Arte: juego de luces

Seleccionada por Abaseh Mirvali en 2011 para el espacio U-Turn de arteBA y reconocida este año por la Fundación Konex, la artista vuelve a impactar con los misteriosos efectos visuales que logra en sus instalaciones y con las investigaciones sobre el círculo cromático que reflejan sus dibujos sobre papel
Julio Sánchez
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14 de diciembre de 2012  

"Sin pilas, ni cables, ni piedras", dice una señora atónita ante la misteriosa lamparita encendida y apoyada sobre un pedestal. Ahí está, en la galería Vasari, la obra sin título de Karina Peisajovich, una lámpara blanca sin casquillo que la una a alguna fuente de electricidad. La inmovilidad de esta obra contrasta con el ritmo alocado de otra, que sí tiene título, Los amantes, y consiste en dos bombillas de luz blanca colgadas de sendos cables que parten del techo mientras un pequeño motor las hace rotar. El movimiento giratorio es impreciso, a veces las dos andan a la par; otras, una parece seguir a la otra y no alcanzarla; en un momento –explicó la galerista– se chocaron y una se rompió y hubo que reemplazarla por otra. También sucede que, quizá por el excesivo movimiento, una se apaga, mientras la otra sigue iluminando victoriosa.

Es difícil no leer un guiño sutil a la obra del cubano Félix González-Torres: él también usó lámparas curvas y calientes, sostenidas por cables, para desafiar a esos tubos rígidos y fríos de Dan Flavin. En 1987 hizo otra obra, Sin título (Amantes perfectos), dos relojes que se tocan por la tangente, las manecillas de las horas, minutos y segundos comienzan a correr al mismo tiempo, hasta que con los meses, la batería de un reloj pierde fuerza y la paridad desaparece.

También en Los amantes de Peisajovich está presente ese movimiento circular como metáfora del vínculo; no hace falta aclarar nada más, la descripción de la obra bien puede ser la de una pareja. La figura de la lámpara se repite tres veces más, apoyada en una superficie, en cemento, yeso y mármol; yace ahí como un figura reclinada, esperando ser venerada, hasta podría decirse que es la maqueta para un "monumento a la luz", ya que estas lámparas no son reales sino representaciones de aquella otra que sí ilumina.

Gradient II, lápiz sobre papel, 2012
Gradient II, lápiz sobre papel, 2012 Crédito: Gentileza Vasari

La opacidad de las tres es visible por obra de la luz ambiente de la galería (mezcla de la luz solar que se filtra por la ventana del frente y de las luces artificiales del recinto). Se instala entonces el juego paradojal de la representación de la lámpara que no ilumina pero es iluminada. La lámpara representada condensa la luz que habitualmente no atendemos, ésa en la que nos sumergimos, del mismo modo en que no atendemos la respiración ni el aire que nos rodea.

Otro grupo de obras están concebidas sobre el soporte tradicional del papel. Continúa una serie de investigaciones que Peisajovich inició hace unos años sobre el círculo cromático. Esta vez los colores están menos saturados, se logran con el pigmento y no se ven en el arcoíris natural o en la refracción del haz lumínico.

Las investigaciones sobre la luz son también sobre el color. Más allá de esta secuencia de luz

color, materialidad/inmaterialidad, se abre una nueva perspectiva: la de iconismo/aniconismo. La reflexión sobre la luz adquiere una dimensión cotidiana en la lámpara real y una dimensión simbólica en la representación en tres materiales (de connotaciones diferentes); ahora bien, una vez que desaparece el ícono de la bombilla, la artista echa mano de la superficie de color pura sin ninguna referencia figurativa (aniconismo).

Este par de conceptos provocó múltiples discusiones acerca de la superioridad de las culturas monoteístas que prescindían de imágenes, como una forma de pensamiento abstracto más elevado. No es que la artista reavive la discusión, pero de una u otra forma pone en escena un antagonismo que no parece tener fin en el arte.

FICHA : Totalmente, tácitamente , de Karina Peisajovich en Vasari (Esmeralda 1357), hasta hoy

Adn PEISAJOVICH

Buenos Aires, Argentina, 1966

Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en el taller de Ahuva Szlimowicz. Participó en residencias para artistas, como la Beca Kuitca en Fundación Proa (1994-1995); ART OMI, Internacional Residency Program, NY (1999) e Internacional Studio and Curatorial Program, NY (2002). En 2011 expuso en el espacio internacional U-Turn de arteBA y en 2012 recibió un Diploma al Mérito de la Fundación Konex en la categoría Instalación.

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