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Guillermo Arengo: actuación pura

El actor de Tiempos compulsivos estrena El don de la palabra, con un elenco que incluye a Andrea Politti, Gonzalo Heredia y Sofía Gala Castiglione
Alejandro Cruz
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15 de enero de 2013  

En un bar de la avenida Corrientes, el actor Guillermo Arengo dice: "Creo en los cruces, en eso de atravesar puertas. ¿Ves? En 2007, cuando hice Sucio , junto a Juan Minujín y Carlos Casella, fue como atravesar un arco, como ir de un lugar al otro. Yo venía dándole duro al off del Abasto y ese espectáculo me conectó con otros públicos. De hecho, gracias a esa obra empecé a hacer televisión".

Adrián Suar fue a ver esa obra en la que actuaba él. Tiempo después, Julio Chávez estaba hablando con el señor de Pol-ka sobre Tratame bien , el proyecto que tenían entre manos. Chávez le planteó que quería que su personaje tuviera un hermano. Fue más allá: "Quiero que ese papel lo haga Guillermo Arengo", dijo. Suar parece que puso cara de no saber de quién le hablaban. Chávez parece ser que fue el que aclaró el panorama. "Es el gordo de Sucio ", apuntó. "Es así –reconoce, ahora, el propio Arengo –. Es que como no soy famoso siempre soy el «gordo de...»."

–Como que alguien diga que sos el gordo de Tiempos compulsivos.

–¡Tal cual!

–¿Y no te da para adelgazar?

–¡Sí, pero no puedo! Es más, si pudiera creo que me quedaría sin laburo, porque ya nadie tendría cómo relacionarme.

Así fue como este tremendo actor y director fue sumando nuevos públicos. También, reconoce, necesitaba ese desplazamiento. "Empecé a hacer teatro ya de grande con Daniel Veronese –recuerda–. Si el trabajo que hice con él fue algo bisagra, mi posterior encuentro con Daniel Barone, en televisión, también lo fue. De hecho, después de mi primer trabajo con Barone, Tratame bien , me salió una tira."

–¿Cuál fue?

– Herederos de una venganza . Hacía del mejor amigo de Luciano Castro, el protagonista. Ser el mejor amigo del protagonista es tener una plantilla que dice todo el tiempo: "¿Cómo estás? ¿A dónde vas? No la llames. Tené cuidado. ¿Cómo estás? ¿A dónde vas? No la llames. Tené cuidado. ¿Cómo estás?..." Así estuve quince meses. Herederos ... fue como tener la posibilidad de ver si podía actuar en esas condiciones.

–¿Y pudiste?

–Me fui con pocos goles, no pude parar la pelota. En Tratame bien no tuve muchas escenas para poder aportar algo propio, aunque de esas dos o tres escenas que tuve siento que salió algo.

"Yo soy un tipo de proceso, creo en el presente escénico, necesito sentir que la napa sube, y a todo eso, a ese proceso en una tira diaria, no le encontré la vuelta", dice.

Claro que más allá de lo que él diga, la bola siguió rodando. Una vez –y esto es una historia casi reciente– lo llamó el director Alejandro Tantanian. Durante la charla, le cuenta que Gerardo Romano había dejado su papel en la obra El don de la palabra y le propone reemplazarlo. Él ya sabía del proyecto porque, hace cosa de un año, el mismo Romano había estado unos 20 minutos contándole de la obra. Casualmente, tuvo otra leve aproximación al texto de Andrew Bovell cuando Gonzalo Heredia grabó unos capítulos para Tiempos compulsivos . En esa oportunidad, Heredia también le dijo de la obra que estaba ensayando y él, como cuando se encontró con Romano, le tocó el papel de poner la oreja. Ahora todo eso se trastocó. De hecho, hasta hace pocos minutos y antes de la charla en este bar, estaba repasando una escena de este elogiado texto que se estrenará pasado mañana y en el que comparte escena con un elenco definido por lo ecléctico: Sofía Gala Castiglione, Gonzalo Heredia y Andrea Politti.

Cuando Guillermo leyó El don de la palabra le pareció que el texto proponía algo sumamente interesante a nivel de actuación. Por otro lado, Tantanian fue uno de sus maestros y le daban ganas de trabajar con él. Todo cerraba. Alguien (¿habrá sido el mismo Tantanian?) le debe haber explicado al productor Javier Faroni –el que pone la plata– quién era Arengo. Seguramente, le habrá hablado de su trabajo en Sucio o de su magnífico desempeño en Tiempos compulsivos . Quizá no le contó que es el mismo actor que imprimía una atrapante personalidad en El suicidio, o que es el que debutó con otra obra de El Periférico de Objetos en Berlín, o el que en una pieza de José María Muscari era puro desborde, o que es el que está por dirigir una obra en el Regio junto a Blas Arrese Igor. Quizá ni hizo falta.

Todos esos Guillermos (o la suma de esos desplazamientos sobre diversos territorios de la expresión) ahora intentan tomar vida en el teatro Picadilly, esa sala cuya marquesina se pelea centímetro a centímetro con el bar de abajo en una disputa en la que todos pierden (incluyendo al peatón).

¿Qué es actuar bien? ¿Qué es un buen actor? ¿Alcón? ¿Cómo funciona un intérprete? Todas esas preguntas suelen darle vuelta por la cabeza. A veces responde cosas como ésta: "Un actor es bueno siempre y cuando se le creen ciertas circunstancias que afinen su instrumento. ¿Ves? En Herederos de una venganza creo que desafinaba".

–¿Y en Tiempos compulsivos ?

–Bueno, es distinto. Por lo pronto, es otro esquema de producción y los libros de Javier Daulte marcan diferencias.

–En El don de la palabra estás junto a actores con recorridos muy dispares del tuyo. ¿Qué te pasa con eso?

–Y... estamos ensayando, afinando. Por lo pronto, más allá del texto y de la dirección de Tantanian, siempre me interesó la idea de lo heterogéneo, el hablar otro idioma en otro territorio. Además, durante años, el circuito Abasto pasó a ser un terreno demasiado conocido para mí. Debe ser por eso que me tenés acá, en el Picadilly, tratando de contar un cuentito que está muy bueno, en el que nueve personajes dan cuerpo a una historia de desencuentros, eminentemente coral y con aire de thriller muy enmarañada. Te digo más: creo que de traer al mismo espectador que vino hace pocos días al Picadilly para ver a Baby Etchecopar, seguramente se va a enfrentar a una escena mucho más compleja, en donde la verdad se mueve todo el tiempo.

Las múltiples formas de la actuación

Arengo: actor, director de teatro y dramaturgo

  • TV. En Tiempos compulsivos hace de un adicto a la conectividad (en la real realidad, el mundo Twitter lo supera)
  • Teatro. En El don de la palabra hace de dos seres que se enfrentan al fracaso amoroso (en la real realidad, está en pareja hace 10 años)
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