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Santiago Bal: "Estoy falto de minas y me gustan mucho"

Carmen y Santiago, en tiempos más felices.
Carmen y Santiago, en tiempos más felices. Fuente: Archivo
El ex marido de Carmen Barbieri habló con LA NACION sobre su polémica separación, su supuesta relación con Ayelén Paleo, qué le parece el medio de las vedettes y cómo vive actualmente
Fernanda Iglesias
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5 de diciembre de 2012  • 14:55

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Santiago Bal me advierte por teléfono que vive en un monoambiente "por las razones que son de público conocimiento". Lo dice como con vergüenza, como si su vivienda no fuera digna de él. Sin embargo, el departamentito que alquila en Recoleta es súper cálido, increíblemente limpio y ordenado hasta la obsesión. Parece uno de esos espacios de Casa Foa. En la computadora se ve la bandeja de entrada de su cuenta de mail: tiene ocho correos de Carmen Barbieri , su ex mujer. Fisgoneo de lejos y llego a leer una línea: el mensaje huele a reproche.

-¿Cómo están las cosas con Carmen?

-Ella me ama profundamente.

-Pero no te puede perdonar.

-No. Ese es el tema, pobre.

-¿Qué fue lo que pasó entre ustedes?

-Esa es una buena pregunta.

-Lo que se supo es que ella descubrió unos mails tuyos para Ayelén Paleo . Mails románticos.

-Yo te voy a explicar, mi amor. Ni un mail, ni un mensaje de texto tienen valor jurídico. Cualquiera puede escribirlo y cualquiera puede imprimirlo en mi computadora, o en otra. A mí nunca me vio nadie, ni hay ninguna foto mía. ¿Vos me viste alguna vez?

-No.

-Entonces, ¿qué podés decir? Nada. Sólo lo que escuchaste.

-Pero tu hijo, Federico, dijo que era verdad, que habías salido con ella.

-¿Lo dije yo?

-No.

-Lo dijo Federico.

-¿Por qué lo dijo?

-Ah, no sé. Él tiene derecho a decir lo que quiera. Yo lo quiero igual. No estoy de acuerdo con que haya dicho lo que dijo. De ninguna manera estoy de acuerdo, pero yo sigo comiendo con Federico.

-Pero fue todo tan público y tan escandaloso…

-Claro... ¿Yo lo hice público? ¿Yo salí en alguna nota hablando de esto?

-No.

-Ahora estoy hablando con vos, pero porque quiero contar que voy a hacer una revista en el verano, Noche de Astros, en Carlos Paz. Fue Carmen la que se ocupó de hacerlo público. Ella es un reality vivo.

-¿Se lo perdonás?

-La que se perjudicó fue ella, lamentablemente.

-Quizás está mejor ahora, separada.

-No. No está mejor ahora. Ella me sigue necesitando.

-¿Volverías con ella?

-Hace falta hablar mucho, limpiar gente de su entorno y otra tanta del mío para volver a las cosas tal como eran. Carmen está mal rodeada. Y a ella no le gusta la gente con la que estoy yo. Así que hay muchas cosas para hablar. Cuando una pareja se separa hace nuevas amistades o se rodea de nueva gente, y eso es lo que ha sucedido. Antes teníamos el grupete bien armado, yo fui el culpable o alguien fue el culpable o quizá no hubo no hubo ningún culpable, pero se rompió la cosa. Quedamos solos y cada uno buscó su entorno, y a mí no me gusta el entorno de ella y a ella no le gusta el entorno mío, así de fácil.

-¿Y vos no estás dispuesto a resignar tu entorno?

-No, no se trata de resignarlo. Es muy fácil de solucionar y de que quiera a mi entorno. Es muy difícil que yo quiera al de ella. Es muy bravo el tema, pero yo lo veo posible.

-Hace poco dijiste que veías un futuro en el que iban a estar los tres en el escenario, Federico, vos y ella.

-Rompemos todo si estamos los tres juntos, pero siempre y cuando mi hijo Mariano sea el productor. No lo voy a dejar afuera porque fuimos los tres los que hicimos este éxito, los que hicimos de Carmen la estrella que es. Ella tiene todo el talento del mundo, pero ¿qué hacíamos hasta ese talento? Trabajábamos.

-¿Cómo te sentís con todas las cosas que se dijeron de vos? Quedaste como un baboso, viejo verde…

-Ah, sí. Fueron muchas chicas buscando prensa y todas consiguieron un laburito. Vos vas a la televisión, hablás mal de mí y enseguida te llaman para hacer una temporada en Carlos Paz. Chicas que ni siquiera conozco han hablado de mí. Hay una que habló de mí en televisión, que no la toqué ni con un dedo, y era una chica que venía a mi camarín con una bata y absolutamente nada abajo y se me sentaba en la falda. Estaba mi asistente ahí. Y fue a la televisión a decir que yo tal cosa y que yo tal otra. Finalmente consiguió laburo.

-Bueno, pero en tantos años de revista, alguna que otra vez habrás mirado un culito.

-¿Mirar? Pero cómo no voy a mirar, por Dios, si me gustan mucho las mujeres. Pero por mirar no me van a pegar, ni me tienen que delatar por eso… ¡Puedo mirar! Mientras no tenga la libido subida en la mirada está todo tranquilo. Te cuento un ejemplo. Había una chica de la que yo necesitaba saber si íbamos a sacarla sin corpiño o con corpiño, ella me tenía que mostrar. Pero yo no quise y para eso la mandé a Casandra. Le dije: "Por favor, andá al camarín y fijate si está como para que salga con o sin". Y ella dijo que yo fui a mirar y toqué.

-Es un rubro polémico la revista.

-No, es un rubro de hijas de puta, de arribistas.

-¿Es un género que se presta para todo ese puterío?

-Es todo lo contrario, te diría. Yo hace cincuenta años que no hago otra cosa que ver mujeres desnudas. Y si no me acostumbré, es porque soy un inmaduro. Lo que me calienta ahora, no es eso: es que a una mujer se le suba un cachito la falda. No es que no me gusten, son hermosas las mujeres y me atraen horrores, pero no estoy mirando como un pelotudo.

-La fantasía es que andan todos con todos.

-Sí, puede ser, pero es la mala uva de los que sí trabajan y buscan arribismo. Y siguen estando en la compañía de Carmen.

Justo en ese mismo instante, suena en celular. Es Carmen Barbieri. Hablan cordialmente entre ellos del trabajo que Santiago va a hacer en Carlos Paz. El le cuenta que está en medio de una entrevista. Ella le pide que repita lo que dice: "La mitad de mi vida la invertí en vos". Cortan con buena onda. Santiago explica:

-Claro, ella tiene apenas cincuenta años y estuvimos veinticinco años juntos.

-Me perdí. ¿Todo este show de la pelea no es verdad, entonces? Acaban de hablar muy cordialmente...

-La relación cordial empezó hace muy pocos días. Y sólo nos llevamos bien por teléfono y por mail. Los encuentros personales son muy malos.

-¿Se ven?

-Te cuento. Hace diez días, Carmen me llama y me dice: "Quiero ver cómo vivís y en dónde, estoy en un ensayo y me desocupo a tal hora". Bueno, muy bien. Me llama a esa hora y dice: "No puedo moverme, hay una inundación terrible, entré en un bar de Callao y Arenales, estoy acá pero no pasa ni un taxi". "Ya lo sé, ¿querés que yo vaya para ahí?". "¿Estás lejos?". "No, yo estoy a ocho cuadras, voy caminando". Llego al bar, eran las ocho de la noche y le digo: "Si querés, vamos a comer algo". Entramos y el tipo que nos recibe, dice: "Vayan a aquel rinconcito que hay fotos de artistas". Quiso decir: "Ahí van a estar con cierta privacidad. Entonces nos sentamos, pedimos alguna cosita y a los dos minutos aparece el tema. "No, así, no", le digo.

-¿Qué tema?

-El tema que nos separó.

-¿El de Ayelén Paleo?

-No digo nombres, vos lo acabás de decir. Sigo: "Pero así no sirve, ¿para qué me citaste, qué es lo que querías?". "Para que charlemos". "Pero así no va a servir, así no vamos a llegar a ningún lado, esto no se puede hablar así, de este modo". Salimos, ya se había calmado la inundación y pasa un taxi, le digo: "Llevame, son diez cuadras". Me deja en la puerta de mi casa y la saludo, le doy un beso en la mejilla y subo. Cuando llego me manda un mail, "¿Ese es el modo en que me saludás?, esperaba un abrazo de tu parte, algo". ¿Cómo me va a pedir esto después de que me acaba de tirar del culo en una mesa?

-Pero así somos las mujeres.

-Ah, no... ¡se van a la concha de su madre! Así no me sirve… Lo dijo Oscar Wilde: "Uno de los defectos que tienen las mujeres es que cuando deciden perdonar algo te lo recuerdan todos los días". Entonces, ahí estamos.

-La imagen que dan es la de una familia reloca, que se pelea en cámara...

-¿Vos me viste pelear a mí? No, mi amor, nunca. Y menos en contra de Carmen, sería incapaz. Es una mujer que amo profundamente, es la mujer de mi vida, he pasado veinticinco años con ella.

-Estás bien con tus hijos Federico y Mariano, ¿qué pasa con tu hija?

-Yo no tengo ningún problema, ella está mal conmigo, yo no: yo la quiero mucho. Si ella tiene alguna diferencia conmigo me la tiene que decir a mí, no ir a los canales a hablar del tema. Pero le fue bien, encontró lo que quería, está laburando en una obra ahora.

-¿Te da bronca eso?

-Me da lo mismo.

-Me estabas hablando de alguien de la compañía de Carmen. ¿Es Andrea Ghidone?

-No, a Ghidone la hice actriz y hace muy poco, en este verano, ella estaba haciendo una nota, justo al lado mío, y dice: "Yo estoy muy agradecida porque gracias a Carmen estoy acá con Carmen y gracias a Carmen". Yo digo: "Pará un minuto". Me meto en la nota, "¿y yo qué soy? ¿quién te hizo hablar en el escenario a vos? Sos una ingrata, acordate de vez en cuando que gracias a mí hablaste en un escenario. Chau."

-Te enojaste.

-Sí, mucho.

-¿Hay alguna que no te haya defraudado, una buena piba?

-Hay dos. Una es Mónica Farro, que no busca escándalos, es muy buena vedette, es excelente y tiene una figura espectacular. Otra chica encantadora es Andrea Estévez. Muy buena también, me dio muchas satisfacciones, además de ser muy linda mujer y buena bailarina.

-¿Te da lástima no ser parte de la compañía de Carmen?

-Sí, cómo no me va a dar lástima si esa es una empresa que creamos con mi hijo Mariano.

-¿Mariano tampoco está?

-Mariano fue el primero en salir.

-¿Lo sacó Carmen?

-Noooo, Carmen sería incapaz. El que nos desvinculó fue Javier Faroni, el productor. Ese reverendo hijo de mil puta se portó muy mal con nosotros, que le hicimos una empresa. Le dimos cinco años de gloria, de boleterías llenas, que es lo único que le interesa. Cuando me apartó del espectáculo, para evitar problemas de roce, me dijo: "No te preocupes, yo te voy a dar el teatro Tabaris para que hagas una comedia ahí, ¿ok?" Esto fue hace un año y medio. Sigo esperando.

-¿Qué hiciste en este tiempo?

-Escribí tres obras y mis memorias.

-¿No saliste con mujeres?

-Sí, claro que sí

-¿Con quién? ¿Con Silvia Suller?

-No. Ella llamó a un canal cuando venía para acá, para avisarles, por eso había una cámara en la calle de enfrente. Una mala leche. Pero con ella no tuve un romance. Salí con una chica morocha que vivía a Suiza, con la que casi me voy para allá. Le dije que no porque iba a extrañar a mis hijos.

-¿Tenés ganas de rehacer tu vida?

-Sí, quiero seguir saliendo con mujeres, me encantan. Pero convivir no. Ya soy muy grande, no jodamos. Empezar de nuevo una relación estable... No, de ninguna manera. Únicamente volvería a vivir con Carmen.

-No te molesta que hablen mal de vos en la tele, ¿pero qué te pasa cuando hablan mal de tu hijo Federico?

-¿Quién habla mal de él?

-Su ex novia, Tamara Gala.

-Pobre, habla de despechada. A Carmen le decía: "Mamo". Y ella pensó que a partir de ahí iba a ser primera vedette, creyó que pasaría algo de ese estilo. Y Federico la pasaba muy bien con ella y fue una chica a la que quiso mucho. Pero se terminó y se terminó. Entonces, ahora sale a hablar mal de él y otra vez es la misma historia.

-A tu hijo le pasa lo mismo que a vos.

-Federico es una luz. Cuando iba a la primaria me llamaban los maestros y me decían: "Este pibe está perdiendo el tiempo, está para estar dos o tres años más arriba".

-¿Y qué pasó?

-Nada, porque yo me enfermé. Tuve tres veces cáncer de colon. Y después me tuvieron que sacar un riñón... Dieciocho operaciones tuve en forma continuada. Entonces eso influyó mucho en Federico y se vino abajo totalmente. Se emparejó con los demás, dejó de ser un chico precoz. Yo me ocupé muchísimo de él, porque la que trabajaba era Carmen. Mis otros hijos lo llaman el vengador a Fede.

Crédito: Guadalupe Aizaga

-¿Estás conforme, en general, con tu vida?

-Sí, estoy muy solo. Me cocino solo, mal... Pero estoy muy contento. Tuve una vida muy linda. Si tengo que partir ahora, estaría conforme.

-¿Pensás en la muerte?

-Sí, estoy haciendo cosas pensando en eso. Mi cuenta corriente la puse a nombre de mis hijos, por ejemplo. Les compré tres coches nuevos... Empecé a dividir en vida.

-Parecés bastante normal.

Yo no hago un show de mi vida. Caí en eso, lamentablemente. Y mi hijo también.

-Por Carmen...

-Claro, la madre lo agarró del brazo y salió en la tapa de una revista a decir: "Soy cornuda". ¿Qué querés que haga? Carmen es así. Pero con esto se le fue la mano.

-¿Está medicada?

-Mal medicada.

-¿Te dejó en la ruina, como dijiste?

-Quedó todo para ella. Yo lo puse todo a nombre de ella, conscientemente y lo haría de nuevo porque la lógica indica que yo tengo que partir antes. Entonces no quisiera que ella sea una mujer muy grande y tenga que vivir esperando un bolito en televisión. Entonces le dejé las casas, el departamento, todo a nombre de ella. Yo tuve durante todo este año el ingreso por ser autor del espectáculo de Carmen. Y tengo la pensión automática de Argentores que le dan a los que tenemos más de veinticinco obras estrenadas.

-¿Alguna queja, alguna cosa que te falte?

-Me faltan minas. Estoy falto y me gustan mucho.

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