Santiago Siri: "Los jóvenes no solamente tenemos voluntad de cambio, sino también el poder"

Emprendedor exitoso en Internet, a los 29 años apuesta a la "ebullición creativa" de la Web e imagina un futuro en el que el software amplíe y mejore la participación democrática
Luciana Vázquez
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6 de enero de 2013  

Los abogados son los hackers del sistema político de ayer, sostiene. Los hackers de Internet de hoy son la esperanza de la democracia del mañana, afirma. Los jóvenes de verdad, jura, habitan en las redes sociales. Axel Kicillof no es uno de ellos, desafía: usa camisas "que parecen de Sandro" y lleva patillas de otra época. La Cámpora atrasa 40 años. Vivimos en una democracia estancada. Es necesario reescribir sus reglas al ritmo de los bytes de Internet, dice.

Santiago Siri habla con argumentos de lo que conoce como pocos: la nueva realidad en red y sus posibilidades futuras.

En sólo una década de juventud fundó una decena de emprendimientos en Internet. A los 18, se animó con su propia compañía de videojuegos. A los 29, lidera la pata argentina del Grupo 42, una empresa de tecnología dedicada a la minería de datos en Internet. El Foro Económico Mundial lo eligió en 2012 Global Shaper , una distinción para jóvenes de menos de 30 años que están contribuyendo a delinear el futuro. Su biografía es casi un cliché de Internet: como Steve Jobs o Bill Gates, fue un mal alumno en el colegio -el St Brendan's College, una escuela privada bilingüe- y desertor de la carrera universitaria, Ingeniería, en el ITBA.

Siri es un producto ciento por ciento argentino, de igual manera que sus proyectos, hechos a la vuelta de la esquina, en un PH en el corazón de Palermo Hollywood en el que hablamos del destino posible de una Argentina conquistada por Internet.

-¿Es posible pensar globalmente desde Argentina en un sector de vanguardia como el de Internet? ¿O el contexto y la agenda argentina, que insiste en la coyuntura y la oposición kirchnerismo-antikirchnerismo, pesa demasiado?

-Las nuevas generaciones se están conectando a través de las redes de una forma totalmente global y nueva, mucho más fresca y con una percepción de la realidad que cada vez tiene menos resonancia con lo que dicen los medios tradicionales. Elegir los followers es como cultivar un árbol bonsái: uno le va cortando ramitas que lo aburren y va sembrando temas que le interesan. En Twitter cada uno se crea el prisma para mirar el mundo y construye su sentido. Pero lo que me interesa más del fenómeno de las redes sociales no es tanto las ideas que se debaten como las dinámicas detrás de las ideas.

-¿A qué te referís?

-Hay toda un disciplina que está emergiendo cada vez con más fuerza, que viene de la biología, pero que también tiene mucho de informática, que es la memética. Un meme es como un virus pero en lugar de contagiar información genética replica esa misma dinámica epidémica en el flujo de la información. El hashtag , por ejemplo, o las imágenes compartidas en el muro de Facebook.

-¿Esta lógica es la nueva tierra de oportunidades en Internet? Ya no es la idea de la burbuja del 2000, eso de hacer plata con lo tradicional llevado a Internet?

-Concebir Internet con mentalidad del almacenero que quiere hacer plata es una interpretación muy burda. Internet y la economía del conocimiento implican un cambio muy profundo en relación a lo que genera valor en la sociedad. La economía basada en lo industrial, la economía del siglo XIX o XX, buscaba fundamentalmente ser eficiente porque los recursos eran escasos y la escasez requiere eficiencia. Pero en Internet no hay recursos escasos. Al contrario, hay abundancia de información, por ejemplo.

-Abundancia de información y de conexión.

-En un mundo de abundancia de información lo que agrega valor es la construcción de sentido. Es lo que hacen las compañías de minería de datos sobre las redes sociales. Hoy hay más de 200 millones de usuarios activos todos los meses. Esos son miles de millones de mensajes todos los meses, conversaciones, una montaña de datos monstruosa.

-Me interesan dos hitos de tu biografía para pensar los caminos que conducen a esta mirada tan orientada hacia el futuro: fuiste un mal alumno en secundaria y abandonaste la universidad.

-Sí, cumplí con esos clichés de los emprendedores de Internet. Era una buena educación, pero el sistema académico con la idea de la autoridad que te baja línea no tenía que ver conmigo. En el colegio me quedaba dormido en clase, pero me podía pasar hasta las cinco de la mañana en Internet aprendiendo a programar, relacionándome a partir de las ideas y no desde las limitaciones sociales, desde el lugar geográfico o cultural donde nací. Creo que la curiosidad, seguir el instinto, está por encima de la razón. [Steve] Jobs decía que el instinto es una voz que viene del futuro, que ya sabe qué es lo que querés. Ese respeto al instinto es algo muy inherente a los buenos grandes emprendedores.Está el emprendedor que valoriza el negocio y está el emprendedor que valoriza las ideas. Yo prefiero ser y rodearme de emprendedores que valoricen las ideas.

-¿Jobs era emprendedor de ideas o de negocios?

-No comprendemos del todo el tipo de destreza que tenía Jobs, pero entendió cómo bajar la barrera de acceso a la tecnología con la interfaz gráfica; basta de interfaz de texto. Jobs entendió cómo la visión de un científico puede explotar o "disrrumpir" en la sociedad.

-Te referís a ese cruce entre la tecnología y las humanidades que comenta Walter Isaacson en la biografía de Jobs.

-Exacto. Ese cruce está ocurriendo con las redes sociales y con la ebullición creativa que permite una computadora. Van a surgir miles de Leonardos. Hoy entendemos que no es que el negocio es una cosa, el arte es otra y la ciencia es otra, sino que son los tres partes del mismo misterio.

-El incentivo oficial a carreras de ciencias exactas e ingeniería, ¿es importante?

-Es importantísimo. Yo no soy para nada un role model por haber dejado la universidad. Al contrario, envidio sanamente a amigos míos que han podido hacer doctorados en Harvard o el MIT porque es un camino espectacular para el que realmente tiene una voluntad de hacer carreras formativas de ese estilo. Yo no encajo en el mundo académico. Yo me formé en red. Pero hay grandes emprendedores con una formación académica notable.

-¿Hay muchos emprendedores como vos en la Argentina, que hayan fundado empresas sustentables y de avanzada en Internet?

-Hay algunos. Menos de diez.

-Poco en términos de capacidad emprendedora de vanguardia de un país. ¿El Estado tiene algún rol en el crecimiento de un sector como este? ¿Qué le pedirías al Estado para que aporte de manera interesante y proactiva?

-Sí, tiene un rol. En Chile, por ejemplo, desarrollaron una política contraintuitiva: en lugar de invertir en emprendedores chilenos, buscaron generar un ecosistema atractivo para emprendedores de afuera para reunir gente con cierto vuelo de ideas. Así como Picasso tenía que estar en París a principios del siglo XX, un emprendedor de Internet tiene que estar en Silicon Valley para entender lo que es la vanguardia de la tecnología. Creo que las escenas son importantes.

-Y es una escena poblada de jóvenes.

-Hubo un despertar generacional muy global a partir del uso de redes sociales. Tenés lo que fue la "primavera árabe", Occupy Wall Street , los indignados en España, los estudiantes en Chile.

-Sí, pero en la Argentina tenés La Cámpora.

-Ése es el alineamiento de un sector de la juventud hacia un sector de la política. Expresa algo sin dudas importante, pero pensar que [Axel] Kicillof es un funcionario joven no tiene sentido. Kicillof sólo es joven a los ojos de Cristina. Es un joven con patillas, una camisa que parece de Sandro y tiene 41 años. Es representante de lo que era la juventud en los 70, no de lo que es la juventud ahora. La Cámpora se inspira en un político que era un presidente en el año 73, hace 40 años. La juventud para mí está en las redes sociales.

-¿Las tomas de colegio te parecen una alternativa constructiva?

-Nunca participé de ese tipo de cosas. De todas maneras, creo que los jóvenes estamos en una frecuencia distinta a la de la sociedad tradicional. El Foro Económico Mundial, por ejemplo: los líderes políticos, los grandes CEO de hoy, empiezan a avivarse de que hay toda una generación sub 30 que se está comunicando por unas vías que desconocen. Los jóvenes de otras épocas -los hippies, los del Mayo Francés- tenían las ideas y las ganas, pero no tenían los instrumentos. Nuestra generación no solamente tiene la voluntad de cambio y el romanticismo inherente a la juventud sino que también tenemos el poder. Poder son las redes sociales. Nosotros las manejamos mejor que nadie.

-Hace poco hablaba con una joven de 18 años que acaba de terminar el secundario. Una chica brillante en matemática, abanderada. Hace dos años empezó a militar y hoy habla de campo popular, referentes, categorías de por lo menos hace 40 años...

-Qué démodé. Para la Argentina son importantes tipos que están pensando teoría política, propiedad intelectual en núcleos de pensamiento en Stanford, en Silicon Valley. Tenés un Richard Stallman, un tipo muy escuchado que tiene ideas interesantísimas sobre la generación de valor a partir del software libre. También hay mucha gente en el ámbito más hacker . Entiendo que hackear es una virtud. Hackear es tomar un dispositivo para ver cómo funciona por curiosidad y por goce intelectual.

-¿Cómo se relaciona con la participación política?

-La cultura hacker describe sistemas. Y vivimos inmersos en sistemas, el sistema político, el estatal, el capitalista, que fueron generados en el siglo XIX a partir de tecnologías de la información del siglo XIX: la imprenta. En cinco siglos la imprenta se sofisticó y así llegó el papel moneda y las acciones, el concepto de compañía basada en acciones. La sofisticación de una tecnología de comunicación como la imprenta permitió los medios de producción modernos, como la empresa. Y después la imprenta permitió la estructura del Estado nación a partir del código civil, el código penal y de la Constitución como sistema operativo.

-Entiendo: la imprenta como medio de fijación de sentidos.

-Y es fantástico. La imprenta disrrumpe cultura, economía y política como ninguna otra. Pero es una tecnología de información de hace cinco siglos atrás. Ya no sirve más porque la realidad de hoy es mucho más dinámica. Por ejemplo, esta clase política está hecha en un 80 por ciento de abogados, porque el abogado es el hacker del viejo sistema.

-Es cierto: no hay otras profesiones, aparte de militares.

-El abogado es el que entiende cómo manipular el contrato. El contrato tiene términos y cláusulas. Un sistema informático tiene variables y funciones. Uno opera con las ambigüedades del lenguaje y el otro, con un sistema de lógica. El sistema de contratos es decadente en un mundo ágil que se está informatizando.

-¿Cómo se concibe la política desde el Partido de la Red que estás armando?

-El software e Internet nos hacen ser más tolerantes con el otro porque lo que decimos tiene una consecuencia. Un tuit es una unidad de pensamiento y, cuando retuitea, está "sinapsando" en una red de personas. Cada persona es una neurona en ese gran cerebro social. Estamos teniendo en Twitter la conversación más grande de la historia. Ahora queremos darle un cauce a todo eso. Con el Partido de la Red queremos hackear al viejo sistema. El legislador es nuestro troyano [un programa de software que se introduce en otro y lo controla]. Vamos a presentar candidatos a las elecciones legislativas de este año que tienen el compromiso explícito de respetar lo que decide la red.

-¿Es una especie de plebiscito virtual?

-No. Lo vamos a hacer a partir de un software abierto y libre que estamos creando. Un software de pensamiento social. Como cuando [James] Madison se carteaba con [Thomas] Jefferson para discutir cómo sería el software de la República norteamericana. Necesitamos los Jefferson y Madison del siglo XX que entiendan cómo vamos a usar la Red como un sistema de pensamiento social para construir un software y alcanzar lo que nosotros llamamos "democracia en red". Es un híbrido equilibrado entre la democracia directa y la democracia participativa.

-Los militantes políticos como programadores de software.

-Mi compromiso es hacer un trabajo de ingeniería y tender un puente: del click al voto. El ancho de banda de participación de cualquier ciudadano de esta democracia estancada es de un byte al año. Hay que expandir el ancho de banda de participación democrática. Lo queremos hacer hackeando el sistema de una forma elegante, respetando las normas de lo que heredamos y disrrumpiéndolo de una forma sana.

-¿No queda toda una sociedad que vive en condiciones más desesperantes fuera de todo esto?

-Eso es un mito. En Kenya se vendieron 350.000 smartphones en un día. El smartphone llega a lugares donde el Estado no llega y genera un acceso a la información, a la cultura. La idea de que la tecnología es lujo es una estupidez.

-No es un lujo, pero no es igualmente accesible para todos.

-Pero el Gobierno reparte tres millones y medio de computadoras y es algo que hay que aplaudir.

-Algunas voces cuestionan el reparto de computadoras porque no basta: al conocimiento hay que querer tomarlo.

-Obviamente hay necesidades básicas que sólo el Estado puede satisfacer. De todas maneras, hay un montón de soluciones que se pueden encontrar pensando en red. La tecnología, además, tiene bajo costo. En Brasil, el iPhone, que no tiene las barreras aduaneras de acá, sale 100 reales y lo tiene desde el taxista hasta el tipo de clase media alta. Hay que informatizar a la sociedad, hay que hacerla acceder a la última generación de dispositivos para que se anime a pensar como la vanguardia.

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