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Ejecutar cambios contra reloj

Claves para diseñar una estrategia-país exitosa en la competencia económica global
Félix Peña
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2 de enero de 2013  

En un mundo de profundos cambios como el actual, tres observaciones pueden ser útiles a la hora de encarar una estrategia-país que aspire a una inserción exitosa en la competencia económica global.

La primera es que para nuestro país la OMC es mucho más que la Rueda Doha. Es un bien público internacional que tiene un valor fundamental en el objetivo de asegurar una razonable gobernanza global. Permite ordenar la competencia entre las naciones interesadas en lo que las otras pueden ofrecer o demandar en bienes y servicios. De allí que el camino ya iniciado hacia la Novena Conferencia Ministerial que tendrá lugar en Bali, Indonesia, en diciembre próximo, genera la oportunidad de enriquecer la actual agenda de la OMC, con medidas que tiendan a facilitar el comercio mundial; a estimular la conexión estable entre los distintos mercados; a desarrollar las capacidades que permitan a los países en desarrollo participar activamente en el comercio mundial, y a fortalecer la transparencia y las necesarias disciplinas colectivas.

Otro objetivo prioritario en la agenda 2013 tendría que ser el de asegurar efectivas disciplinas colectivas que permitan neutralizar tendencias a una erosión sistémica de la OMC.

La percepción de que resulta difícil imaginar avances rápidos en las negociaciones de la Ronda Doha está incentivando el desarrollo de nuevas modalidades de acuerdos entre grupos de países, muchas veces orientadas a lograr objetivos en el plano del comercio y de las inversiones que vayan más allá de lo que se ha alcanzado –o se pudiera alcanzar– en el ámbito de la OMC.

El problema es que la proliferación de nuevos "clubes privados" del comercio internacional, que son la resultante de los acuerdos preferenciales, todo ellos con un alcance discriminatorio para los países que no son miembros, aunque sí lo sean de la OMC, podría precisamente acentuar la fragmentación del sistema multilateral del comercio mundial. La consiguiente erosión sistémica podría tener incluso connotaciones geopolíticas, especialmente en algunas regiones más sensibles a conflictos y tensiones. Es una de las preocupaciones que genera, por ejemplo, el Transpacific Partnership, cuya negociación está siendo impulsada con entusiasmo por Estados Unidos.

La segunda es que la densidad y calidad de la conexión entre los mercados es fundamental para el comercio internacional. Lo ha sido así desde la época de las rutas de la seda. Es por cierto la conectividad física. Pero lo es también la económica, legal e institucional y, en particular, la cultural, visualizada ésta como la capacidad para entender costumbres, valores y preferencias de aquellos con quienes se aspira a comerciar. La pérdida relativa de la importancia de los aranceles como factor que incide en las transacciones comerciales internacionales, acrecienta la relevancia de otras medidas, incluyendo por cierto las relacionadas con los servicios, las compras gubernamentales y, sobre todo, la propiedad intelectual.

Y, finalmente, la tercera observación es que existe una tendencia creciente a fragmentar la producción en múltiples países a través de cadenas globales de valor.

"Hecho en el mundo" es un concepto instalado por la OMC como forma de reflejar las nuevas modalidades de articulación productiva transnacional. Ellas tienen un impacto fuerte en las estadísticas del comercio internacional (¿cómo captar el valor agregado que un bien que llega al consumidor tuvo en los distintos países que efectuaron aportes para su elaboración?); en las propias estrategias empresarias (¿cómo se inserta una empresa en las redes que generan bienes y servicios para muy distintos mercados?), y en las políticas comerciales externas de cada país (¿cómo evitar medidas que desestimulen inversiones productivas en función del desarrollo de cadenas de valor transnacionales?).

Lo que deja 2012

Acercamientos y deudas comunes

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