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Del teclado a la calle: el poder político de la Red

La marcha del 13-S, con su réplica prevista para el 8-N, sacudió a la opinión pública y sorprendió a oficialistas y opositores: por primera vez en el país una convocatoria surgida de las redes sociales impactó con fuerza en la actualidad política. ¿Se imponen nuevas formas de participación?
Lorena Oliva
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28 de octubre de 2012  

Bastó con que alguien -no importa quién- lanzara la consigna en la Web para que la iniciativa funcionara como catalizador de un descontento ciudadano que se cocinaba en silencio y a fuego lento. La viralidad propia de las redes sociales se encargó del resto. De esta manera, la multitudinaria marcha del 13-S, convocada durante semanas a través de tuits, cadenas de mail y de mensajes que invitaban a "copiar y pegar" en muros de Facebook, demostró que entre los usos y las preferencias digitales de los argentinos cabe mucho más que el entretenimiento.

También aquí, a la manera de otras movilizaciones en el mundo, de fuerte impacto político, el activismo ciudadano encontró en Internet, con sus consignas de horizontalidad y participación, un terreno fértil para germinar y masificarse. Un canal de expresión cuya potencia tomó por sorpresa a la clase política local. Un fenómeno que requiere ser mirado con prismas nuevos: ahí donde algunos analistas todavía tratan de decodificar los alcances del 13-S, el 8-N ya se convirtió en el nuevo grito de guerra del ciberactivismo local de cuño opositor.

En medio, un momento decididamente inaugural, en el que parte de la ciudadanía abandonó por primera vez la arena virtual y salió a la calle.

¿Cuáles son los alcances de esta nueva militancia? Una clave está sin duda en la conectividad y el auge de las redes sociales, cada vez mayor en la Argentina: 19 millones de usuarios de Facebook, 3,5 millones de usuarios activos en Twitter, más de 9 millones de smartphones en el mercado (con previsiones que se acercan a los 11 millones para fines de este año) y 22 millones de usuarios de Internet, de acuerdo con las estimaciones de la consultora Carrier y Asociados.

En definitiva, individuos más conectados entre sí. Algo que entusiasma a quienes ven en la Red, más que un eficiente canal de expresión, una poderosa herramienta de democracia participativa capaz de incomodar al político más avezado. ¿La razón? Son los ciudadanos y no las instituciones quienes ejercen el control de este novedoso canal, capaz de hacer circular las distintas voces de la opinión pública a la velocidad de los impulsos eléctricos.

"La participación ciudadana ya no requiere necesariamente tomar la calle o militar en un partido. Si me asomo al balcón y veo que en la puerta de mi casa se están manifestando y, acto seguido, se lo cuento a mis seguidores de Twitter, que, a su vez, se enteran desde el lugar en el que están y lo retransmiten, estoy siendo parte de una transformación poderosa. Hoy en día, el impacto que puede generar la distribución de una idea o de una información a través de las redes sociales puede ser equiparable al que se logra mediante los métodos más tradicionales", sostiene Lucas Lanza, director de la consultora e-politics y asesor de nuevos medios para gobiernos.

Con la irrupción de las redes sociales, Internet dejó de ser una gigantesca enciclopedia virtual para convertirse en una plataforma social de jerarquías difusas. El típico esquema de mensajes unidireccionales entre un candidato o un gobernante y una masa de votantes ya no se aplica al universo 2.0.

Una comunidad interconectada es capaz de atravesar cualquier cerco informativo, como quedó expuesto en 2009 cuando, gracias a Twitter, el mundo supo del descontento iraní ante la reelección -bajo fuertes sospechas de fraude- de Ahmadinejad. El papel de las redes sociales también fue clave durante las revueltas en Egipto, cuando canalizaron el descontento que se convirtió en movilizaciones ciudadanas por la democratización de su país, e incluso entre los "indignados" de España y Wall Street, donde funcionó como una eficaz herramienta de organización y articulación de la protesta.

Como sostiene el sociólogo catalán Manuel Castells, referente ineludible al momento de analizar los alcances de este proceso de cambio tecnológico y sus múltiples impactos, estamos viviendo un momento bisagra, al pasar de un sistema de comunicación de masas centrado en los grandes medios de comunicación a un sistema de autocomunicación de masas a través de Internet y las redes móviles.

Los políticos parecen haber tomado nota del cambio si se tiene en cuenta que hasta las fuerzas más marginales contemplan la cuestión digital en su estrategia comunicacional. El de las redes sociales es un terreno que conviene no descuidar, pese a que, a su vez, deja a la clase política más expuesta. Por eso mismo, la del social community manager , encargado de la estrategia de distribución y moderación de lo que allí se comunica, es una figura en ascenso dentro de cualquier equipo político. Tanto la Presidenta (casi 1.400.000 seguidores), como Mauricio Macri (unos 426.600 seguidores), Aníbal Fernández (unos 354.400 seguidores), Horacio Rodríguez Larreta (casi 81.200 seguidores), Patricia Bullrich (algo más de 34.600 seguidores) o Ricardo Alfonsín (casi 72.500 seguidores) atienden a diario a su audiencia en Twitter.

"Gracias a las redes sociales, los políticos tienen posibilidades de escuchar nuevas voces. Disminuye la distancia entre el Estado y los individuos y, de esta manera, se puede segmentar con mayor efectividad el mensaje que se desea transmitir", destaca Lanza.

El cambio, desde la Web

De la vereda del ciudadano, allí donde mecanismos participativos como las audiencias públicas, los presupuestos participativos o cualquier iniciativa descentralizadora solían quedar empantanados entre la falta de voluntad de aplicación y cierta apatía ciudadana, las redes sociales podrían habilitar otros canales de participación. Saltar la valla.

"Hay quienes subestiman el poder ciudadano a través de las redes por su condición de virtual. Yo no estoy de acuerdo con ellos. La gente puede no asistir al mitin político pero, así y todo, promover cambios. La difusión de nuevas ideas a través de nuevos medios es capaz de afectar las decisiones de los ciudadanos al momento de comprar un producto o de votar a un candidato", considera Lanza.

La eficacia de Internet en su versión 2.0 ha sido comprobada con creces en terrenos como el social, filantrópico o educativo. Pero es en la arena política donde todavía genera más preguntas que respuestas.

"El enorme potencial de los ciudadanos en red puede comprobarse en el éxito de algunas iniciativas de crowdfunding , o financiación colectiva, que existen en la Web, en las que algunas personas les prestan dinero a otras sin intermediarios, con una altísima tasa de retorno. Pero en el plano político estamos viviendo un período de transición entre las lógicas 1.0 y 2.0. Nos encaminamos hacia algo revolucionario, con ciudadanos capaces de alzar la voz para reclamar por sus derechos, con lógicas de organización que van por fuera de las instituciones. Todo el mundo sabe que se está organizando la marcha del 8-N, pero nadie sabe muy bien desde dónde", analiza Ernesto Van Peborgh, especialista en redes colaborativas.

El sociólogo Gerardo Adrogué, director de la consultora Knack Global cree sin embargo que para que la ciudadanía pase de la reacción a la acción colectiva deberá mediar de alguna manera la política. "Es necesario que la ciudadanía tenga en claro cuál es el sentido de lo que está haciendo, que tenga un objetivo político que se prolongue en el tiempo. Mucha gente mandando tuits, concentrándose y desvaneciéndose después nos habla de una necesidad de quejarse, de manifestarse. Pero eso no es una acción colectiva."

Es lo que otros analistas han interpretado como un déficit de la oposición, que no ha sido capaz de capitalizar, hasta ahora, el descontento expresado el 13-S. En sintonía con esa afirmación, el politólogo Enrique Peruzzotti, profesor del departamento de Ciencias Polìticas y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella señala los riesgos de una movilización sin una agenda articulada. "Es indudable que las redes sociales permiten la coordinación de eventos como el del 13-S de manera casi espontánea y a muy bajo costo. Pero ante la ausencia de liderazgos y de una agenda coherente, termina canalizándose a través de las redes una pluralidad de demandas desagregadas sin que alguien las articule. Estamos ante un fenómeno distinto, eficaz para marcar ciertos límites al poder, pero que no muestra hasta el momento elementos propositivos."

Pero, tal vez, como lo resume el médico y activista digital Jorge Dotto, de lo que se trata, en última instancia, es de que cada quien atienda su juego: gracias a las redes sociales la ciudadanía puede ejercer activamente su rol y reclamar que tanto el oficialismo como la oposición hagan su trabajo.

"Cuando un diputado o un senador reciben 25 o 30 tuits de la gente, no puede hacerse el desentendido. Algo está pasando. El ciudadano que lo votó le está reclamando algo. Que haga su trabajo", grafica Dotto, quien a fines de 2010 comenzó una cruzada vía Twitter para que se sancione una ley nacional de fertilización asistida, capaz de regular una actividad que ya existe en nuestro país desde hace más de una década y, con ella, lograr que las prepagas y obras sociales cubran el altísimo costo de los tratamientos.

El suyo es un buen ejemplo de ciberactivismo de impacto social y político: en algo más de un año, la lucha logró visibilidad ante la opinión pública y el proyecto de ley ya tiene media sanción.

La cuenta de Dotto tiene unos 15.000 seguidores, y además el hashtag # fertilizacionasistida ha sido retuiteado por reconocidas figuras del ambiente artístico a sus seguidores. "Hace algunas semanas me llamó un senador nacional a las ocho de la noche para pedirme que la gente dejara de mandarle mensajes por Twitter -revela Dotto-. En eso consiste nuestra campaña: en mandar mensajes vía Twitter, o en escribir en el muro de Facebook de los legisladores, o en inundar con mails sus despachos. Gracias a las redes sociales, los funcionarios se vuelven más accesibles y quedan más expuestos."

Convencido de que, gracias a estos nuevos medios de comunicación, los argentinos estamos pasando de una democracia puramente representativa -delegativa, como observó en su momento Guillermo O'Donnell-, a una más participativa, Dotto destaca la importancia de organizarse de cara a las metas propuestas. "Para que una campaña sea efectiva, tiene que haber una cierta organización, una cierta metodología y mucha persistencia -sintetiza-. Pero cuando la gente está motivada, esto se da con mucha naturalidad y sin resistencias."

Ya decía Marshall McLuhan que con el advenimiento de un nuevo medio de comunicación se produce un salto de conciencia en la humanidad. Sin duda con las redes sociales el diálogo político, tejido en sentido horizontal, es otro, más rico y representativo. El futuro dirá si estos atributos se traducen además en una mejor democracia.

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