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El cielo y el infierno

Minimalista alucinógeno, Julián Terán demuestra en la galería Nora Fisch su talento para conciliar opuestos
Daniel Molina
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21 de diciembre de 2012  

En su libro La estructura fractal de la naturaleza (Tusquets ha publicado la versión castellana), Benoît Mandelbrot propuso el nombre de fractal para los objetos geométricos cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. Los objetos fractales son demasiado irregulares para ser descriptos en términos geométricos tradicionales y, además, se componen de copias más pequeñas de la misma figura. Es decir: el fractal se forma con fractales; y esas copias son similares en todo al conjunto mayor, salvo por el tamaño. Además de los objetos puros de las matemáticas, también hay fractales naturales: las costas de los fiordos, por ejemplo. Los fractales naturales no son exactamente iguales a los matemáticos, ya que en los naturales las similitudes son estadísticas y sólo ocurren en algunos rangos de escala.

Los dibujos de Julián Terán (La Plata, 1977) semejan representaciones cimarronas de fractales naturales imaginarios. Cimarronas porque, más que producir fractales, parecen rimas de terrenos que no existen, como barrancos o valles que no terminan de conformarse. Como se puede ver en su muestra Intermedio impenetrable , sus dibujos son también anamorfosis que generan figuras que mezclan lo geológico con lo animal. Lo blanco y lo negro. Lo vivo y lo muerto. El cielo y el infierno.

Terán apuesta al dibujo a mano alzada. En las obras que presenta en esta muestra utiliza tinta negra sobre tela y papel blancos. En el mural de 9 metros de largo (titulado Ashes in the Air) que realizó sobre una de las paredes del Mamba, usó grafito. Es un minimalista alucinógeno. Con elementos mínimos (mucho más blanco que negro, grises creados por la asociación del fondo y el trazo), produce, más que objetos, sensaciones.

En la página web Bola de Nieve, Terán ha definido con precisión su método de trabajo: "Creo la imagen con un software para generar topografías de terreno, pero previo a eso trazo las formas o concavidades que quiero crear sobre una cuadrícula numerada en los ejes cartesianos; los datos con las altitudes de cada punto de cruce son ingresados en la computadora para generar la imagen; luego de algunos retoques con otros programas transfiero las líneas guía del dibujo al papel y continúo agregando líneas hasta lograr la densidad que deseo. El resultado final tiene poco que ver con el origen digital de la imagen. El pulso vivo del trazo a mano alzada se hace muy presente. Sólo el curvarse de las líneas y su proximidad genera los abultamientos o hendiduras, con zonas de mayor o menor densidad, creando zonas oscuras o de luminosidad. Me interesa la idea de la superficie como manto, las posibilidades de lo que puede estar debajo. Como las venas se evidencian debajo de la piel. Las marcas y heridas de esa piel que puede ser desgarrada y revelar lo oculto".

Entre el plano digital y el dibujo final hay una transformación alquímica: la mano de Terán aporta una sensualidad que pasa inadvertida en la minuciosa descripción de su método. En sus dibujos actuales hay también un juego de ilusión óptica: de lejos vemos leves libélulas, apenas sugeridas en una vibración desintegrante. Al acercarnos descubrimos una topografía fracturada que si bien sobre el papel es finita parecería no tener límites (fractal proviene del latín fractus : quebrado o fracturado).

Además de las libélulas-topografías (obras tituladas Hálisos I , II , III y IV ), en Intermedio impenetrable se ven dos dibujos que parecen inspirarse en la piel traslúcida que las serpientes cambian cada tanto. Esa piel abandonada parece, a la vez, ser una cadena montañosa que rodea lagos. Todo en Terán muestra algo más. Ese algo más es un desborde: tratar de descubrir que hay detrás de lo visible. ¿Qué nos esconde el mundo? Tal vez nada. Como nos lo muestra la serpiente: lo más profundo que tenemos es la piel. Pero para descubrirlo debemos abandonar lo que tenemos y transformarnos en otros.

  • Ficha. Intermedio impenetrable, dibujos de Julián Terán en Nora Fisch Arte Contemporáneo (Güemes 2967, PB), hasta fin de mes
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