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Más que biografía, dogma

Marcelo Stiletano
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22 de noviembre de 2012  

Néstor Kirchner, la película (Argentina/2012). Dirección: Paula de Luque. Guión: Paula de Luque, con la colaboración de Carlos Polimeni. Fotografía: Marcelo Laccarino. Música: Gustavo Santaolalla e Iván Wiszogrod. Edición: César Custodio. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 100 minutos. Calificación: apta para todo público.

Nuestra opinión: regular

Lo primero que desmiente Néstor Kirchner: la película es su propio título. La biografía autorizada que se narra aquí no pertenece a quien fuera presidente de la Argentina entre 2003 y 2007, sino al proyecto político encarnado por el santacruceño y continuado hasta hoy por su viuda, la actual presidenta, en pleno ejercicio de su segundo período en el cargo. Todo en clave autocelebratoria, sin una sola tacha o imperfección.

El perfil apologético que se hace aquí de Kirchner deja en claro que Paula de Luque va hacia el encuentro de una figura con la cual se identifica plenamente. En principio, corresponde decir que todo documental "parece inseparable de su intencionalidad y de su posible función cultural", según afirma Eduardo Russo en su Diccionario de Cine .

Pero detrás de esta afirmación expresada desde el vamos por la directora, de esta precisa opción valorativa a favor del kirchnerismo, asoman indicios igual de claros que nos hablan de una obra que en el fondo no supera el umbral de ciertas urgencias políticas del momento. Aquí todo se limita a una identificación inmediata con un proyecto que necesita refirmar su identidad frente a las "batallas épicas" que se acercan, algunas muy cercanas.

En este contexto, el prometido y proclamado retrato humano del líder del proyecto queda completamente acotado y subsumido a un dogma político incuestionado y repetido con insistencia a partir de cuatro ejes: los derechos humanos, el distanciamiento con el Fondo Monetario Internacional, el conflicto con el campo por las retenciones móviles y la ley de medios. El documental encontró rápidamente las respuestas que supuestamente salió a buscar y las plantea, en línea con los últimos discursos de la Presidenta, como una suerte de verdad revelada que no admite correcciones ni sugerencias llegadas de otros sectores.

Es cierto que la historia del documental está llena de notorias realizaciones que descansan en la expresa voluntad de divulgar una idea o postularla desde un claro espíritu pedagógico. Pero en este caso la opción elegida deja al desnudo una flagrante contradicción: ¿cómo sumar a este conjunto de enunciados que se imponen desde su certeza y superioridad política frente al resto el retrato humano e íntimo de su artífice? La respuesta aparece muy rápido y deja al descubierto el flanco más endeble de este trabajo, porque el recorrido histórico que aparece ilustrado sobre todo por filmaciones caseras y testimonios familiares de incuestionable valor documental muestra baches imposibles de disimular.

Admiración, no curiosidad

Al abordar a Kirchner desde la admiración más que desde la curiosidad, la directora abandona deliberadamente el acercamiento a una vida cuyos interrogantes aparecen insinuados precisamente desde los testimonios elegidos para la evocación de tiempos oscuros y confusos. En un momento, vemos a la madre de la Presidenta contando que Kirchner y Cristina lograron viajar al Sur con el tiempo justo para evitar la llegada de los grupos de tareas que los tenían en la mira por su tarea militante en La Plata. Pero nada se dice de aquel tiempo transcurrido en el Sur por la pareja hasta el regreso de la democracia y el rearmado político en Río Gallegos. Esas voluntarias y expresas omisiones (que se extienden a otras instancias temporales y políticas, como los años 90 y los tiempos de la convención constituyente de Santa Fe, por ejemplo) dejan capítulos vacíos enteros en una obra que equívocamente se presenta como biográfica.

En definitiva, pareciera que aquí estamos viendo más de un film. De un lado, el retrato más intimista y humano representado por ocasionales imágenes de la Patagonia (espléndidamente fotografiadas por Marcelo Iaccarino), por el bello leit motiv ejecutado en charango por Gustavo Santaolalla y los testimonios personales, entre los que figura un puñado de personas desempleadas que a partir de la gestión kirchnerista consiguieron ocuparse en el Estado. Del otro, ampulosas orquestaciones como envoltorio de las autoglorificadas gestas políticas que se llevaron adelante en los últimos años.

En el medio queda un relato que entusiasmará sólo a los simpatizantes incondicionales del kirchnerismo y que potencia todavía más la curiosidad por conocer el enfoque de la primera versión firmada por Israel Caetano (cuyos créditos aparecen en los títulos finales) y desechada por sus productores. Eso nos dice que detrás de este urgente panegírico el tiempo decantará otras visiones documentales sobre Néstor Kirchner. Habrá que esperar bastante para su retrato fílmico definitivo.

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