Comer a oscuras y generar conciencia

Un restaurante itinerante atendido por personas no videntes promueve la integración social. Una experiencia sensorial para derribar barreras
Franco Spinetta
(0)
6 de enero de 2013  

Un enorme colectivo gris transformado en restaurante itinerante atendido por personas no videntes y donde se come totalmente a oscuras. Gallito Ciego Móvil (GCM) es un emprendimiento solidario impulsado por la Asociación Civil Audela para generar conciencia e inclusión social y laboral: la elaboración de la comida y la atención están a cargo de personas ciegas, que reciben y guían a los participantes en el interior del ómnibus.

Luego de varios años ideando este proyecto, el colectivo se puso en marcha en octubre cuando comenzaron a visitar distintas escuelas de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano. Durante la etapa formativa, un grupo de no videntes fue capacitado por el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) para convertirse en los chefs oficiales del GCM. "Nosotros buscamos derribar algunas barreras –dice Mónica Espina, directora y fundadora de Audela–. Muchos no pueden entender que una persona ciega tiene las mismas capacidades, pero quizá tarda una hora en hacer algo que un vidente hace en 15 minutos."

Con esa consigna, el grupo que integra el Gallito Ciego Móvil propuso enfocarse en actividades que involucren, además de empresas y funcionarios públicos, a escuelas primarias y secundarias. "El impacto en los jóvenes es mucho más fuerte porque nos dimos cuenta de que la inclusión depende de las creencias sociales y de ciertos prejuicios que no permiten modificar las perspectivas –señala Espina–. Queremos que los chicos aprendan a respetar las diferencias y vivan una experiencia enriquecedora. En fin, que suban al colectivo de una manera y se bajen de otra."

El clima de trabajo en el colectivo marca el pulso del proyecto: la premisa de todo el equipo –los videntes y los ciegos– es ayudarse mutuamente. Luego del servicio gastronómico, la experiencia del Gallito Ciego se completa con una charla a oscuras entre los comensales y los chefs ciegos. "Los chicos son los que más alucinan porque se dan cuenta de que somos capaces, de que podemos trabajar, y eso es muy importante para que mañana no se repitan las experiencias discriminatorias que hemos atravesado todos nosotros", dice Karina Chediex, una de las cocineras no videntes. Gabriel Ayerza, compañero de Chediex, cuenta que lo que más le sorprende de los chicos son las preguntas que hacen: "Muchas veces me preguntan cómo hago para soñar y qué sueño. Es muy buena la pregunta. Yo les digo que sueño lo que recuerdo porque me quedé ciego a los 23 años, pero que los no videntes de nacimiento sueñan como si fuera un radioteatro".

¿Y los adultos? "Los adultos vienen con la estructura fija, son más parcos, nos preguntan si nos discriminan, si nos sentimos apartados de la sociedad", agrega Ayerza.

El servicio móvil incluye desayuno (torta, muffins, ensalada de fruta y yogur), almuerzo con plato principal (cazuela de pollo y gaseosa) y brownies con helado de postre. "La idea –dice Espina– es que el proyecto ruede, que gire por donde sea necesario. Apuntamos a concientizar y que la gente se ponga un poco en el lugar de las personas que no ven. Lo importante es que todos los que viven la aventura de subir al Gallito Ciego salen muy movilizados."

Más datos : http://www.gallitociegomovil.blogspot.com.ar

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.