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El casino flotante se acerca a puerto

A dos semanas de empezar a operar, el barco es acondicionado cerca de Colonia.
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22 de septiembre de 1999  

COLONIA.- La mole de 90 metros de largo, 22 de ancho y 20 de alto apenas se mueve con las olas del río Uruguay. Es un buque blanco y amarillo con una rueda de paletas roja en la popa, que llegó hace un mes a un puerto cercano a esta ciudad. Lo que para los lugareños es una presencia misteriosa no es otra cosa que el controvertido casino flotante, que, en menos de un mes, estará en condiciones de funcionar en Buenos Aires.

Una decena de empleados trabaja doble turno para acondicionar los tres salones de juego, en donde aún no hay máquinas ni ruletas. Si se cumplen los pronósticos de los directivos de la empresa adjudicataria -y no prosperan los reclamos judiciales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires-, el barco abrirá al público en la segunda semana del mes próximo, con 6 mesas de ruleta, 11 de black jack, 10 de póquer, 3 de punto y banca y 100 aparatos tragamonedas.

Para entrar hoy en el barco hay que hacerlo por una escalera de pintor, hacia una sala que será el vestuario de los empleados. En cambio, cuando el casino flotante sea inaugurado se ingresará por la proa, por medio de una pasarela de madera que comunicará con un salón central iluminado por una araña de dos metros de alto y 77 lámparas, actualmente protegida por un andamio.

Mientras pintores, electricistas y marineros acaban los detalles, la empresa española Cirsa -que ganó la licitación en agosto último- tramita en Buenos Aires la ubicación para que esté amarrado el barco.

Sólo se sabe que no será en Puerto Madero. En el lugar que le otorgue la Administración Nacional de Puertos, la firma deberá construir contra reloj la infraestructura básica para los visitantes: estacionamientos, baños, bares y recepción.

Tres cubiertas techadas climatizadas -alfombras rojas, cortinas verdes en las ventanas, columnas simil mármol y tres arañas ovaladas- albergarán simétricas salas de juego. Hoy sólo se ve allí a un empleado que conecta el sistema eléctrico y otro que instala una de las 120 videocámaras de seguridad que funcionarán en el lugar.

Para el mes próximo está previsto que 2500 personas recorran diariamente esos salones. Esa es la capacidad del buque, que estará abierto de 17 a 5, todos los días. No se decidió todavía cuánto costará la entrada.

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El barco, aún sin nombre y con bandera de los Estados Unidos, llegó desde Nueva Orleans, donde fue construido en 1995. Es una réplica de las tradicionales naves casino que recorrían el Mississippi a fines del siglo XIX.

Sólo partirá, remolcado, hacia el otro lado del río, cuando tenga bandera argentina y esté definido el amarradero donde funcionará.

Entonces llegarán las mesas y las máquinas tragamonedas, mitad de video y mitad a rodillo. Y sólo quedará esperar el clásico "hagan sus apuestas".

Si bien arrancará con 30 mesas, los empresarios esperan llegar a 70 con el correr de los días y sextuplicar la cantidad inicial de tragamonedas.

Cada juego tendrá mesas con cuatro niveles de apuestas. La mínima para ruleta está previsto que será de un peso y la máxima, de 500. Las máquinas electrónicas funcionarán con monedas de 25 centavos en adelante hasta con billetes de 5 pesos.

Los tres salones de juego ya tienen instaladas las barras donde se despacharán bebidas. Hay choperas doradas, máquinas de hielo y pistolas electrónicas que servirán el trago que el barman especifique:hay un código para cada bebida. También están listos los mostradores de mármol donde se venderán las fichas.

Detrás de la primera cubierta estará el restaurante. Las sillas tapizadas de verde y las mesas de madera ya están apiladas en los rincones.

Por una escalera exterior se llega a la segunda cubierta, donde operará el salón VIP, sólo para grandes apostadores. En una oficina contigua se afincará la seguridad del casino: hay 15 televisores y 24 videocassetteras que registrarán todo el tiempo lo que ocurre en cada mesa. De los 200 empleados que habrá a bordo, 50 serán custodios.

Desde el último salón se accede a la cubierta exterior. Un bar con capacidad para 400 personas funcionará a pasos del puente de mando y a 18 metros sobre el nivel del río. En ese lugar, se organizarán fiestas o será el último refugio para los que hayan perdido todo. Allí no habrá mesas ni máquinas; sólo sillas, mesas y botes salvavidas.

La empresa Casino Buenos Aires -formada especialmente por Cirsa- abrió en Buenos Aires una escuela de croupiers, donde entrena actualmente a unos 200 futuros empleados. La mayoría de los que trabajarán a bordo son principiantes. A las mujeres les enseñan a caminar con tacos altos, que serán obligatorios. En total, la firma contratará a 670 personas.

Cirsa, de origen catalán, ganó la licitación llamada por Lotería Nacional, en la que sólo hubo dos oferentes. El gobierno porteño se opone al proyecto y presentó un recurso ante la Justicia.

El canon mensual que recibirá el Estado será, como mínimo, 250.000 pesos más los impuestos. La concesionaria tendrá a cargo el casino por 15 años e invertirá 60 millones de pesos.

Con la posibilidad de apostar alto y en un ambiente lujoso, los operadores del casino flotante apuntan fundamentalmente al público de alto nivel adquisitivo. "Pensamos captar los clientes que viajan a Punta del Este para jugar en el Conrad", explicó uno de los directivos de la adjudicataria.

Para las apuestas fuertes habrá un control especial. Lotería Nacional tendrá personal a bordo y dejará registrada cada jugada superior a los 3000 pesos.

Además, se abrirá un registro de jugadores compulsivos, a quienes se les negará el acceso.

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Y en la costa uruguaya el casino flotante sigue en pleno acondicionamiento. El actual capitán del barco ordena probar los motores. Funcionan perfectamente pese a que el barco estará siempre amarrado. Sus dueños creen que podrían pedir autorización de zarpar para fiestas especiales.

Sólo en contados casos, el "leven anclas" se mezclará con el "no va más".

Controvertida apertura de la sala de juegos

Al mismo tiempo que la empresa española Cirsa adapta el barco donde funcionará el casino flotante, los gobiernos porteño y nacional se pelean por la puesta en marcha de las salas de juego.

El Gobierno de la Ciudad rechazó la instalación del casino frente al río por intermedio del procurador porteño, Ernesto Marcer, quien dictaminó la prohibición de que un barco con sala de juegos incluida funcione amarrado o flotando frente a la ciudad.

Según Marcer, el Ejecutivo local tiene jurisdicción y poder de policía en las aguas ribereñas, por lo que advirtió que si el casino comienza a funcionar será clausurado en forma inmediata.

Lotería Nacional, organismo que impulsó el proyecto, argumentó a través de su vicepresidente, Jorge Lima, que "el gobierno nacional tiene la facultad de habilitar salas de juego y nunca la transfirió a la ciudad, por lo que el casino podrá funcionar sin problemas".

En el medio quedaron los responsables del proyecto.

Voceros de Cirsa dijeron que tienen todo en regla para poner en marcha el proyecto y que se ajustarán a lo que diga la Justicia.

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