En Carta Abierta comparan el 8-N con el "clima apocalíptico de 2001"

El filósofo Ricardo Forster, cercano al Gobierno, cuestionó los motivos del cacerolazo convocado para el próximo jueves; aseguró que en el reclamo hay "resentimiento y racismo"
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6 de noviembre de 2012  • 11:51

El filósofo Ricardo Forster, referente del grupo Carta Abierta, dijo que la protesta convocada para el próximo jueves le recuerda el "clima apocalíptico y de disolución nacional de diciembre de 2001, cuando parte de las cacerolas querían que se fueran todos".

"Hay una importante cantidad de argentinos y argentinas que van a ir el 8 de noviembre y que no tienen interés de que los escuchen en el sentido democrático del término", lanzó.

Forster cuestionó las "frases rimbombantes" en torno a la convocatoria y ejemplificó: "No a esto, no a lo otro, no a lo del más allá".

"No hay nada más fácil" que recurrir a esas consignas "cuando no se tiene responsabilidad de gobierno", deslizó. En declaraciones a radio 10, Forster mencionó "una cierta visión del prejuicio, de resentimiento y racismo".

"Me llama la atención que los dirigentes políticos opositores tengan que llamarse a silencio y no concurrir a lo que para ellos es un momento clave de lo que suponen que debiera ser una nueva Argentina", alertó el pensador

En tal sentido, remarcó: "Eso me hace retrotraer a ese clima apocalíptico y de disolución nacional que era diciembre de 2001, donde parte de las cacerolas querían que se fueran todos", en referencia a la crisis política, social y económica que terminó con la caída del gobierno del radical Fernando de la Rúa.

Forster aceptó que "en democracia toda manifestación es siempre bienvenida en la medida que esté dentro de los límites del respeto al otro; desde ese lugar, aquel que se sienta a disgusto con políticas del Gobierno nacional en abstracto, en general, en particular, tiene derecho a hacerlo".

Sin embargo, dijo que "no queda muy claro" cuál es el objetivo de la protesta, organizada a través de las redes sociales. Al poner en duda que los participantes de la manifestación tengan interés de ser escuchados "en el sentido democrático del término", el filósofo sostuvo que "escuchar, por ejemplo, sería respetar que en la Argentina por suerte hay democracia, hay elecciones, que hay un gobierno que explicita y desarrolla un proyecto político".

"Y en todo caso -prosiguió- quienes piensen diferente pueden manifestar su desacuerdo, organizarse políticamente, ir a elecciones y plantear otro modelo de la sociedad". "Pero me parece que por debajo, por detrás, en ciertas zonas complejas de la vida social hay otro tipo de discurso: uno escucha comentarios que dan cuenta de una cierta visión del prejuicio, cierto resentimiento, incluso, condimentado con cierto racismo", repitió.

Si bien admitió que "todo político democrático tiene que escuchar" las demandas del pueblo, dijo no creer que "aquellos que se van a manifestar el 8 de noviembre representen la mayoría del país".

"Representan un sector, un sesgo, una mirada, representan el derecho que tienen a expresar sus ideas", concluyó.

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