La política del miedo y de la violencia sutil

La carta de la Presidenta a Ricardo Darín es un claro ejemplo de las represalias contra quienes osan cuestionar las mentiras oficiales
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10 de enero de 2013  

Por su desmesurada extensión, su larvada violencia y el reemplazo de argumentos y datos por retórica, propaganda e imprecisiones o tergiversaciones, la extensa carta con la que la Presidenta pretendió responder en Facebook los cuestionamientos del actor Ricardo Darín a su enriquecimiento constituye uno de los más completos ejemplos de la sutil violencia que emplea el kirchnerismo para castigar públicamente a quienes osan criticarlo.

Se trata de una política del miedo que tiene varios antecedentes y otras tantas víctimas. Aquel empresario del rubro inmobiliario que achacó al cepo cambiario la abrupta caída en las ventas de propiedades fue denostado y vio violar su secreto fiscal. Integrantes de la Justicia son actualmente blanco de la furia presidencial que se ha abatido, entre otros, sobre la Cámara en lo Civil y Comercial Federal que debe resolver el caso Clarín, y también sobre la propia Corte Suprema de Justicia. Otro tanto ocurre con los medios de prensa independientes.

Es interesante destacar que estas reacciones totalmente desmedidas en las que el Poder Ejecutivo se vale de todo el peso del Estado para imprimirle más potencia a sus ataques, obedecen siempre a observaciones o cuestionamientos -o decisiones judiciales- de tal solidez que esta misma característica es la que muy probablemente desata la ira presidencial.

No sólo no se tolera la crítica, elemental e indispensable en todos los sistemas democráticos, sino que la crítica fundada y prácticamente irrefutable es considerada una agresión y respondida con una fuerza desproporcionada.

Veamos qué ocurrió con Darín. En una entrevista con la revista Brando, el premiado actor expresó que los Kirchner deberían brindar explicaciones sobre su crecimiento patrimonial, al tiempo que también pidió a la Presidenta que reconciliara a la sociedad. Se trata de dos problemas de los que mucho se han ocupado tanto los dirigentes de la oposición como los medios independientes. Sin embargo, sin brindar ningún detalle sobre su asombroso crecimiento patrimonial - lo que pedía Darín-, la Presidenta le replicó empleando un tono formalmente amable: "Usted quería que alguien le explicara. Ya se lo hemos explicado a la Justicia y a peritos de la Corte", y agregó: "Usted mismo fue acusado y detenido por un juez en marzo de 1991 por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados". El actor, sorprendido por la réplica, sostuvo posteriormente que la Presidenta cometió "un grave error", ya que fue sobreseído en esa causa y "el estafado -dijo- fui yo".

Las causas judiciales por presunto enriquecimiento ilícito de los Kirchner fueron cerradas en tiempo récord, o sin apelaciones de los fiscales o con enormes fallas, como la que tramitó hasta el sobreseimiento el ultraoficiliasta juez federal Norberto Oyarbide.

Al pedido de información patrimonial del actor, la Presidenta respondió con el silencio y acto seguido pasó al ataque, brindando una información parcial o desactualizada sobre la causa de Darín que podría equipararse con una mentira o un grave error.

En cuanto al pedido de reconciliación, la Presidenta repitió el mismo esquema. "Disculpe si le digo que soy yo la que me gustaría que explicara qué significa para usted reconciliación (no se sienta presionado o intimidado, si prefiere no hacerlo está en todo su derecho)". Era obvio que Darín se refería a la necesidad de poner punto final a la política del enfrentamiento constante y la intolerancia que lleva adelante el kirchnerismo, pero lejos estaba de imaginar el actor que él sería víctima de esa política. Es destacable el hecho de que la Presidenta se muestra plenamente consciente de la presión que está ejerciendo al sostener casi en forma zumbona que el actor no debe sentirse "presionado o intimidado" y que le cabe el derecho de no responderle.

Se trata de un juego de una fuerte y elemental perversidad que niega lo innegable y bajo unas formas de aparente cortesía encierra una alta dosis de violencia, como cuando Cristina Kirchner le dijo que no estaba peleada con nadie y que lo que existen son "diferencias de pensamiento con respecto al proyecto de país". Esto, tras haber calificado de contrabandista al destinatario de la carta.

El mensaje parece ser claro: a mayor contundencia de las críticas, mayor violencia y arbitrariedad de la réplica presidencial. La política del miedo funciona así, mostrando en cada caso qué le ocurre y hasta qué extremo resultará expuesto y tergiversado quien se anime a cuestionar las mentiras oficiales.

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