disrupciones que, como encarnaciones de un mito clave de la modernidad, hacen posible el despliegue de la imaginación hacia aquello que nunca debió resultarle ajeno. Aunque esta definición más o menos estandandarizada suele ser aplicada a las revoluciones políticas, resulta difícil sustraerse a la posibilidad de que esas mismas palabras rindan cuenta de las revoluciones estéticas. Para el peruano José Carlos Mariátegui no se trató sólo de una cercanía semántica, sino también de una relación íntima, esencial, casi incestuosa, pero nunca profana.

El modo en que las revoluciones estéticas expresadas por las vanguardias del siglo XX se enlazan con las estrictamente políticas es, en cada uno de estos textos escritos por Mariátegui ente 1921 y 1930, una suerte de mandato, tanto para la acción política como para la representación artística: hacer política impulsados por la imaginación del artista vanguardista y hacer arte a partir del espíritu desafiante de la toma de la Bastilla. "Vivimos -dice- una época de destrucción."

A lo largo de los veintiseis escritos compilados en Ensayos literarios circulan análisis críticos de Luigi Pirandello, James Joyce, Isadora Duncan, Émile Zola, André Breton, el expresionismo, el cubismo, el surrealismo e incluso de la reacción expresada por Charles Maurras y la Acción Francesa. Fundador del Partido Socialista Peruano y uno de los grandes introductores del marxismo en América Latina, Mariátegui -nacido en 1894 en Moquegua- viajó a Europa entre 1919 y 1923 gracias a la deportación a la que lo sometió el presidente Augusto Leguía. Allí, el autor de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana tomó contacto con distintas expresiones de la rebelión estética vanguardista en el preciso momento en que mostraban su impacto sobre lo cotidiano. Fundador de la revista Amauta , órgano clave en el movimiento indigenista peruano, Mariátegui cree que la revolución es el circo, el vagabundo, el decadentismo, el humor, la bohemia, el escepticismo, la rebelión contra el pensamiento burgués y contra el capitalismo. Es Isadora Duncan diciendo: "Con mi túnica roja he bailado constantemente la revolución y he llamado a las armas a los oprimidos" y Charles Chaplin desplegando su sátira sobre la búsqueda del oro. Es él mismo proclamando: "El arte es sustancial y eternamente heterodoxo" y Proust haciéndose eco de Freud. Así como la insurrección impulsada por Mariátegui implicaba releer a Lenin y los textos vinculados con la Reforma Universitaria por igual, también lo obligaba a difundir en una revista de interés general como Variedades las formas diversas que toma la crisis de la primera posguerra marcada por la Revolución Rusa: la respuesta socialista, el fin del romanticismo, las imágenes desgarradas del dadaísmo, las nuevas formas del humor, la protesta del surrealismo o la síntesis encarnada por la pintura de Diego Rivera.

"La torre de marfil cayó sin estruendo y sin drama", dice Mariátegui en uno de los textos compilados en este volumen. Es imposible sustrarse al optimismo de la frase. Difícil olvidar también que detrás de la idea de revolución sobrevive siempre una conexión con el pasado como trasfondo para el cambio y con el futuro por cierta inevitabilidad de lo que de mejor tiene lo nuevo. La certeza del progreso se convierte acá en una presencia inevitable tanto para la transformación política como para los desafíos estéticos. Como señala el propio Mariátegui: "La herejía de hoy es casi seguramente el dogma de mañana".

Ensayos literarios

José Carlos Mariátegui

Mardulce

172 páginas

$ 70

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