Cuartos de adolescentes, un campo de batalla

Cómo lidiar con los jóvenes para que mantengan en condiciones mínimamente habitables sus dormitorios; aquí, una lista de diez cosas que todo padre debería tener en cuenta en su guerra doméstica
Jan Hoffman
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3 de noviembre de 2012  

NUEVA YORK.- Kristyna Krueger respiró hondo y se preparó para ingresar en el cuarto de Brandon, su hijo de 14 años. A continuación, puso con suma cautela un pie dentro de la habitación y describió el espectáculo: "Todos los cajones están abiertos -contó Krueger-. Los de su escritorio, su mesa de luz, su mesa de computación y su placar. Imposible avanzar sin pisar ropa, cables de cargadores diversos, frascos de perfume y tubos de desodorante por todas partes. El cuarto es un desastre total".

A pesar de todo, Krueger no pierde la calma. Como tiene otros dos hijos adolescentes mayores en la casa, se ha vuelto inmune a la furia y la impotencia que tan bien conocen los padres que se aventuran en el baldío adolescente que sus vástagos llaman orgullosamente "dormitorio".

El cuarto de Kelsey Rosenfeld, de 14 años, exhibe el desorden habitual de los adolescentes
El cuarto de Kelsey Rosenfeld, de 14 años, exhibe el desorden habitual de los adolescentes Crédito: New York Times

Después de consultar con padres, adolescentes y profesionales especializados en el caos adolescente, hay algunas noticias esperanzadoras: aunque aspirar a la pulcritud adolescente tal vez sea mucho pedir, por lo menos, es posible un cierto saneamiento. Es más, hasta podría llegarse a una tregua. A continuación, una guía de diez puntos para saber moverse en el más encarnizado campo de batallas doméstico.

1) Una vez más, la toalla mojada está tirada al descuido sobre la cama. ¿Por qué será que eso enoja tanto? Tal vez porque parece que se ríen de uno, como el desafío al control parental de una colonia de rebeldes. Pero la furia instantánea de los padres tiene raíces más profundas. "Los padres se sienten avergonzados", dijo Deborah Silberberg, dueña de ShipShape, una empresa especializada en organización. "Se empiezan a preguntar si no serán padres negligentes." La culpa y el miedo también hacen lo suyo. ¿Pero ese caos no será síntoma de que no hemos enseñado a nuestros hijos a ocuparse de sí mismos?

2) Como lo señala Barbara Greenberg, psicóloga y autora de El adolescente como segundo idioma, cuanta más importancia se le dé, más se alarga el problema. "Los padres tienen que hacer algo en apariencia paradójico: dejarlo pasar. De lo contrario, el adolescente pensará que es una maravillosa manera de portarse mal", dice. Los adolescentes están en el largo camino hacia la adultez autónoma, como lo señalan psicólogos como Marsha Levy-Warren, autora de El viaje adolescente . Y en el mapa de ese viaje, mantener el cuarto ordenado es un detalle menor. "Durante la adolescencia, los chicos están tan preocupados por lo que quieren ser, que están completamente metidos en sí mismos -dijo Levy-Warren-. Pierden noción de lo que pasa afuera. Ni ven lo que es su cuarto. Tienen demasiadas cosas que resolver."

3) Aunque su madre diga que el cuarto "es un desastre total", ¿qué significa para Brandon Krueger, un recién llegado a la universidad que se levanta a las 6.45 de la mañana, practica fútbol todos los días, juega tres partidos por semana y mantiene un promedio general de 9? "Mi cuarto es mi privacidad. Es el lugar donde me relajo y puedo estar en paz", dice. "No lo limpio muy seguido. Cuando no estoy ocupado, estoy cansado."

4) "¡Limpiá tu habitación!" El grito se escucha por todo el barrio. ¿La respuesta más común? "No sé cómo." Los blogs sobre crianza están atiborrados de pedidos de ayuda sobre cómo encarar el tema del cuarto de los adolescentes. Pero también existe un universo de blogs de adolescentes que piden consejos para aprender a encarar el desorden de sus habitaciones. Entre los consejos más destacados: "Para ponerle onda, empezá con tu música favorita a todo volumen". Como señala Levy-Warren, a veces los adolescentes no saben cómo ordenar. "O no están listos para hacerlo", agrega, "porque eso implica cancelar el rol del adulto, que era quien levantaba las cosas cuando eran niños. Y algunos chicos no están listos para eso".

5) Si a los padres los desconcierta el desorden de sus hijos, a los adolescentes suele desconcertarlos de igual manera la reacción de sus padres, a la que son igualmente indiferentes. La madre de tres adolescentes, Jeanne Buckley, se preguntaba en voz alta cómo podía su hija de 17 años dormir en medio de semejante caos, y desde el fondo se escuchó el grito de respuesta: "¡Sin ningún problema!". Buckley le preguntó a su hija si no estaba harta de escucharla quejarse, y la hija le contestó: "No, me desconecto y listo". Si se les pregunta a los adolescentes por qué creen que el desorden de sus cuartos enfurece tanto a sus padres, la mayoría responderá encogiéndose de hombros, poniendo cara de perseguidos o dando una lista de amigos cuyos cuartos están tanto peor.

6) Hay montones de libros acerca del desorden adolescente, que promueven estrategias que van desde la intervención draconiana hasta la indiferencia. Pero todos concuerdan en algo: hay que demarcar los espacios. Los adolescentes quieren ser los reyes de su cuarto. A cambio, los padres deberían insistir en que el caos no tome el resto de la casa.

7) ¿Cómo hacer que los adolescentes hagan lo que no quieren hacer? Según los expertos, primero hay que elogiar sus logros, y dejarles en claro que en lo personal no se los considera un desastre fuera de control.

¿Y después qué? Los expertos dicen que como los adolescentes son cabezas duras y están a la defensiva, los abordajes autoritarios suelen tener un éxito acotado. La clave es mejorar la comunicación, tanto para el cuarto como para la relación en general. Hay que desdramatizar esa lucha de poder con una pizca de humor. Como esa madre que alquiló un traje y una mascara antirradiactivos. Así se apareció en la puerta de la habitación de su hija, al grito de "¡Adentro, muchachos!", dirigido a una cuadrilla de rescatistas invisibles. La hija no pudo contener la risa, la dejó entrar, y juntas resolvieron el problema.

8) Levy-Warren sugiere que hay que dividir la limpieza en pequeñas tareas. "Hay algo de simbólico en tender la cama prolijamente para luego acostarse a la noche", dice. "Tiene que ver con ser capaz de cerrar un día y empezar otro de cero." ¿Y qué hacer con ese cementerio de animales de peluche que está sobre la cama? Hay que acercarle a la chica en cuestión una caja de guardado y decirle que puede elegir los seis que prefiera y hacer rotar el resto."

9) ¿Cuándo el desorden se convierte en algo más que un desorden? Greenberg dice que si "uno tiene un adolescente que hasta los 15 años era ordenado y de pronto su cuarto es un desastre, sumado a otros cambios", entonces es hora de investigar. "Si tienen los ojos enrojecidos y dejan de hacer su tarea, algo está pasando."

10) Krueger estableció un ritual: todos los sábados les pregunta a sus hijos si necesitan ayuda para limpiar. Así, los ánimos en la casa se calmaron. "Esos momentos son de los mejores que pasamos en familia -dice-. Cuando la cama se tiende de a dos, la sensación es diferente."

Traducción de Jaime Arrambide

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