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Ciencia y poder político

El médico Michael Hagner estudia el caso que dio origen al "dipoldismo", ejemplo de la violencia que el maestro ejerce sobre su discípulo
Fernando De Leonardis
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2 de noviembre de 2012  

Andreas Dippold fue maestro particular de Heinz y Joachim Koch, de 14 y 12 años de edad. Los hermanos eran hijos de un directivo del Deutsche Bank y durante ocho meses estuvieron, literalmente, en manos del preceptor. Es que en las instituciones de enseñanza formal no se lograba impregnar en ellos los valores burgueses de "cultura general, disciplina en el trabajo y sentimiento del deber" vigentes a comienzos del siglo XX en Alemania. Rigor: tal el significante anclado en la sociedad de entonces y que ponían en circulación con particular énfasis los pedagogos. Y Dippold aplicó la rigurosidad exigida por los padres de los educandos: el 9 de marzo de 1903 Heinz murió víctima de una paliza.

Michael Hagner reconstruye en El preceptor. Un caso de educación criminal en Alemania esta desdichada historia y vincula los efectos que inmediatamente siguieron al debate público en diversos saberes especializados (pedagogía, sexología, psiquiatría, abogacía) y en la vida cotidiana, y muestra cómo las opiniones de sentido común, mediante el relato tejido en los diarios y revistas de tirada masiva, modelaron, en parte, el discurso "científico". El libro es una reflexión vibrante acerca de la construcción del saber científico como poder político y sobre cómo la ciencia se comporta como ideología. Luego del juicio al preceptor, la patologización de la criminalidad, jurídicamente ausente hasta entonces, llegaría para quedarse. La voz de Mijaíl Bakunin en Dios y el Estado resuena con fuerza mientras se transita el texto: "Los sabios forman ciertamente una casta aparte que ofrece mucha analogía con los sacerdotes. La abstracción científica es su dios, las individualidades vivientes y reales son las víctimas, y ellos son los inmoladores sagrados y patentados". El papel de los portadores del saber –y las apelaciones a ese saber– en la historia que desencadenó esta microhistoria puede leerse como un derrotero preciso: eugenesia, darwinismo social y antropología criminal –discursos científicos vigentes en Europa a fines del siglo XIX encarnados en las prácticas cotidianas de los alemanes– cristalizaron en razón de Estado con el advenimiento y la consolidación del régimen nazi.

El libro devela cómo ciertos valores y procedimientos revestidos de cientificidad, empleados por Dippold y compartidos por los progenitores y distintos especialistas para convertir a los niños en "hombres capaces", devinieron en disvalores. Así, la celebración de la pedagogía reformada de Hermann Lietz que aplicaba el preceptor con el consentimiento de la madre de los alumnos, con su énfasis en lo corporal y el culto a la desnudez, se convirtieron en "prácticas perversas" al concluir el juicio. Fue durante el proceso, mientras el caso se ventilaba en la opinión pública, cuando se forjó el término "dipoldismo" para referirse a quienes ocasionan sufrimiento a sus pupilos con el objeto de proporcionarse placer: de práctica virtuosa, el azote con fines pedagógicos se transformó en vicio patológico. Es notable cómo los debates suscitados entre científicos, abogados y periodistas abrevaron no del expediente judicial sino de la prensa y terminaron construyendo sentido. Escribió Ambroise-Auguste Liébeault a fines del siglo XIX: "Sin hacer el debido examen, uno se apropia de opiniones morales y políticas, de prejuicios […]. Se adoptan esas ideas que impregnan la atmósfera en que uno vive. Existen fundamentos sociales y religiosos que no pasarían la prueba ante el tribunal del sano juicio humano, mucho menos de la razón y, sin embargo, creemos firmemente en ellos y los defendemos como si fueran posesión nuestra".

El preceptor

Michael Hagner

Mardulce

Trad.: Nicolás Gelormini

360 páginas

$ 90

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